
"La Llorona" es un personaje recurrente de la mitología latinoamericana. Prácticamente todos los países de la región, desde México hasta Argentina, tienen en su tradición oral una historia sobre este ser fantasmal que sale todas las noches a gritar y llorar en la noche por sus hijos.
Se presenta como una alma en pena que asusta a todos aquellos que la oyen gritar o la ven deambulando por los callejones de las ciudades. Si bien su historia cuenta con muchas variantes dependiendo la región, siempre hay una mujer que sufre el peor de los infiernos a consecuencia de haber perdido o asesinado a sus hijos.
El país donde se encuentra más arraigada esta leyenda es México; en cada municipio del país hay un lugar donde esta misteriosa mujer se ha aparecido y la tradición oral la ha convertido en uno de los personajes más característicos de las historias de terror a nivel local.
Existen dos grandes versiones sobre "La Llorona", de las cuales se desprenden todos los demás relatos. La primera, y más antigua de todas las leyendas, data de una época previa a la llegada de los españoles.
La madre de una civilización

Se trata de Chocacíhuatl, la primera de todas las madres que murió al dar a luz. Según cuentan, en el lago de Texcoco flotaban los restos de la mujer y su hijo, quienes por la noche cazaban a cualquier viajero que hubiera perdido el rumbo.
Los indígenas que habitaban la región próxima al lago tenían la creencia de que todo aquel que se encontrara con la presencia de Chocacíhuatl, estaba condenado a la muerte o a una terrible maldición. Al ser objeto de mal augurio, todos los pobladores le temían.
Fray Bernardino de Sahagún, misionero franciscano, contó la historia de Chocacíhuatl en su obra Historia general de las cosas de Nueva España, y ligó al personaje con la diosa Cihuacóatl o Ciuhcóatl (mujer serpiente), quien en la mitología mexica es la deidad que recolecta las almas y protege a las mujeres que murieron durante el parto.
El Códice Aubin, una obra pictográfica que relata la historia del pueblo mexica, cuenta que Cihuacóatl fue una de las dos deidades que acompañaron a los mexicas durante su peregrinación en busca de Aztlán.

De acuerdo con la leyenda prehispánica, poco antes de la llegada de los españoles, Chocacíhuatl emergió del Lago de Texcoco para alertar a su pueblo sobre la llegada de los españoles y la caída del imperio de México-Tenochtitlán.
Los indígenas le aseguraron a Bernardino de Sahagún que por las noches esta mujer gritaba "¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos! Y otras veces ¡Hijitos míos ¿a dónde os llevaré?", en referencia a su intento de salvar a los nativos de la masacre que estaba por venir con la llegada de los conquistadores.
El fraile nombró a la mujer Tonantzin (nuestra madre).
Fray Diego Durán, otro de los evangelizadores españoles, dio cuenta en sus escritos sobre los amargos momentos que pasó el emperador azteca Moctezuma II antes de la caída de su imperio. De acuerdo con su texto, Moctezuma tenía sueños que advertían el fin de su reinado.
Durante la época Colonial, los pobladores hablaban sobre la aparición de una mujer que, vestida de blanco, recorría las calles de la Ciudad de México lamentando la muerte de sus hijos. Con gritos estremecedores, el espectro paseaba por el Templo Mayor, centro dedicado al dios Huitzilopochtli y luego seguía su camino hasta el lago de Texcoco, donde desaparecía.
La mujer indígena que se enamoró de un español

La segunda versión de "La Llorona" hace referencia a una mujer indígena que se enamoró y tuvo un romance con un caballero español. Como fruto de su relación nacieron tres niños, a quienes la madre amaba y protegía.
Tiempo después el hombre abandonó a la joven y se casó con una dama española de alta sociedad. Rechazada por la persona que amaba, la joven se volvió loca y asesinó a sus hijos; algunas versiones señalan que los ahogó en el río, mientras que otras afirman que los apuñaló. Luego se suicidó.
Desde ese día, la mujer deambula por el lago donde se quitó la vida, sin la oportunidad de encontrar paz por su crimen cometido.

Los historiadores han señalado que esta segunda versión de "La Llorona", está vinculada a "La Malinche", quien fue amante de Hernán Cortés y dio a luz un niño mestizo.
En esta versión adquiere una connotación negativa; se vuelve un símbolo de ser "mala madre" ; luego esta versión la refuerza la Iglesia Católica al modificar la historia y condena a la mujer al sufrimiento eterno y a estar vagando por el inframundo.
Con el establecimiento del catolicismo, el mito tradicional se difumina, la mujer ya no sólo aparece en los lagos, sino en plena ciudad, donde vestida de luto, deambula y busca a sus hijos.
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