Después de la ola de enfrentamientos violentos registrados en la entidad federativa de Zacatecas, en sus límites con el estado de Jalisco, el gobernador Enrique Alfaro declaró este miércoles que se realizará una “importante coordinación para mantener la presencia de las corporaciones de seguridad de los tres niveles de Gobierno en la zona”.
La frontera entre ambos estados es considerada una zona de guerra entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa. Y es que Zacatecas vive un período de violencia inédita: en las últimas 24 horas se han reportado al menos 21 muertes violentas en distintos puntos del estado.
Alfaro, a través de su cuenta de Twitter, afirmó que se llegó a un acuerdo con el gobierno federal para que tanto el Ejército mexicano como la Guardia Nacional encabecen los esfuerzos “para mantener la tranquilidad en la región”, mientras que la policía de Jalisco vigilará permanentemente el municipio de Huejuquilla el Alto.
“Estos trabajos de vigilancia han podido mantener la calma y haremos todo lo que esté en nuestras manos para que la paz y la tranquilidad permanezcan en esta zona que ya se había convertido en un verdadero riesgo para ambos estados”, dijo.
El narcotráfico es la principal fuente de violencia que afecta a los municipios limítrofes de Jalisco y Zacatecas. Así lo advierten los últimos hechos de violencia en la región.
La ruta de 319 kilómetros de distancia ha sufrido en los últimos meses la desprotección del Estado, y se ha generado el escenario perfecto para que los cárteles invadan los municipios, aumenten los conflictos y la violencia.
Ese es el caso de Valparaíso —una ciudad del estado de Zacatecas, que se ubica en la región centro norte de México—, donde fueron asesinados cruelmente los paramédicos Luis Fernando Montes de Oca Armas y Octavio Chabelo Romero.
Los habitantes del municipio han visto cómo su vida ha dado un oscuro vuelco, pues han tenido que huir y vivir en la clandestinidad a consecuencia de las amenazas sufridas por el narcotráfico.
El 25 de junio las disputas entre los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación dejaron 18 muertos. Según medios locales, la balacera terminó en la comunidad de San Juan Capistrano, cerca del límite con Huejuquilla El Alto, Jalisco.
El medio Mural ha denunciado que los delincuentes operan en un tramo carretero que va desde Huejuquilla El Alto hasta Jesús María, Nayarit, y que también cruza un sector de Zacatecas y otro de Durango, vía que los huicholes utilizan para llegar a sus comunidades, a quienes se llevan a través de una red de caminos revestidos, terracería y brechas.
El primer grupo criminal en asentarse en la entidad fue el cártel de Los Zetas, cuando todavía eran brazo armado del Cártel del Golfo. Tras las captura de sus líderes, los hermanos Miguel Ángel, José, Omar, Alejandro y Ana Isabel Treviño Morales, Los Zetas se fragmentaron en diversas organizaciones: en el Cártel del Noreste —que tiene su base de operaciones en Tamaulipas —y Los Talibanes.
En los últimos cinco años, la lucha que se desató entre estos tres grupos ha mermado en relación al tráfico de drogas, principalmente en el centro de la entidad, lo que ha desatado la violencia e inseguridad. Aunado a esto, el problema se recrudeció con los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación pues ambos buscan controlar la plaza y el tráfico de fentanilo, que tiene un importante auge en los Estados Unidos.
En 2019, el cártel comandado por Ismael El Mayo Zambada se hizo más visible en los municipios de Mazapil, Juan Aldama, Río Grande, Chalchihuites y Sombrerete hasta llegar a Fresnillo. Mientras que el CJNG pactó con el Cártel del Golfo para controlar el territorio en la entidad.
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