
En el River Café, un restaurante en el paseo marítimo de Brooklyn recomendado por Michelin, donde se acuñó el término “pollo de corral”, la langosta se sirve sumergida en manteca con salsa de limón y uva. Brad Steelman, el chef de este establecimiento, insiste en utilizar langosta de las frías aguas de Nueva Escocia, Canadá, para asegurar una cáscara dura y una carne robusta.
El calentamiento global ha empujado las poblaciones de langosta a mares más fríos, lo que provocó que las aguas de Nueva Escocia se conviertan en las zonas de reproducción de langosta más productivas del planeta. Las capturas se han duplicado desde mediados de los años 90, alcanzó noventa y ocho mil toneladas métricas al año, y la demanda mundial se ha disparado. Según informes, Canadá ahora captura alrededor de 1.500 millones de dólares en langosta al año, aproximadamente el triple de la producción de Estados Unidos.

Michael Coury, chef ejecutivo del Palm en Manhattan, también hace hincapié en el sabor de la langosta de Nueva Escocia, la describe como “deliciosa” y con “gran mineralidad”. La preferencia por estas aguas se debe en parte a que las grandes corporaciones tienen prohibido pescar en aguas costeras, limitadas a la pesca en alta mar.
En Nueva Escocia, la mayoría de los pescadores de langosta son independientes. La pesca se realiza a 24 kilómetros de la costa, en aguas donde las grandes corporaciones no pueden acceder. Un lugar clave es la llamada Área de pesca de langosta 34 (LFA 34), que incluye la Bahía de Saint Mary y gran parte de la Bahía de Fundy. Estas aguas han sido dominadas por canadienses, británicos y acadianos, descendientes de emigrados franceses del siglo XVII.

Los Mi’kmaq, el grupo indígena más populoso del Atlántico canadiense, han entrado en conflicto con los pescadores tradicionales por sus derechos de pesca. En septiembre de 2020, Michael Sack, jefe de la Primera Nación Sipekne’katik, anunció la apertura de una temporada de pesca exclusiva para indígenas en LFA 34, basada en antiguos tratados de paz y amistad con la Corona británica. Sack afirmó: “Estamos aquí para defender nuestro derecho”.
Desde la década de 1990, la Corte Suprema de Canadá ha reconocido los tratados de paz que permiten a los Mi’kmaq pescar para “un medio de vida moderado”. Aun así, algunos pescadores como James Nevin, un Sipekne’katik con once hijos, han enfrentado arrestos y confiscación de sus trampas por parte del Departamento de Pesca y Océanos (DFO).

Las tensiones han escalado, con incidentes de violencia e intimidación entre los pescadores mi’kmaq y pescadores foráneos. El 13 de octubre de 2020, una turba atacó a pescadores mi’kmaq y sus propiedades, lo que incluyó el incendio de una furgoneta y un criadero de langostas. Nevin documentó partes del ataque y denunció la inacción policial.
En respuesta a la crisis, el Primer Ministro, Justin Trudeau, pidió calma, reconoció la situación sería difícil de resolver. La histórica caza furtiva y la pesca en zonas restringidas han alimentado las tensiones, exacerbadas por la demanda y los beneficios económicos en juego.
Un factor crucial en esta disputa es la participación corporativa. En noviembre de 2020, un consorcio de naciones Mi’kmaq y Premium Brands compraron Clearwater, la mayor empresa de productos del mar en Canadá, por más de trescientos cincuenta millones de dólares. John Risley, cofundador de Clearwater, comentó que nadie retiraría los derechos de pesca de las Primeras Naciones, lo que beneficiaría a la empresa.

El conflicto entre los pescadores costeros y los Mi’kmaq se centra también en la posible explotación de los derechos de pesca indígenas por parte de las corporaciones. Rick Williams, consultor pesquero, advirtió sobre un “nuevo mundo de neocolonialismo” donde se venden “porotos y baratijas” a las Primeras Naciones a cambio de acceso a recursos.
Terrance Paul, jefe de la Nación Membertou y arquitecto del acuerdo con Clearwater, ha enfatizado que sus comunidades buscan una parte justa del “pastel económico”. Dan Christmas, exsenador de Membertou, dijo que los Mi’kmaq creen en el beneficio colectivo, a diferencia de los pescadores costeros que buscan riqueza individual.
Las disputas actuales han socavado algunos aspectos del consenso entre las bandas Mi’kmaq. En la temporada de langosta más reciente, algunos líderes indígenas, incluido el sucesor del jefe Sack, han criticado la pesca no autorizada y las tensiones con la pesca costera.
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