
Una reflexión del almirante Orlando Maniglia sobre el poder de la palabra abrió un duro cruce con el contralmirante Daniel Comisso. Mientras el actual embajador en Colombia apeló a Montaigne para defender la responsabilidad de hablar y escuchar, Comisso respondió que, frente a los hechos que considera criminales, las palabras ya no bastan: lo decisivo serán las sentencias de los jueces.
Para Maniglia, actual embajador de Venezuela en Colombia, “una palabra pronunciada en el vacío es apenas un sonido y una palabra recibida puede convertirse en memoria, en esperanza o incluso en destino”. La respuesta contundente del contralmirante Daniel Comisso fue: “En este funesto capítulo de nuestras vidas, las palabras más bellas serán aquellas que pronuncien los jueces cuando dicten las sentencias y condenas a los aberrantes delitos cometidos”.
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El contraste entre ambos militares retirados de la Armada también se ubica en sus recorridos políticos. Orlando Ramón Maniglia Ferreira ha sido un oficial alineado con la revolución bolivariana durante su vida militar activa como en el retiro, actualmente como embajador en Colombia.
Comisso Urdaneta, en cambio, formó parte del grupo de militares que intentó provocar la salida de Hugo Chávez el 11 de abril de 2002 y participó luego en el acto de insubordinación en la Plaza Francia de Altamira, en Caracas, donde cientos de militares se apostaron para exigir la renuncia del entonces mandatario.
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En su respuesta, Comisso afirmó que Maniglia y sus aliados no podrán justificar lo que calificó como una “evidencia catastrófica” de sus comportamientos. Para el contralmirante, las consecuencias deben ser proporcionales al daño causado y al repudio que, sostuvo, merecen quienes participaron en hechos que considera criminales. “Aquí ya no se trata de palabras”; y remató: “Se trata de hechos”.
A través de un escrito, Maniglia citó una reflexión atribuida a Michel de Montaigne: “La palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”. A partir de esa idea, sostuvo que la comunicación humana no es un acto unilateral y que toda palabra puede convertirse en memoria, esperanza o incluso destino cuando es recibida por otra persona.
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El ex ministro agregó que una misma frase puede ser consuelo para algunos, desafío para otros o indiferencia para quienes no están preparados para comprenderla. Señaló que las personas son, en parte, resultado de las palabras que otros pronunciaron sobre sus vidas: expresiones de amor, confianza o desprecio que pudieron fortalecer, impulsar o marcar obstáculos que debieron superarse.

Para Maniglia, hablar implica responsabilidad y escuchar supone libertad. Aunque reconoció que nadie controla del todo cómo serán interpretadas sus palabras, defendió la posibilidad de pronunciarlas con honestidad y de decidir qué significado se otorga a aquello que llega desde los demás.
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La respuesta del contralmirante Daniel Lino Comisso Urdaneta fue contundente. En su réplica, afirmó que “el poder de la palabra siempre cederá el paso al poder de las acciones y omisiones”, porque, a su juicio, la palabra anuncia, mientras los actos reiterados demuestran tendencias, evidencian hechos, dejan huella y generan consecuencias.
Mordaz dice que “Maniglia y sus cómplices enchufados y traidores, jamás podrán justificar la evidencia catastrófica de sus comportamientos y siempre estarán bajo la mira de la justicia, por haber cohonestado y trabajado impunemente, por la destrucción de Venezuela, por el daño antropológico a varias generaciones, por la corrupción degenerativa alienante y por la deshonra del gentilicio venezolano”.
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Sostiene Comisso que las consecuencias para el otrora ministro y actual embajador “y sus cómplices y aduladores deben ser proporcionales al daño infringido, además del repudio personal, porque aquí ya no se trata de palabras, se trata de hechos criminales evidentes cuya responsabilidad es total de quien los ha perpetrado y ninguna de quienes los han sufrido”.

La familia Maniglia Meléndez
El 13 de marzo, Delcy Eloína Rodríguez Gómez designó al almirante Orlando Ramón Maniglia Ferreira, de 68 años, como embajador de Venezuela en Colombia. El nombramiento supuso la salida del también militar Carlos Eduardo Martínez, general de división, de la representación diplomática venezolana en Bogotá.
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Maniglia, egresado en 1975 como alférez de navío de la Escuela Naval de Venezuela, forma parte de un círculo familiar con vínculos estrechos con el chavismo y con distintos espacios de poder dentro del Estado venezolano.
Durante 23 años estuvo casado con Carmen Teresa Meléndez Rivas, una de las figuras más visibles del oficialismo. Ambos ocuparon el Ministerio de la Defensa: Maniglia fue ministro durante el gobierno de Hugo Chávez en 2005, mientras que Meléndez asumió esa cartera en 2013, bajo la administración de Nicolás Maduro.
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Aunque sus trayectorias políticas tomaron rumbos distintos, ambos permanecieron vinculados al proyecto bolivariano. Meléndez ha ocupado varios ministerios, fue diputada de la Asamblea Nacional, gobernadora del estado Lara y actualmente se desempeña como alcaldesa del municipio Libertador de Caracas.

Antes de dirigir el Ministerio de la Defensa, Maniglia fue Inspector general de la Fuerza Armada y comandante general de la Armada Bolivariana. Pasó a retiro en 2006 y reapareció en la escena pública en 2009, cuando fue nombrado comisionado presidencial para la Delimitación de Aguas Marinas y Submarinas del Golfo de Venezuela y otras áreas limítrofes con Colombia.
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Posteriormente, Maniglia fue enviado a Alemania. Durante doce años se desempeñó como embajador de Venezuela en Berlín, Alemania, tras ser designado por Nicolás Maduro en 2014. En febrero de 2026, Delcy Rodríguez lo nombró jefe de la misión diplomática venezolana en Bogotá, cargo que quedó formalizado el 24 de marzo con la aprobación de la Asamblea Nacional.
Los vínculos familiares de Maniglia con el poder venezolano no se limitan a su ex esposa. Su hijo, Román Daniel Maniglia Darwich, también ha ocupado cargos relevantes en instituciones públicas. En 2010 fue miembro principal de la comisión de contrataciones permanentes del Banco del Tesoro, Banco Universal S.A.; en 2013 presidió el consejo directivo de la Fundación de Atención Social del Ministerio para la Defensa (FUNDASMIN); y en 2017 fue nombrado director del Despacho de la Gobernación de Lara por Carmen Meléndez, entonces gobernadora del estado.
En 2021, Román Maniglia fue designado presidente del Banco de Venezuela. Dos años después, en marzo de 2023, Nicolás Maduro lo nombró viceministro de Economía Digital, Banca, Seguros y Valores del Ministerio de Economía y Finanzas. En enero de 2025 asumió, de forma simultánea, la presidencia encargada de la petroquímica estatal Pequiven.
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