El rover Perseverance de la NASA sorprendió a la comunidad científica al detectar corindón en el borde del cráter Jezero, en Marte, un mineral que en la Tierra forma rubíes y zafiros.
El descubrimiento, publicado en la revista Geophysical Research Letters, rompe los esquemas previos sobre la formación de minerales en el planeta rojo y abre nuevas vías de investigación sobre su pasado geológico, su química y los impactos que han marcado su superficie.
El hallazgo ocurrió durante el análisis de varias rocas pálidas, conocidas como rocas flotantes, recolectadas en puntos diferentes del borde del cráter Jezero en 2025. Utilizando el instrumento SuperCam, el Perseverance disparó su láser sobre fragmentos de roca ricos en plagioclasa y detectó la firma luminiscente del corindón, con características compatibles con la presencia de cromo.
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“De forma totalmente inesperada, el análisis TRL de SuperCam de tres rocas flotantes ricas en plagioclasa en el borde del cráter reveló claras señales de corindón que contiene cromo”, reportó el equipo liderado por la geoquímica Ann Ollila del Laboratorio Nacional de Los Alamos.
La importancia del descubrimiento radica no solo en la novedad de hallar corindón en Marte, sino en el enigma que plantea sobre su origen. En la Tierra, el corindón se forma en ambientes donde abunda el aluminio y escasea el silicio, bajo condiciones de alta temperatura y presión, muchas veces asociadas a procesos tectónicos o magmáticos profundos.
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Marte, aunque muestra evidencias de actividad volcánica pasada, carece de la dinámica tectónica de placas presente en la Tierra. Este contraste convierte la detección del mineral en un misterio que desafía la comprensión actual de los procesos geológicos marcianos.

El corindón es la forma cristalina del óxido de aluminio (α-Al₂O₃) y, en la Tierra, la sustitución de algunos átomos de aluminio por cromo produce el rubí, mientras que otras variantes dan lugar al zafiro. El análisis espectroscópico realizado por SuperCam en las rocas marcianas mostró dos picos de luminiscencia muy precisos, 692,7 y 694,1 nanómetros, junto a un tiempo de vida de la señal de aproximadamente tres milisegundos, datos idénticos a los obtenidos en rubíes terrestres.
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“Cuando Perseverance realizó este análisis en las tres muestras de plagioclasa, los espectros resultantes mostraron la firma característica del corindón que contiene cromo”, detalló el equipo científico.
El hallazgo no implica la existencia de gemas brillantes esparcidas en la superficie marciana, sino la presencia de diminutos granos de corindón atrapados dentro de fragmentos de plagioclasa. Las rocas, bautizadas como Hampden River, Coffee Cove y Smiths Harbour, fueron halladas en ubicaciones separadas a lo largo del borde del cráter y presentan una composición mayoritaria de plagioclasa, un mineral silicatado que, paradójicamente, suele consumir el aluminio necesario para formar corindón. Esta coexistencia resulta inusual y plantea un dilema químico: ¿cómo se generó corindón en presencia de tanto silicio?
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Los minerales constituyen pruebas fundamentales sobre el tipo de ambientes en los que se formaron. En Marte, los principales minerales identificados hasta ahora indican una historia dominada por el vulcanismo y la interacción con agua, pero el hallazgo de corindón aporta una pieza diferente al rompecabezas.
El Perseverance aterrizó en el cráter Jezero en febrero de 2021 con el objetivo de estudiar antiguos sistemas de abanicos deltaicos y unidades ígneas locales, así como recolectar muestras para un eventual retorno a la Tierra. La detección de corindón mediante espectroscopia TRL (luminiscencia resuelta en el tiempo) se realizó gracias a la sensibilidad de SuperCam para detectar oligoelementos como el cromo en minerales.
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El contexto geológico del hallazgo sugiere que el corindón se originó como resultado de procesos de impacto. El borde del cráter Jezero exhibe signos de haber sido sometido a altas presiones y temperaturas debido al choque de un gran meteorito en el pasado remoto del planeta.

“Proponemos que estos minerales de corindón se formaron mediante procesos de impacto”, sostiene el equipo de Ollila. Los grandes impactos generan condiciones similares a las que producen minerales metamórficos en la corteza terrestre, y se han hallado granos de corindón en rocas alteradas por impactos tanto en la Tierra como en la Luna.
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La hipótesis preferida, aunque no la única posible, es que el corindón marciano se formó en la interfaz entre una roca rica en aluminio (félsica) y otra máfica o ultramáfica, bajo el efecto combinado de presión, temperatura y probablemente la acción de fluidos calientes. Las rocas flotantes, por no estar adheridas al lecho rocoso, pudieron haber sido transportadas desde otras zonas, lo que añade complejidad a la reconstrucción del proceso. Según el equipo científico, “las interacciones fluido-roca también pueden haber estado involucradas en alguna etapa para desencadenar el agotamiento de silicio y el enriquecimiento de aluminio de la roca protolítica”.
La presencia de corindón en Marte amplía el inventario mineralógico del planeta y tiene implicaciones para entender su historia geológica. La pregunta clave es si el origen del mineral es magmático, metamórfico o resultado de procesos hidrotermales. Si el corindón se formó por magmatismo, indicaría la existencia de rocas subsaturadas en silicio y ricas en aluminio, algo poco común en Marte. Si, en cambio, surgió de procesos metamórficos ligados a impactos, reforzaría la idea de que los grandes choques han sido motores de diversidad mineralógica en el planeta rojo.
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El hallazgo también invita a reflexionar sobre la posible existencia de ambientes hidrotermales en Marte, ya que estos podrían haber facilitado la formación del corindón en presencia de agua caliente. Esta posibilidad cobra especial relevancia, porque los ambientes hidrotermales se consideran nichos potencialmente habitables, tanto en la Tierra como en otros planetas.
Si Marte albergó tales condiciones, aumentan las probabilidades de que existieran ecosistemas microbianos en el pasado.
El análisis de las rocas flotantes mediante espectroscopia TRL permitió identificar granos de corindón aparentemente submilimétricos, lo que demuestra la capacidad del instrumento para detectar minerales en concentraciones muy bajas.

La técnica consiste en excitar los átomos del mineral con un láser y medir la luz que emiten al regresar a su estado normal, lo que permite distinguir entre diferentes tipos de minerales y detectar elementos traza como el cromo. El resultado es un panorama más diverso y dinámico de la mineralogía marciana.
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Algunos interrogantes persisten y solo podrán resolverse mediante el análisis directo de muestras en laboratorios terrestres. La comunidad científica destaca la importancia de retomar la misión de retorno de muestras desde Marte, actualmente en pausa, para obtener fragmentos de las rocas flotantes que contienen corindón.
“Si se obtuviera una muestra del núcleo de este afloramiento y se trajera de vuelta a la Tierra, se podrían realizar muchísimos más análisis para determinar de forma concluyente cómo se formó este corindón, lo que proporcionaría una comprensión más completa de la historia de Marte”, concluye el trabajo de Ollila y su equipo.

El descubrimiento de corindón en Marte invita a reconsiderar la complejidad del planeta rojo y su evolución mineralógica. Más allá de la fascinación por hallar un mineral asociado a gemas preciosas, el hallazgo implica que Marte vivió episodios de altas temperaturas y presiones, probablemente vinculados a impactos gigantescos y la posible presencia de fluidos calientes.
La investigación en curso promete esclarecer el papel de estos procesos en la formación de minerales y en la potencial habitabilidad del planeta en el pasado.
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