
El auge de la inteligencia artificial generativa (IA) ha transformado los planes climáticos de las principales empresas tecnológicas.
Gigantes como Google, Microsoft y Amazon, comprometidos con metas de neutralidad o negatividad en carbono para 2030, ahora enfrentan un nuevo desafío, asegura Fortune.
La creciente demanda de energía causada por la expansión de centros de datos necesarios para entrenar y operar modelos de IA como GPT-4 de OpenAI y Gemini de Google.
Según estimaciones de la banca de inversión Goldman Sachs, para finales de esta década las granjas de servidores consumirán hasta el 8 % de toda la electricidad en Estados Unidos, frente al 3 % registrado en 2022; este aumento está presionando las redes eléctricas del país y complicando las promesas climáticas del sector tecnológico.
La energía nuclear: de fuente polémica a solución viable
Para cumplir sus compromisos de cero emisiones, las tecnológicas encontraron una nueva aliada en la energía nuclear, una fuente tradicionalmente controvertida en Estados Unidos.
Durante los últimos meses, estas empresas han firmado acuerdos clave para desarrollar reactores nucleares de última generación y reactivar instalaciones previamente desmanteladas.
- Google estableció una alianza con la empresa de ingeniería Kairos Power para construir reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés) que estarán operativos entre 2030 y 2035.
- Amazon lideró una inversión de 500 millones de dólares en X-energy, empresa que planea implementar SMR en un proyecto en Washington hacia 2031.
- Microsoft, por su parte, trabaja con la empresa de energía Constellation Energy para reactivar un reactor en la planta de Three Mile Island, una instalación emblemática en Pensilvania.
Estos movimientos buscan aprovechar las ventajas de la energía nuclear: una huella de carbono casi nula y una disponibilidad energética continua, ideal para alimentar centros de datos y soportar la creciente electrificación de vehículos y sistemas de calefacción.
Obstáculos y críticas

El renacimiento nuclear en Estados Unidos no está exento de desafíos. De los 94 reactores activos en el país, solo cuatro se construyeron en las últimas tres décadas, debido a la oposición pública motivada por preocupaciones de seguridad y la gestión de desechos radiactivos.
Además, el sector enfrenta una dura competencia de las energías renovables, cada vez más accesibles económicamente.
Una pieza central en esta estrategia son los reactores modulares pequeños. Aunque prometen procesos de construcción más rápidos y costos potencialmente más bajos, su tecnología sigue siendo mayormente experimental.
Aún no hay SMR operativos en Estados Unidos, y expertos como David Schlissel, del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, cuestionan la viabilidad financiera y técnica de estos proyectos.
A nivel legislativo, sin embargo, el respaldo es evidente. La reciente aprobación de la Advance Act en Estados Unidos promete agilizar los procesos de autorización para nuevos reactores, reduciendo el tiempo y el costo asociados.
¿Solución temporal o cambio estructural?
A pesar de las críticas, las grandes tecnológicas ven en la energía nuclear una respuesta estratégica ante la creciente demanda de electricidad.
Bobby Hollis, vicepresidente de energía de Microsoft, señala que el panorama energético actual beneficia a la industria nuclear. Pero también se muestra optimista sobre las energías renovables a largo plazo, destacando los avances en almacenamiento energético que podrían permitir una oferta continua las 24 horas.
El debate entre renovables y nuclear no se limita a cuestiones tecnológicas o económicas, sino que también refleja una lucha por definir el futuro energético global.
Por ahora, parece que las grandes tecnológicas no pueden permitirse ignorar ninguna opción, mientras intentan equilibrar su rápido crecimiento con un compromiso cada vez más urgente con la sostenibilidad.

El resurgimiento de la energía nuclear como un actor clave en la estrategia energética de las tecnológicas es un reflejo de los dilemas actuales en la transición hacia un futuro de cero emisiones.
A medida que estas empresas avanzan en proyectos ambiciosos, el éxito o fracaso de sus alianzas nucleares podría redefinir el panorama energético en las próximas décadas.
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