
En una provincia remota de Indonesia llamada Papúa Occidental, la diversidad cultural y étnica alcanza niveles extraordinarios. Aquí, unas 300 tribus indígenas coexisten, muchas de las cuales todavía no tuvieron contacto directo con el mundo occidental. Entre estas tribus, los Korowai o kolufos, destaca por su singularidad, especialmente por sus tradiciones y estilos de vida que desafían nuestra comprensión moderna.
Los Korowai son una comunidad de aproximadamente 3.000 individuos, divididos en distintos clanes. Experimentaron su primer encuentro con la civilización occidental en la década de 1970 a través de misioneros holandeses. A pesar de la influencia externa, la mayor parte de esta tribu preservó sus costumbres ancestrales, como su notable práctica de construir casas en los árboles o el canibalismo.
Justamente lo que llevó a los Korowai a la atención mundial no es su arquitectura única, sino el canibalismo. Esta práctica era parte de su sistema de justicia, destinada a castigar a aquellos poseídos por demonios malévolos conocidos como khakhua, los cuales causan la muerte de manera misteriosa desde el interior del individuo afectado.
El periodista australiano Paul Raffaele proporcionó un relato detallado de estas prácticas en una entrevista con VICE: “Para los Korowai, si alguien se cae de una casa del árbol o muere en batalla, entonces su muerte es muy obvia. Pero no entienden qué son los microbios y los gérmenes, así que cuando alguien muere de una forma que ellos consideran misteriosa, creen que se debe a los brujos del inframundo llamados khakhua”.

Pero, básicamente, el trasfondo está en que la tribu interpreta y maneja la muerte y la enfermedad desde una perspectiva que carece de un entendimiento de enfermedades. “El khakhua se apodera del cuerpo de un hombre (nunca puede ser una mujer) y se come su interior mágicamente. Según la lógica de la tribu, se debe pagar en especia. Esto significa que deben comerse al khakhua igual que este se comió a la persona que murió. Es la forma de vengarse basada en su sistema de justicia”, explicó Raffaele.
El khakhua, es cocinado a vapor en un horno hecho de piedras y hojas. Además, El cuerpo del humano muerto es separado en partes para cocinar y comer: “Se come todo a excepción del cabello, las uñas y el pene. Los niños menores de 13 años no tienen permitido comer carne humana porque a fin de cuentas están comiéndose al khakhua. Además, hay muchos espíritus malvados merodeando y los niños son muy vulnerables”.
Drew Binsky, un aventurero que viajó a esta región remota, compartió con Daily Star su experiencia entre los Korowai y Momuna, otra tribu local. El viajero, en su relato, dio más detalles sobre la polémica práctica de la tribu.
Binsky señaló que el canibalismo en esta cultura no se practica por placer o valor nutricional, sino como una forma de castigo: “Aprendí que los Korowai no comen humanos por placer o valor nutricional. Es simplemente una forma de castigo. Si robas algo, te comen”.

En la actualidad hay varios guías que tienen buena relación con la tribu y pueden llevar a distintos viajeros que quieran ver en primera persona cómo viven. Aunque muchos de los aventureros tienen miedo de ser comidos o considerados khakhua, es algo que sólo se practica entre los integrantes de Korowai.
Sus casas en altos árboles
Las viviendas arbóreas de la tribu, usualmente erigidas a una altura que varía de 6 a 15 metros del suelo (en ocasiones excepcionales alcanzan los 35 metros), reflejan una distinción de estatus dentro de la comunidad. Cuanto más elevada es la casa, mayor es el reconocimiento y el honor que se le otorga al clan. Estas moradas se asientan sobre las cúspides de los árboles más robustos, para crearlas aprovechan los recursos que ofrece generosamente el bosque para su construcción y ornamentación.
La manufactura del suelo y el techo se lleva a cabo con hojas de palmeras, y para las paredes se emplean tiras de corteza. La edificación de estas casas demanda, por lo general, alrededor de dos semanas, tiempo tras el cual se considera finalizada. En este proceso, si un clan vecino presta su ayuda, se establece un compromiso de reciprocidad. Un ritual de inauguración involucra a todos los miembros de la familia, quienes encienden una fogata dentro de la nueva vivienda como señal de ocupación.
El ascenso a estas casas se realiza a través de troncos tallados a modo de escaleras, sin medidas de seguridad adicionales, por lo que un desliz podría resultar fatal. Las residencias arbóreas pueden albergar hasta 15 miembros, dada la naturaleza polígama de la tribu. Durante el ascenso, se sigue un protocolo específico: los hombres suben primero, seguidos por las mujeres. También se separan por género dentro de la casa.
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