Taylor Swift y el peso de la reputación: por qué cuesta escapar de la imagen que construyen los demás

Un estudio académico que examinó 22 canciones de la cantante analiza cómo los rótulos dirigidos a las mujeres pueden condicionar decisiones, erosionar el bienestar y dificultar la construcción de un relato propio

Taylor Swift: horario de estreno del documental del Eras Tour
Un estudio analizó 22 canciones de Taylor Swift para examinar la construcción de la reputación femenina. (Scott A Garfitt/Invision/AP, archivo)
Guardar

“A nadie le gusta una mujer loca, tú la hiciste así”, canta Taylor Swift en su canción “Mad Woman”. Con esa frase, la artista resume casi a la perfección cómo la reputación impuesta por otras personas puede condicionar la manera en que alguien se percibe y se vincula con los demás, sobre todo cuando las opiniones ajenas se transforman en etiquetas fijas.

La trayectoria pública de la artista de 36 años permite observar esa tensión: sus letras abordan juicios sobre la ambición, la sexualidad, la conducta, la expresión de enojo, y las expectativas que suelen recaer sobre las mujeres y que pueden afectar su vida social y emocional. Un grupo de investigadoras analizó 22 de sus canciones para examinar cómo se construyen las reputaciones femeninas y de qué modo la música puede ofrecer herramientas para cuestionar relatos impuestos. El estudio se publicó en el Journal of Feminist Family Therapy.

PUBLICIDAD

Aunque el trabajo toma como punto de partida la figura de una superestrella global, el fenómeno que describe ocurre a una escala mucho más cotidiana. Cualquier persona que alguna vez recibió una etiqueta difícil de sacarse (“la dramática”, “la conflictiva”, “la que siempre exagera”) conoce de cerca ese mecanismo. La diferencia es que Swift tuvo un escenario público para disputar su relato.

La mayoría de las personas enfrenta esa misma batalla en silencio, dentro de sus familias, sus trabajos o sus vínculos cercanos, sin micrófonos ni canciones, pero con las mismas preguntas: ¿quién tiene el derecho de definir quién soy, y desde cuándo ese relato dejó de ser mío?

PUBLICIDAD

De víctima a villana: cómo Taylor Swift convirtió su peor momento público en un relato propio

Taylor Swift convirtió las críticas recibidas tras el conflicto mediático de 2016 en la base de su álbum Reputation.
Taylor Swift convirtió las críticas recibidas tras el conflicto mediático de 2016 en la base de su álbum Reputation.

En julio del 2016, la reputación de Taylor Swift dio un giro de 180°. Pasó de ser una de las mayores promesas de la música a persona no grata. La modelo Kim Kardashian, quien entonces estaba casada con Kanye West, había publicado una llamada telefónica editada en la que la cantante le permitía al rapero utilizar su nombre en una canción con una letra despectiva.

Por más que luego se comprobó que el relato fue manipulado para dejar mal a Swift, el veredicto del público fue determinante: le comenzaron a decir “serpiente” y lograron que desapareciera de la esfera pública durante más de un año. Sin embargo, la cantautora no se quedó de brazos cruzados.

Al año siguiente lanzó su 6to álbum llamado “Reputation”, y usó a las serpientes como símbolo principal de su renacimiento. En las letras de sus canciones reclamó la imagen de “villana” como propia y descentralizó las críticas externas. Asimismo, lo que puede parecer solo un momento icónico de la cultura pop, tiene en realidad un profundo significado en la psicología.

El estudio define la reputación como un relato ajeno que regula la vida de las mujeres

Para las autoras del estudio, la reputación funciona como una “tecnología narrativa de género”: un relato social, difundido por terceros, que pretende definir quién es una mujer antes de que ella describa su propia experiencia. Las investigadoras Danna Abraham, Heather Warren y Afarin Rajaei afirman que esas narraciones suelen presentarse como saber común, aunque nacen dentro de relaciones de poder y refuerzan expectativas sobre la conducta femenina.

Una mujer con la mirada baja rodeada por múltiples brazos que la señalan con el dedo en una habitación gris.
Las investigadoras definieron la reputación como una tecnología narrativa de género que puede provocar daño narrativo al limitar la expresión individual. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El documento ubica este mecanismo dentro de una tradición de etiquetas culturales que divide a las mujeres en dos polos: las que encajan en el molde social y las que, por no hacerlo, se vuelven inaceptables. Según el estudio, esos esquemas no reflejan una identidad completa, sino que ordenan qué formas de feminidad reciben aprobación y cuáles despiertan castigo, vigilancia o aislamiento. La consecuencia puede afectar la participación social, el desarrollo personal y la valoración moral que los demás asignan a una persona.

Rajaei desarrolla esa idea en un artículo publicado en Psychology Today. La terapeuta describe que muchas personas cargan rótulos como “demasiado emocional”, “demasiado ambiciosa”, “difícil” o “la que siempre complace”. Esas definiciones, señala, pueden comenzar como opiniones externas y luego integrarse a la mirada que cada individuo dirige sobre sí mismo.

