
Durante más de un siglo, nadie supo con certeza dónde había pintado Vincent van Gogh su último cuadro. Raíces de árbol, una obra inacabada creada apenas horas antes de su muerte en 1890, permanecía envuelta en misterio hasta que, en pleno 2020, un historiador del arte identificó en una vieja fotografía un paisaje real que coincidía con las formas del lienzo.
El hallazgo colocó a un pequeño terraplén en Auvers-sur-Oise, al norte de París, en el centro de una inesperada controversia: ¿quién es dueño de las raíces que pintó Van Gogh antes de morir?
Lo que siguió fue una disputa judicial de años entre el municipio local y una pareja que había comprado la propiedad sin saber que guardaba semejante tesoro visual. Esta semana, la justicia francesa zanjó el conflicto.
Pero lejos de calmar los ánimos, el fallo reavivó preguntas sobre la propiedad del patrimonio cultural, el papel del Estado en su preservación y los límites entre lo público y lo privado cuando se trata del legado de uno de los artistas más influyentes de la historia.
Un juicio por el paisaje de Van Gogh
El reciente fallo del tribunal de apelaciones de Versalles otorgó la titularidad del terreno a Jean-François y Hélène Serlinger, una pareja francesa que en 2013 adquirió una residencia en el número 48 de la calle Daubigny, sin conocer entonces la relevancia artística del entorno.
El punto en cuestión es una pequeña franja junto a la calle, cubierta de raíces visibles, que coincide con el motivo central de Raíces de árbol (1890), uno de los últimos cuadros que Van Gogh pintó antes de suicidarse.

Durante años, la alcaldesa Isabelle Mézières sostuvo que el terraplén debía considerarse parte del espacio público. El municipio argumentó que se trataba de una sección de vía pública utilizada por los habitantes de Auvers-sur-Oise y que, por tanto, debía pasar a manos del Estado local.
Sin embargo, el tribunal determinó que, pese a esa función, el terreno pertenece legalmente a los Serlinger y condenó al Ayuntamiento a pagar 2.000 euros en costas procesales.
El hallazgo detrás de la controversia
El descubrimiento que desencadenó la disputa llegó en 2020, cuando Wouter van der Veen, director científico del Instituto Van Gogh, comparó una postal antigua con la pintura inacabada y logró identificar el punto exacto desde donde Van Gogh habría montado su caballete.
El análisis fue verificado por el Museo Van Gogh de Ámsterdam, que conserva la obra y ratificó la coincidencia entre el lugar físico y el lienzo del artista neerlandés.
La confirmación dio al sitio un nuevo valor histórico y cultural. Hasta ese momento, los Serlinger convivían con esas raíces sin saber que formaban parte de una de las últimas visiones del pintor. El hallazgo atrajo atención internacional, visitantes y expertos al modesto terraplén, generando un interés turístico y académico que transformó el carácter del terreno.

Una defensa pública del paisaje
Lejos de resignarse al fallo, la alcaldesa Mézières manifestó su desacuerdo con la sentencia y anunció que recurrirá nuevamente a la justicia. En un mensaje difundido a través de redes sociales, expresó: “Estas raíces no son una mercancía; pertenecen a los habitantes de Auvers”.
La jefa comunal insiste en que el valor del sitio excede cualquier argumento registral y sostiene que debe considerarse parte del patrimonio colectivo de la ciudad.
El gobierno local había presentado el caso como una defensa del interés general, subrayando que el lugar no sólo está vinculado al legado de Van Gogh, sino que también representa un punto de identidad para la comunidad. Para Mézières, mantener el terreno en manos privadas implicaría limitar su acceso y convertir un bien simbólico en propiedad exclusiva.
La tensión entre lo privado y lo común
La disputa pone en evidencia una tensión recurrente en torno a los lugares de valor artístico o histórico descubiertos en propiedades privadas. En este caso, los Serlinger aseguran que nunca buscaron explotar comercialmente el hallazgo y que su intención fue preservar el sitio con respeto.
No obstante, el conflicto subraya la necesidad de mecanismos legales claros para conciliar derechos de propiedad con el acceso público al patrimonio cultural.
En Auvers-sur-Oise, donde Van Gogh vivió sus últimos días y murió tras una herida de bala autoinfligida, la relación entre arte y territorio sigue siendo tangible. En ese pequeño pueblo, cada rincón puede contener una historia mayor. Y, como acaba de demostrar esta sentencia, hasta las raíces más ocultas pueden convertirse en el centro de una disputa nacional.
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