
Los científicos saben desde hace tiempo que el estrés prolongado puede tener efectos negativos en el organismo, como el envejecimiento prematuro, la mortalidad temprana, las enfermedades crónicas, la depresión y una mala calidad de vida en general. Además, se sabe que el estrés también puede afectar al cabello, al liberar hormonas que cambian su pigmentación, volviéndolo gris o blanco, o provocando su caída.
Ahora, un equipo de investigadores dirigido por la Universidad de Islandia y el Instituto Nacional de Salud Pública de México descubrieron que los niveles de estrés también se reflejan en la cantidad de la hormona cortisol que se almacena en el cabello.
Hasta ahora, los científicos sólo podían detectar la hormona del estrés en la sangre, la orina o la saliva. El equipo afirma que los resultados sugieren que la medición de la hormona en el pelo puede ser una buena forma de identificar el estrés crónico. Este trastorno puede, con el tiempo, provocar ansiedad, insomnio, hipertensión arterial e incluso un sistema inmunitario debilitado.
El estudio, publicado en PLOS Global Public Health, analizó muestras de cabello de 881 mujeres de México y 398 de Islandia. Los investigadores tomaron el pelo desde la raíz y analizaron en una máquina la sección de 3 cm más cercana a su cuero cabelludo. El pelo crece 1 cm al mes, por lo que esa zona representaba los últimos tres meses.

A continuación, las mismas mujeres recibieron una encuesta de 10 preguntas sobre el grado de estrés que sentían. Se les preguntó hasta qué punto “encontraban sus vidas imprevisibles, incontrolables y sobrecargadas”. Respondieron en una escala de cinco puntos y los investigadores dividieron a las encuestadas en cinco grupos en función de sus puntuaciones totales, que indicaban su grado de estrés.
Los resultados mostraron que las mujeres que se encontraban en el quinto superior de los niveles de estrés tenían unos niveles de cortisol un 24,3% más altos que las que se encontraban en el quinto inferior. La autora del estudio, la doctora Rebekka Lynch, de la Universidad de Reikiavik, dijo que esto sugiere que la medición del cortisol en el cabello podría ser prometedora para diagnosticar el estrés crónico.
“Se encontró una asociación entre el estrés percibido y la concentración de cortisol en el pelo en una muestra de mujeres de dos orígenes geográficos y culturales diversos. Apoya la hipótesis de que la concentración de cortisol capilar es un biomarcador viable en los estudios de estrés psicológico crónico”, escribieron los investigadores.

El cortisol se considera el sistema de alarma integrado en la naturaleza. Aunque el estrés no es la única razón por la que se produce, se le ha denominado la “hormona del estrés” porque se libera cuando el cuerpo está en modo “lucha o huida”. Normalmente, el cuerpo produce niveles más altos por la mañana y más bajos por la noche.
El estrés es un fenómeno normal que nos alcanza a todos. No existe la vida sin estrés, Esta idea puede resultar para algunos desagradable, pero es así: vivir implica necesariamente cierto nivel de estrés. Por eso, el estrés es un proceso normal del organismo, una reacción incluso indispensable para responder adecuadamente a los desafíos y contingencias de la vida.
Ahora, si el dolor agudo se perpetúa en el tiempo hasta llegar a convertirse en estrés crónico o en sufrimiento, eso es un problema. Se trata del tipo de estrés más agotador y desgastante. Tiene lugar cuando uno no encuentra salida a un problema o situación que lo deprime. Es producto, por ejemplo, de un trabajo o carrera no deseada, problemas de dinero o un matrimonio infeliz. A diferencia del estrés agudo, éste se presenta una y otra vez de forma repetida a lo largo del tiempo. Produce desgaste físico y psicológico, que puede desencadenar en depresión, crisis nerviosa e incluso un ataque cardíaco.
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