Un emperador caído, una prisión sin barrotes y una isla donde el tiempo se detuvo: así es Longwood House, la última morada de Napoleón

El exilio en Santa Elena impuso un ritmo apacible y solitario, donde el antiguo líder francés encontró refugio en la naturaleza y en una vida lejos de la gloria y el poder

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Longwood House en Santa Elena
Longwood House en Santa Elena fue la última morada y prisión de Napoleón Bonaparte tras su derrota en Waterloo (Wikipedia)

En el corazón del Atlántico Sur, Longwood House en la isla de Santa Elena fue el hogar final y la prisión de Napoleón Bonaparte. En este remoto paraje, donde residen apenas 4.000 personas, el emperador pasó sus últimos años tras su caída en Waterloo.

Entre los actuales habitantes destaca Michel Dancoisne-Martineau, curador de la mansión. Lleva casi cuarenta años vinculado a la casa y ha sido testigo privilegiado de su historia, según relató a Atlas Obscura.

Después de la derrota en Waterloo, las potencias europeas determinaron que Napoleón debía ser enviado lejos para evitar que escapara de nuevo o fuera venerado como mártir. El temor a una nueva fuga motivó la elección de Santa Elena, aislada a más de 1.900 kilómetros del continente africano. “Es como estar totalmente fuera del mundo, fuera de todo. Aquí no pasa nada. Es muy tranquilo y pacífico”, afirmó Dancoisne-Martineau a Atlas Obscura.

Napoleón llegó a la isla en 1815. En aquel entonces, la población rondaba los 8.000 habitantes. “Cuando vives en un pequeño pueblo de Francia o de cualquier país, puedes tomar un coche e irte. Pero aquí estás atrapado. Te rodea el océano, y en mis días solo llegaba un barco cada dos meses. Ahora hay un avión cada semana”, comentó el curador.

Napoleón vivió en Longwood House
Napoleón vivió en Longwood House rodeado de generales leales, combinando la rutina diaria con introspección y reflexión (Imagen Ilustrativa Infobae)

La vida de Napoleón en Longwood House

Aunque era prisionero, la casa difería de una cárcel convencional. “Si usamos la palabra prisión, entonces no esperas jardines, montar a caballo ni caminar entre los senderos”, observó Dancoisne-Martineau.

En Longwood House, Napoleón mantenía cenas en un gran comedor, tenía mesa de billar y estaba rodeado de generales leales y personal de servicio. Sus días comenzaban con la esperanza de que el encierro fuera temporal.

Esta situación se volvió definitiva en noviembre de 1818, cuando las potencias ordenaron que permaneciera hasta que su “odiosa fama llegara a su fin”. Para Dancoisne-Martineau, esta condena era “una pena mayor que la vida”. Con 47 años, Napoleón empezó a resignarse a una nueva existencia marcada por la rutina y la introspección.

Longwood House preserva la memoria
Longwood House preserva la memoria de Napoleón con mobiliario original y una ambientación fiel a la época de su exilio en la isla (Wikipedia)

Reflexión y jardinería en el exilio

El carácter del emperador cambió notoriamente en sus últimos dos años. “En ese periodo, remodeló totalmente su celda y sus alrededores a través del jardín. Él mismo dijo que quería ser un hombre y nada más que un hombre”, recordó el curador a Atlas Obscura.

La jardinería se transformó en refugio ante el encierro. “Cuando Napoleón estaba en su jardín, mezclaba plantas ornamentales con hortalizas. Para él, el mejor jardín era el que resultaba útil”, explicó Dancoisne-Martineau.

Las largas y silenciosas caminatas por el jardín ofrecían al emperador espacio para la reflexión sobre victorias y derrotas. Uno de sus sitios predilectos era la bañera de cobre, donde pasaba hasta dos horas cada día.

Muerte y legado de Napoleón en Santa Elena

La etapa pacífica llegó a su fin el 5 de mayo de 1821. Napoleón murió en el salón de la mansión, después de sufrir problemas hepáticos, hepatitis y un deterioro intestinal. Actualmente, la casa preserva el ambiente de aquella época gracias a una reconstrucción meticulosa promovida por Francia, mientras algunos muebles y objetos originales se exhiben en museos.

Actualmente, unas 4.000 personas visitan
Actualmente, unas 4.000 personas visitan anualmente Santa Elena, atraídas por el turismo histórico y la tranquilidad insular (Captura/YouTube)

Cada año, de acuerdo con Atlas Obscura, unas 4.000 personas visitan Longwood House. El lugar conserva detalles históricos para quienes deseen recorrer los espacios donde el emperador vivió su exilio.

Santa Elena hoy: aislamiento y turismo

La población local se ha reducido a la mitad respecto a tiempos de Napoleón, con cerca de 4.000 habitantes. “Hoy la gente se va buscando mejores oportunidades. La población está envejeciendo y la tasa de natalidad baja”, señaló Dancoisne-Martineau a Atlas Obscura.

Pese a ello, quienes permanecen valoran la calma y el aislamiento, razones que también atraen a los visitantes. El ritmo de vida allí es “mucho más lento que en el resto del mundo”, afirmó el curador.

Se puede llegar por avión o en los raros cruceros que recalan en la isla. De los visitantes, aproximadamente el 80% son turistas.

La singularidad de Santa Elena y Longwood House radica en su soledad y en el transcurso apacible del tiempo. Recorrer sus jardines permite revivir el silencio y la introspección que marcaron los últimos días de un emperador.