
Las polillas son insectos nocturnos que han evolucionado para navegar y utilizan la luz de la luna como referencia, un fenómeno conocido como orientación transversal. Esta técnica les ayuda a mantener una dirección constante, similar a cómo los marineros antiguos se guiaban por las estrellas. Sin embargo, en el mundo moderno, la proliferación de fuentes de luz artificial ha desbaratado significativamente el sistema de navegación de estos insectos.
El aumento de la contaminación lumínica, que crece en promedio un 2% cada año, ha tenido efectos devastadores sobre la vida silvestre nocturna, incluidos los insectos. Según un reciente estudio publicado en la revista Nature Communications, las polillas y otros insectos no se sienten atraídos por la luz como se pensaba anteriormente. En lugar de esto, se ven desorientados, que crean órbitas extrañas alrededor de las fuentes de luz artificial.
Este fenómeno se ha documentado mediante el uso de cámaras infrarrojas de alta velocidad, que permitieron a los científicos capturar el comportamiento nocturno de estos insectos sin perturbar su visión. Los estudios revelaron que las polillas mantienen su espalda hacia la luz, un reflejo de su sistema de orientación natural que en condiciones normales las ayuda a mantener el equilibrio durante el vuelo nocturno. Sin embargo, ante una luz artificial, los insectos se desorientan y creen que la luz es el cielo, lo que resulta en patrones de vuelo erráticos y, en muchos casos, mortales.

El entomólogo Yash Sondhi y su equipo observaron que cuando los insectos se acercan a una bombilla, giran sus cuerpos hacia la luz y orbitan alrededor de ella. Este comportamiento no se debe a una atracción directa, sino a un mecanismo de orientación ancestral. La investigación demostró que diferentes configuraciones de luz provocan diferentes reacciones en los insectos. Por ejemplo, cuando se colocó una sábana iluminada en el suelo, las polillas volaron sobre ella y luego se estrellaron, mientras que una luz colgada entre árboles causaba que los insectos orbitasen alrededor de ella.
El incremento de la contaminación lumínica no solo afecta a las polillas, sino también a una amplia gama de animales nocturnos y ecosistemas enteros. Las luces artificiales causan la fragmentación de hábitats, interfieren con los patrones de reproducción de las polillas, y afectan su desarrollo larvario, que contribuye al alarmante declive de las poblaciones de insectos a nivel mundial. La desorientación provocada por la luz artificial es un desajuste entre el sentido de la dirección que tienen los insectos y la verdadera dirección de la gravedad, un fenómeno que ya era un desafío significativo debido al cambio climático y la pérdida de hábitat.

Floyd Shockley, director de colecciones del departamento de entomología del Museo Nacional Smithsonian de Historia Natural, comentó que los insectos no vuelan directamente hacia la luz; en cambio, se orientan de tal manera que permanecen perpendiculares a ella, lo que da la ilusión de atracción. Esta observación subraya la complejidad del comportamiento de los insectos y la necesidad de comprender mejor cómo la luz artificial impacta su ecología.
Entre las soluciones propuestas para mitigar el impacto de la luz artificial sobre las polillas y otros insectos está el diseño de luminarias que dirijan la luz hacia abajo y utilicen bombillas con apantallamiento metálico para enfocar el haz de luz. Algunas zonas urbanas ya han adoptado medidas para reducir la luminosidad artificial, crean zonas de cielo oscuro que protegen a la fauna nocturna. Es crucial apagar las luces cuando no son necesarias para minimizar la contaminación lumínica y proteger la biodiversidad.

Por qué son importante las polillas para el ecosistema
Las polillas cumplen un rol fundamental en el ecosistema debido a varias razones. En primer lugar, muchas especies de polillas actúan como polinizadores nocturnos, que facilitan la reproducción de diversas plantas que florecen por la noche. Esto contribuye a la biodiversidad y a la salud de los ecosistemas.
Además, las polillas forman parte de la cadena alimentaria, que sirve de alimento para aves, murciélagos y otros depredadores. Su presencia garantiza la supervivencia de estos animales y mantiene el equilibrio ecológico.
En su fase juvenil, las orugas (cuncunas) de las polillas se alimentan de plantas, raíces y follaje, a veces desempeñan el papel de plagas en la agricultura. No obstante, su actividad también ayuda a la descomposición de materia vegetal y a la fertilización del suelo, que promueven el crecimiento de nuevas plantas.
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