
Propecia es el nombre de fantasía de la versión de finasteride que comercializa la farmacéutica Merck. En dosis de 1 miligramo, es una de las drogas más vendida para combatir la caída del cabello. Y tiene al cliente más poderoso del mundo, Donald Trump, según reveló el médico personal del presidente estadounidense.
Merck también produce Proscar, un importante medicamento para combatir enfermedades de la próstata, que es básicamente finasteride en dosis de 5 miligramos. En cualquiera de sus versiones, esta droga está asociada a peligrosos efectos secundarios. Según un artículo publicado en The Washington Post por el urólogo Daniel Marchalik, del Hospital MedStar Washington, puede producir disfunción sexual y profundas alteraciones psíquicas.
Esos efectos no deseados llevaron a la FDA, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos, a exigir que Propecia y Proscar incluyan en sus etiquetas una leyenda que advierta que puede causar "desórdenes de libido, eyaculación y orgasmo, que persisten tras la discontinuación de la droga". Las afecciones sexuales más reportadas son impotencia y pérdida del deseo.
Si bien es algo que se sabe desde hace décadas, durante muchos años no se le dio tanta trascendencia porque los principales consumidores de finasteride eran personas mayores que estaban bajo tratamiento por problemas de próstata, y muchos ya padecían disfunciones sexuales. El tema se instaló con fuerza desde 1997, cuando esta sustancia comenzó a ser utilizada por personas más jóvenes ávidas de conservar su cabellera. Merck ha recibido aproximadamente 1.370 demandas legales a causa de estos efectos secundarios.
Un estudio realizado en 1998, del que participaron 1.500 hombres de entre 18 y 41 años, mostró algunos resultados alarmantes. Los participantes fueron divididos en dos grupos, uno de tratamiento que recibió Propecia, y otro de control al que se le suministró un placebo. La tasa de desórdenes sexuales fue casi el doble en el primer grupo: 4,2% frente a 2,2. Sin embargo, Marchalik afirma que como no era el objetivo del estudio comprobar estas desviaciones es probable que ese número se encuentre subestimado.
Lo más preocupante es que hay muchos casos registrados en los que el impacto negativo del finasteride termina siendo irreversible. Es decir, no importa que el paciente deje de consumirlo.
A la disfunción sexual hay que agregar también los efectos sobre el estado emocional de los usuarios. Al modificar ciertos esteroides se afectan algunas funciones cerebrales que pueden provocar profundos trastornos psicológicos. Éstos pueden llevar a la depresión y al suicidio.
La conclusión del especialista en urología es que el finasteride, especialmente para tratar la próstata, seguirá siendo un medicamento valioso. Pero es necesario generar conciencia sobre sus peligros, sobre todo para quienes lo usan por fines estéticos, como evitar la caída del pelo.
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