Súper El Niño: las 5 medidas urgentes que proponen científicos climáticos para preparar al mundo

La propuesta, elaborada por investigadores de la Universidad de Bristol y publicada en la revista médica The Lancet, plantea medidas de prevención ante los posibles impactos sanitarios y sociales del fenómeno climático

Vista satelital del planeta con una mancha roja y amarilla en el océano Pacífico frente a la costa occidental de América del Sur.
Investigadores de la Universidad de Bristol publicaron en la revista The Lancet un plan de cinco medidas para mitigar los impactos sobre la salud ante la llegada de un Súper El Niño. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un eventual Súper El Niño hacia finales de 2026 podría alterar las lluvias, las temperaturas, las cosechas y los sistemas de salud en varios continentes. Como el fenómeno puede anticiparse con meses de margen, un grupo de científicos climáticos viene pidiendo que los gobiernos y los organismos internacionales adopten medidas preventivas antes de que se agraven sus efectos.

La propuesta fue elaborada por investigadores de la Universidad de Bristol y publicada en la revista médica The Lancet. El documento aborda una dimensión que suele quedar detrás de los pronósticos meteorológicos: la forma en que El Niño puede afectar la salud de las poblaciones, desde la expansión de enfermedades infecciosas hasta la malnutrición, la deshidratación y los golpes de calor.

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El llamado coincide con previsiones que contemplan un evento de gran intensidad hacia el cierre del año. Si bien la magnitud final todavía dependerá de la evolución de las condiciones del Pacífico, los autores sostienen que el tiempo disponible debe aprovecharse para reforzar la prevención, sobre todo en los países con mayor exposición y menos recursos para responder ante una emergencia.

El Niño es un patrón climático asociado con el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Ese cambio modifica la circulación atmosférica y puede alterar el régimen de lluvias y temperaturas en lugares distantes entre sí. En algunas regiones aumenta la probabilidad de precipitaciones intensas e inundaciones; en otras, puede favorecer sequías, temperaturas elevadas y dificultades para la producción de alimentos.

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Rescatistas en botes de goma naranjas trasladan a varias personas por una calle inundada rodeada de edificios y vehículos sumergidos.
En algunas regiones aumenta la probabilidad de precipitaciones intensas e inundaciones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los efectos potenciales abarcan América del Sur, Asia oriental, India, partes de África y el Pacífico occidental. Sin embargo, los investigadores advierten que un mismo fenómeno no golpea de igual manera a todos los territorios. La infraestructura urbana, el acceso al agua segura, la fortaleza de los hospitales, las condiciones de vivienda y la situación económica de cada comunidad pueden determinar la dimensión final de los daños.

La autora principal, Ruby Lieber, investigadora asociada en ciencias del clima de la Universidad de Bristol, advirtió que todavía resulta difícil establecer qué parte de los daños sanitarios está vinculada con El Niño y cuál con el cambio climático. “Hay una necesidad urgente y sin precedentes de comprender, medir e identificar mejor los distintos peligros para cada país y cada lugar”, señaló.

El coautor Dann Mitchell, titular de la cátedra Shanta de Salud Planetaria de la misma universidad, sostuvo que se trata de una amenaza previsible. “No podemos permitirnos ignorar este riesgo emergente, que puede tener consecuencias devastadoras, pero anticipables, para comunidades de todo el mundo”, afirmó.

Globo terráqueo centrado en el océano Pacífico y América del Sur con una franja roja y tonos amarillos en la superficie del agua.
La propuesta exige que las Naciones Unidas activen protocolos de prevención sanitaria en cuanto realicen la declaración oficial del fenómeno climático. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para los investigadores, ese margen de anticipación obliga a pasar de los pronósticos a la planificación. Las cinco recomendaciones apuntan a que los gobiernos y organismos internacionales actúen antes de que los efectos climáticos deriven en una emergencia sanitaria, alimentaria o de infraestructura.

1. La ONU debe activar la prevención sanitaria desde la declaración oficial

La primera medida propone que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros organismos internacionales atiendan con urgencia la necesidad de proteger la salud y prevenir enfermedades cuando El Niño sea declarado oficialmente.

El planteo apunta a que esa declaración no quede restringida a un aviso técnico para meteorólogos o autoridades ambientales. Para los autores, debería funcionar como una señal de acción coordinada, capaz de movilizar asistencia, información y recursos hacia los países que podrían enfrentar mayores dificultades.

Dos personas caminan por una calle mojada de la ciudad bajo la lluvia, una con paraguas rojo y otra con paraguas negro, con coches y edificios de fondo.
Los expertos recomiendan implementar sistemas de alerta temprana y articular el trabajo entre las áreas meteorológicas y los ministerios de salud. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una respuesta temprana permitiría, por ejemplo, preparar campañas de prevención de enfermedades, identificar zonas con riesgo de inundación, reforzar la provisión de agua y alimentos y anticipar la demanda que podrían recibir los servicios médicos. El valor de las previsiones no está solo en anticipar el clima, sino en convertir esa información en decisiones que protejan a las personas.

2. Apoyar a los gobiernos para medir los riesgos y activar alertas tempranas

El segundo paso planteado por los científicos consiste en apoyar a los gobiernos nacionales para que evalúen los posibles efectos de El Niño sobre la salud de su población y adopten precauciones antes de que se produzcan los eventos extremos.

