
La prevalencia de la cultura Náhuatl sobre el resto de los pueblos originarios ha tenido tal relevancia que se consolidó como uno de los principales símbolos de identidad nacional. La trascendencia, en gran medida, se debe al enorme poderío bélico que desarrolló la civilización asentada en la Cuenca de México a partir de 1428, aunque también destaca la participación de los cronistas que, posteriormente, extendieron el testimonio sobre la fundación de Tenochtitlan.
Si bien no reflejó la delimitación geográfica que caracteriza al territorio el día de hoy, el territorio dominado por el Imperio mexica logró abarcar extensiones tan grandes que fueron limitadas por los océanos Atlántico y Pacífico. Producto de la concepción de sus orígenes míticos, su rol guerrero los impulsó a extenderse por el Cemenáhuac, vocablo que, traducido desde el Náhuatl, significa “el mundo rodeado por agua”.
Aunque la fuerza y la estrategia a la hora de extender el poderío sobre otros territorios fue un recurso de suma importancia, el enaltecimiento simbólico de un pueblo sobre los demás también también fue una pieza clave, en primera instancia, para la asimilación del dominio mexica por parte de los pueblos conquistados y, posteriormente, para la construcción histórica de la nación mestiza.

Con ello, el testimonio mexica trascendió gracias a cronistas como Hernando de Alvarado Tezozomoc y su obra Crónica Mexicáyotl. En ella, por ejemplo, se abordaron los mitos sobre el nacimiento de Huitzilopochtli, máxima deidad en dicha cultura, así como el nacimiento de la señal divina para la fundación de Tenochtitlan donde, de acuerdo con el historiador Eduardo Corona, se entrelazan hechos sociales y míticos.
El primer mito atestigua el nacimiento de la deidad solar, Huitzilopochtli. Al enterarse de los planes de Coyolxauhqui, su hermana mayor, sobre el asesinato de su madre Coatlicue, emergió del vientre y emprendió la cacería de ella y sus 400 hermanos por el cerro de Coatepec. Sus atributos guerreros le permitieron derrotar a la deidad lunar, es decir, el dominio del día sobre la noche simbólicamente.
No obstante, la interpretación social apunta a la escisión al interior del grupo de peregrinos. Al representar la agricultura y ver las bondades que el terreno colindante con el cerro del Coatepec, Coyolxauhqui representó al grupo que decidió asentarse en ese lugar. Con ello, según Corona, dos consejos representados por la agricultura y la guerra entraron en conflicto. De acuerdo con la cosmogonía mexica, los vencedores fueron quienes decidieron avanzar en busca de la señal para fundar la capital del imperio.

De hecho, el establecimiento de dicha señal corresponde al segundo mito. Luego del abandono de Huitzilopochtli a Malinalxóchitl, su hermana menor, en Malinalco, su hijo Cópil intentó tomar venganza. Sin embargo, el propósito fue frustrado por su tío, quien al derrotarlo también ordenó a los sacerdotes que tiraran su corazón en un lugar sagrado entre los tulares.
Conforme a lo indicado en la Crónica Mexicáyotl, de ahí brotaría el nopal de corazones en donde se posaría un águila, es decir la señal de la fundación de la capital. En ese sentido “allí estaremos, dominaremos, esperaremos, nos encontraremos con las diversas gentes, pecho y cabeza nuestros: con nuestra flecha y escudo nos veremos con quienes nos rodean, a todos los que conquistaremos, apresaremos; pues ahí estará nuestro poblado, México-Tenochtitlan”, apunta el documento.
Esa señal, de acuerdo con la Tira de la Peregrinación, puso fin a un andar que se extendió por cuatro fuegos nuevos de 52 años cada uno. Además, el símbolo del águila devorando a la serpiente significó el predominio de los mexicas sobre el resto de los grupos, así como el origen de una historia propia.
Con dicha construcción mítica, el valor político y cosmogónico de Tenochtitlan pudo extenderse por la región y consolidar un dominio que comenzó con la conquista de Azcapotzalco, en 1428, y culminó en 1521 con la caída del Imperio. Sin embargo, su legado se convirtió en la piedra angular de la historia mexicana y ha sido plasmado en símbolos como la bandera nacional.
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