
Alderney, una isla británica en el Canal de la Mancha, fue el escenario de los únicos campos nazis en el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Una reciente investigación liderada por el enviado especial del Reino Unido para Asuntos del Holocausto, Eric Pickles, ha determinado un número de muertes mayor al documentado inicialmente, pero sin encontrar evidencia de un “mini-Auschwitz”.
La isla, que tiene una población de apenas más de 2.000 habitantes, posee una rica historia que se remonta a tiempos prehistóricos. En el archipiélago se han encontrado rastros de antiguos asentamientos neolíticos que dan cuenta de la presencia humana desde hace miles de años. Durante la época romana, Alderney también jugó un papel importante como punto estratégico en el Canal de la Mancha, sirviendo posiblemente como enclave de comercio y defensa.
Pero el periodo más importante en la historia reciente de Alderney ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. En 1940, la isla fue evacuada y posteriormente ocupada por las fuerzas alemanas, convirtiéndola en la única parte del Reino Unido bajo ocupación nazi durante el conflicto. Durante esta ocupación, se construyeron numerosas fortificaciones y búnkeres que transformaron el paisaje de la isla. En la actualidad, estos restos atraen a numerosos turistas interesados en la historia bélica.
En esta época se construyeron tres campos de trabajo forzado y un campo de concentración llamado Lager Sylt. Casi ochenta años después, los vestigios de esa ocupación aún son visibles en Alderney, incluyendo bunkers, muros antitanque y túneles construidos por las fuerzas de ocupación.

Según informó CNN, la investigación ha puesto fin a teorías conspirativas y desinformaciones sobre lo ocurrido en la isla. Pickles afirmó que la falta de registros durante la ocupación nazi había llevado a la aceptación de acusaciones no corroboradas. “Las afirmaciones de asesinatos en masa que en cualquier otro lugar se verificarían cuidadosamente han sido aceptadas a primera vista”, comentó Pickles.
Tras la liberación de la isla al final de la guerra, las cifras oficiales de un estudio post-bélico situaban el número de muertes en 389. Sin embargo, este dato ha sido disputado con algunos estimados que iban desde cientos hasta varios miles. La investigación reciente concluyó que el número de muertes en Alderney probablemente no superó las 1.134, siendo el rango más probable entre 641 y 1.027, según las declaraciones de Pickles.
La isla no cuenta con registros de la época debido a que, a diferencia de otras islas británicas como Jersey y Guernsey, Alderney fue evacuada casi completamente por sus residentes antes de la ocupación nazi. Esto, según Pickles, ha contribuido a la perpetuación de mitos y exageraciones sobre el número de muertos.
Otro aspecto crítico del informe es la denuncia del fracaso en enjuiciar los crímenes de guerra cometidos en Alderney. La investigación reveló que la mayoría de los perpetradores nunca fueron llevados a juicio en el Reino Unido porque el gobierno británico decidió entregar el caso a la Unión Soviética, ya que la mayoría de las víctimas eran ciudadanos soviéticos. El académico Anthony Glees, asesor de Pickles, encontró que hubo una “sucesión de encubrimientos” por parte del gobierno británico, que entregó todos los archivos de evidencia de Alderney a la Unión Soviética el 12 de septiembre de 1945.
Glees sostiene que el gobierno británico debe disculparse por no procesar a los criminales nazis que cometieron atrocidades en su suelo. “Parece increíble que Gran Bretaña, de todos los países, declinara enjuiciar a los criminales de guerra nazis por atrocidades cometidas en suelo británico”, dijo Glees.

Pickles insistió en la importancia de la precisión respecto del Holocausto, afirmando que exagerar el número puede ser tan dañino como subestimarlo. “La exageración juega en manos de los negacionistas del Holocausto y socava a los seis millones de muertos”, afirmó. “En un momento donde partes de Europa buscan revisar su historia a través del Holocausto, las islas británicas deben contar la verdad sin agregados”.
El informe también hizo un análisis de las condiciones extremas en las que se encontraban los trabajadores forzados en Alderney. Las víctimas, compuestas entre 7.608 y 7.812 prisioneros o trabajadores, según la investigación, eran sometidos a largas jornadas de trabajo en condiciones atroces, sufrían palizas, mutilaciones, torturas y, en algunos casos, ejecuciones.
Según la junta de turismo del lugar, los residentes de la isla se reúnen una vez al año en mayo para recordar a las víctimas, hacen actos y uniéndose alrededor de placas conmemorativas (en diferentes idiomas) que nombran a los fallecidos en la isla.
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