El documento incluye entre esas herramientas a los sistemas de alerta temprana. Estas redes permiten informar con anticipación sobre lluvias intensas, crecidas, períodos de calor extremo o escasez de agua, y dan margen para organizar evacuaciones, reforzar hospitales o comunicar medidas preventivas a la población.

Vista aérea de una costa montañosa junto a aguas turquesas y una densa pared de nubes blancas sobre el océano Pacífico.
La investigadora Ruby Lieber sostiene que determinar las diferencias entre los efectos de El Niño y el cambio climático optimiza las respuestas estatales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La propuesta también contempla mejorar la coordinación entre áreas que suelen trabajar por separado. Los pronósticos climáticos requieren conexión con los ministerios de Salud, los servicios de emergencia, las autoridades locales, las redes de agua y saneamiento y los organismos responsables de la producción alimentaria.

3. Ampliar los estudios que distingan el impacto de El Niño y el cambio climático

La tercera medida reclama ampliar los estudios que permitan establecer cuánto influyó El Niño en un evento concreto y cuánto se explica por el calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Ruby Lieber señaló que la cantidad de personas afectadas por desastres climáticos está muy vinculada con el ciclo de El Niño. Aun así, indicó que todavía existe poca información para determinar con precisión qué proporción de la carga sobre la salud se debe al fenómeno y cuál al cambio climático.

Esa diferencia tiene consecuencias prácticas. Si se conocen con mayor exactitud las causas de una inundación, una sequía o una ola de calor, las autoridades pueden diseñar respuestas más ajustadas a las necesidades de cada lugar. Un territorio con riesgo de crecidas puede requerir obras de drenaje y vigilancia epidemiológica; otro, reservas de agua, apoyo alimentario y planes específicos para proteger a las personas expuestas a temperaturas elevadas.

Peatones con paraguas caminan bajo la lluvia a la izquierda y un hombre con chaqueta roja camina por una acera seca a la derecha.
El plan promueve el monitoreo continuo de enfermedades infecciosas, deshidratación y problemas alimentarios durante toda la evolución del fenómeno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Separar los efectos de El Niño de los del calentamiento global permitiría definir acciones más específicas para cada país y cada emergencia, sostienen los especialistas.

4. Revisar de forma constante los daños sobre la salud

El cuarto punto del plan propone un seguimiento continuo de las consecuencias sanitarias asociadas con El Niño. Los investigadores consideran que no alcanza con analizar el impacto cuando el fenómeno termina: los riesgos deben observarse durante toda su evolución para detectar cambios y vacíos de información.

Las alteraciones de la temperatura y las lluvias pueden favorecer la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos u otros vectores. También pueden afectar la seguridad alimentaria, dificultar el acceso al agua potable y aumentar los cuadros vinculados con el calor, como la deshidratación y el golpe de calor.

Mapa del océano con zonas rojas y azules de temperatura, ciclones nubosos, lluvia y flechas que indican corrientes.
La evaluación de costos y efectividad busca que las naciones con recursos limitados prioricen las obras e intervenciones sanitarias más eficientes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Niño puede aumentar el riesgo de enfermedades infecciosas, malnutrición, deshidratación y afecciones relacionadas con las altas temperaturas, aunque la intensidad de esos impactos depende de las condiciones locales. Por ese motivo, el monitoreo requiere datos actualizados de salud, clima, disponibilidad de alimentos y capacidad de respuesta de los servicios públicos.

5. Evaluar qué medidas reducen más daños con los recursos disponibles

La quinta recomendación es analizar el costo y la efectividad de las medidas de prevención y respuesta. El documento menciona los sistemas de alerta temprana, el fortalecimiento de la capacidad hospitalaria, las defensas urbanas frente a inundaciones y las políticas destinadas a mejorar la resiliencia de los sistemas alimentarios.

El objetivo es que los países puedan priorizar intervenciones con resultados concretos, en especial donde los recursos son limitados. Preparar centros de salud, ampliar la vigilancia de enfermedades, sostener reservas de alimentos o proteger barrios expuestos a crecidas implica inversiones que pueden resultar difíciles de afrontar en contextos de vulnerabilidad económica.

Carretera de asfalto cubierta por agua con lodo, vegetación en los costados, montañas al fondo, cielo nublado y una señal de tránsito amarilla.
El académico Dann Mitchell señala que la previsibilidad del fenómeno ofrece un margen de tiempo clave para fortalecer la preparación antes de la emergencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por eso, los expertos piden una mayor coordinación entre investigadores del clima y de la salud, financiadores, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sistema de Naciones Unidas, el Banco Mundial y organizaciones no gubernamentales. La propuesta plantea que el apoyo internacional debe llegar antes de que la emergencia obligue a responder con recursos insuficientes.

El pronóstico ofrece margen para actuar antes de la emergencia

El sentido del plan es aprovechar el período de anticipación que ofrece El Niño para implementar estrategias de adaptación antes de que los impactos alcancen su punto más crítico.

Los investigadores no afirman que cada episodio de El Niño derive de manera inevitable en una catástrofe. Su planteo es que la previsibilidad del fenómeno abre una oportunidad para reducir daños que, sin preparación, podrían ser mayores. Los próximos meses serán determinantes para saber si las advertencias climáticas se traducen en planes de salud, infraestructura, alimentos y asistencia para las poblaciones más expuestas.

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