
El microbioma intestinal de cada persona está formado por grupos de microorganismos que pueden cambiar en respuesta a una variedad de factores como la alimentación, la actividad física, la medicación, entre otros.
Un equipo internacional de investigadores de Estados Unidos, Reino Unido e Italia llevó a cabo un estudio extenso, considerado uno de los más grandes hasta la fecha, que analiza la relación entre patrones de alimentación y la composición del microbioma.
El trabajo fue publicado hoy en la revista Nature Microbiology. Se ha demostrado previamente que las dietas bajas en alimentos vegetales y altas en procesados están asociadas con un mayor riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2, cáncer y problemas cardiovasculares.

Sin embargo, aún se desconocía cómo los patrones alimentarios afectan la composición del microbioma intestinal y su impacto en la salud general.
Esa pregunta motivó el estudio que fue realizado por un equipo multidisciplinario que incluyó a investigadores del Departamento de Biología Celular, Computacional e Integrativa de la Universidad de Trento, Italia, el Departamento de Ciencias Nutricionales del King’s College de Londres, y el Instituto Europeo de Oncología en Milán, entre otras instituciones.
Cómo se realizó el estudio

Nicola Segata y su equipo analizaron datos del microbioma intestinal de 21.561 individuos. Los participantes, provenientes de Reino Unido, Estados Unidos e Italia, reportaron sus patrones alimentarios mediante cuestionarios.
Los voluntarios fueron clasificados en tres categorías dietéticas: veganos, vegetarianos y omnívoros. Se utilizaron tecnologías avanzadas de secuenciación metagenómica para caracterizar la composición microbiana y correlacionarla con los hábitos alimentarios de cada individuo.

Segata dijo: “Hemos observado que la cantidad y la diversidad de alimentos de origen vegetal tienen un impacto muy positivo en el microbioma”.
Desde el punto de vista del microbioma —aclaró— “lo que podemos recomendar en general es que es importante comer muchos alimentos de origen vegetal, especialmente los ricos en fibra. Y esa diversidad de alimentos es importante”.
Qué diferencias hay en el microbioma según la dieta que se sigue

En las personas omnívoras se detectaron más especies de bacterias como Ruminococcus torques, Bilophila wadsworthia y Alistipes putredinis, asociadas con la digestión de carne. Estas bacterias han sido vinculadas con “peores resultados en salud cardiovascular y metabólica”, advirtieron.
En tanto, los participantes vegetarianos mostraron una composición microbiana intermedia, con mayor presencia de bacterias asociadas al consumo de alimentos vegetales que los omnívoros. Estas bacterias contribuyen a la producción de ácidos grasos de cadena corta como el butirato, clave para la salud metabólica e intestinal.
En el caso de los veganos, su microbioma presentó una mayor abundancia de bacterias productoras de butirato, como especies de Lachnospiraceae y Butyricicoccus. Estas bacterias, asociadas con efectos antiinflamatorios y la integridad de la barrera intestinal, coexistieron con una menor proporción de microorganismos relacionados con impactos negativos en la salud.
Qué recomiendan para cada tipo de patrón alimentario

Los investigadores recomendaron:
- Para los omnívoros: Deberían aumentar la proporción de alimentos saludables y ricos en fibra en la dieta diaria. Esto podría reducir la abundancia de microbios asociados con resultados negativos para la salud, como Bilophila wadsworthia.
- Para los vegetarianos y veganos Aunque estas dietas ya favorecen la presencia de bacterias beneficiosas, se sugiere mantener un alto consumo de alimentos ricos en fibra para maximizar la producción de ácidos grasos como el butirato, que promueven la salud intestinal y metabólica.
En diálogo con Infobae, investigador del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe, el doctor en química Gabriel Vinderola, comentó tras leer el estudio publicado en Nature Microbiology: “El trabajo refuerza la idea de que los seres humanos pueden modular su propio microbioma intestinal y, por extensión, su salud, directamente a través de simples elecciones alimentarias”.
Aun sin pasarse a ser vegetariano o vegano, “un omnívoro puede mejorar su microbioma y su salud cardiometabólica si consume más vegetales y frutas diariamente”, resaltó. También el trabajo aportó más pruebas sobre la ventaja del consumo de lácteos fermentados: enriquecen al microbioma con especies de bacterias benéficas.

Eso significa que al añadir más productos de origen vegetal a su dieta, “los omnívoros pueden modular la fracción de perfiles microbianos intestinales compartidos con otros patrones dietéticos, como los veganos”.
Entre las limitaciones del estudio, los autores señalaron que los participantes provenían exclusivamente de Reino Unido, Estados Unidos e Italia, lo que dificulta la generalización de los hallazgos a poblaciones con diferentes hábitos alimentarios y contextos culturales.
También los autores señalaron que “es necesario realizar investigaciones en poblaciones más diversas para entender completamente las interacciones entre dieta, microbioma y salud”. La dependencia en datos autoinformados de dieta puede introducir sesgos. Además, al ser un estudio observacional, no establece causalidad directa entre patrones dietéticos y composición microbiana.
El nuevo conocimiento para el desarrollo de terapias

Los científicos consideran que los resultados podrían ser clave para el desarrollo de terapias dirigidas al microbioma.
Por ejemplo, el butirato, un ácido graso de cadena corta producido por ciertas bacterias intestinales, es fundamental para la salud intestinal. Terapias basadas en el aumento de la producción de butirato, como la suplementación de prebióticos o probióticos específicos, podrían replicar los beneficios observados en microbiomas asociados a dietas ricas en alimentos vegetales.
El estudio muestra la posibilidad de utilizar firmas microbianas específicas asociadas a la dieta para desarrollar intervenciones nutricionales o terapias personalizadas, como suplementos que modulen el microbioma de acuerdo con las necesidades de cada paciente, particularmente en enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedades inflamatorias del intestino y trastornos metabólicos.
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