Luis Miguel Pascual
París, 2 oct (EFE).- La plácida trayectoria del París Saint-Germain en este inicio de temporada se truncó en la noche de Londres, con una severa derrota contra el Arsenal (2-0) que ha agitado la calma del club y ha colocado a su entrenador, Luis Enrique, en el centro del huracán.
Hasta ahora casi intocable, el entrenador española ha levantado dudas por sus decisiones en la capital británica, empezando por dejar en casa a Ousmane Dembelé por una falta disciplinaria.
Pero los ataques al técnico van más allá de ese castigo y llegan a buena parte de sus decisiones en el partido, desde la alineación elegida a los cambios que efectuó a lo largo del encuentro.
Tampoco pasa desapercibido su carácter, el comportamiento que tuvo con la prensa tras el duelo, árido y hosco, que le llevó a dejar sin responder algunas preguntas.
La prensa francesa empieza a impacientarse por la actitud de Luis Enrique y la benevolencia inicial pierde fuelle.
En su segundo año al frente del equipo, la excusa del tiempo también pierde fuerza frente a las críticas, en un momento en el que, como le lleva pasando al PSG desde la llegada de los cataríes, el equipo muestra una gran solidez en Francia pero mucha menos en Europa.
De hecho, las estadísticas también se ponen en contra de Luis Enrique. Ha perdido cuatro de sus seis últimos partidos europeos, tantas derrotas como en los 16 anteriores duelos continentales del club. Además, en tres de los últimos cuatro duelos no ha logrado marcar.
Precisamente la falta de acierto goleador fue la clave que apunto Luis Enrique para explicar la derrota de su equipo y lo que hace más inexplicable que renunciara a su atacante de más calidad.
L'Équipe se pregunta si este PSG, que ha renunciado a conformarse entorno a las estrellas, puede pasarse de un jugador como Dembelé, sobre todo porque su sustituto, Désiré Doué, un prometedor jugador de 19 años, demostró que le falta mucho recorrido para partidos de altos vuelos.
Además, planea la duda de si el conflicto abierto con el exjugador del Barcelona puede enquistarse y minar la autoridad del técnico español en el vestuario.
Según ha trascendido, Dembelé osó contradecir a Luis Enrique en el descanso del último partido liguero contra el Rennes, algo imperdonable para el entrenador.
En su razonamiento, aseguró que había cometido una falta disciplinaria y aseguró que, aunque su baja contra el Arsenal pudiera notarse, a la larga permitiría crecer al equipo.
Resta por ver si el resto de los jugadores se cansan del ego del técnico y comienzan una revuelta de consecuencias impredecibles.
Luis Enrique quiere solidificar su proyecto, que gira sobre su persona y para eso necesita soldados que obedezcan sus órdenes.
El técnico asegura que el club no le ha exigido títulos, sino configurar un equipo con una identidad reconocible con la mirada puesta en el largo plazo.
Desde los propietarios cataríes parecen confirmar esas palabras. Nunca antes habían dado tantos poderes a uno de sus entrenadores y nunca antes habían desvinculado tanto su continuidad con la obtención de títulos.
Pero todo puede saltar por los aíres en la frágil configuración de un club que vive con tensión la paradójica distancia entre el dinero invertido, las expectativas creadas y los títulos europeos conseguidos. EFE
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