En ese punto aparece el concepto de daño narrativo. El término alude a la pérdida o ruptura de la capacidad de una persona para contar su vida fuera de una historia dominante que otros le imponen. Es decir, el problema surge cuando una etiqueta ajena parece tan fija que deja poco espacio para el cambio, el error, la contradicción o una versión más amplia de uno mismo.

Abraham señaló en diálogo con Infobae que la vigilancia constante en redes sociales, el entorno familiar, el trabajo y otros ámbitos, puede llevar a muchas personas a limitar las formas de vida que preferirían elegir. También planteó que la autenticidad rara vez es una elección genuina: los guiones sociales ya establecen de antemano cómo debe verse alguien “auténtico”, y las personas terminan actuando dentro de ese molde sin cuestionarlo. Para Abraham, la salida no pasa por exigirle más a los individuos, sino por construir entornos donde las mujeres tengan más opciones reales y menos roles predefinidos.

Las letras de Taylor Swift muestran cómo la vigilancia transforma una figura pública en un personaje fijo

La cantante modificó la letra del tema Better Than Revenge para rechazar la misoginia internalizada presente en versiones anteriores de su obra. (REUTERS/Jennifer Gauthier/File Photo)
La cantante modificó la letra del tema Better Than Revenge para rechazar la misoginia internalizada presente en versiones anteriores de su obra. (REUTERS/Jennifer Gauthier/File Photo)

El estudio no presenta a Swift como representante de todas las mujeres. Las autoras aclaran que sus canciones constituyen un caso cultural visible, útil para rastrear cómo se construyen, discuten y revisan las narraciones de reputación bajo una exposición pública intensa. Su método, llamado cartografía feminista, busca trazar los mandatos sociales y culturales que orientan la vida de las mujeres.

Para Rajaei, la reputación puede influir en la identidad cuando una persona adopta como propia la historia que otros cuentan sobre ella. Sin embargo, distingue ambos conceptos: mientras la reputación depende de miradas externas y puede quedar atrapada en etiquetas, la identidad conserva la posibilidad de cambiar a partir de las experiencias y decisiones de cada persona.

En el trabajo revisaron temas de los álbumes reputation, Lover, folklore, evermore, Midnights, The Tortured Poets Department y regrabaciones de Swift. La selección incluyó composiciones sobre vigilancia pública, arquetipos de género, vergüenza, rechazo, supervivencia y resistencia. A partir de esa lectura, las autoras identificaron que la persona pública queda dividida entre lo que sabe de sí misma y lo que el entorno insiste en afirmar sobre ella.

La investigación vincula esa fragmentación con canciones como “Nothing New”, “Slut!” y “The Man”. En estos temas, Swift cuestiona un doble estándar: las mujeres deben resultar deseables, aunque no demasiado sexuales; ambiciosas, aunque no desagradables; expresivas, aunque no enojadas.

Un grupo de personas vestidas con ropa formal sentadas en una mesa de oficina con computadoras portátiles y vasos de papel.
Las autoras de la investigación proponen el uso de la escritura creativa en terapia para reemplazar los rótulos impuestos por relatos propios. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis destaca que “The Man” lleva esa crítica al plano audiovisual, ya que Swift interpreta a un hombre en el videoclip y expone desde ese personaje las diferencias de trato hacia la ambición y el liderazgo. “Dirían que me esforcé, que trabajé duro; no negarían con la cabeza ni cuestionarían cuánto de esto merezco”, entona Swift.

Otro caso aparece en “Better Than Revenge (Taylor’s Version)”. Las autoras resaltan que Swift modificó una letra de la versión original, lanzada en el año 2010, que juzgaba a otra mujer por su vida sexual. El estudio interpreta esa corrección como un rechazo a la misoginia internalizada, es decir, a ideas despectivas sobre las mujeres que una mujer puede incorporar y reproducir por influencia cultural. Para las investigadoras, la reedición permite revisar una mirada anterior y negar la exigencia de que las mujeres vigilen o castiguen a otras mujeres.

La “caída en desgracia” forma el segundo eje del trabajo. El documento recuerda el episodio con Kim Kardashian y Kanye West que impulsó la etiqueta #TaylorSwiftIsOverParty, mientras emojis de serpientes inundaron su cuenta de Twitter. Swift se alejó de la vida pública durante gran parte de un año y luego lanzó reputation el 10 de noviembre de 2017.

La figura de la villana abre una salida frente a la vergüenza y los relatos impuestos

La tercera línea del análisis sostiene que Swift responde a la descalificación pública sin intentar recuperar una imagen de perfección. Abraham, Warren y Rajaei llaman a ese movimiento recuperación de la villanía: una respuesta que toma la figura de la “mala”, la “bruja” o la “manipuladora”, antes usada como insulto, y la transforma en una posición desde la cual hablar.

Una mujer con suéter oscuro y el cabello recogido se mira en un espejo de baño con la mano en la barbilla.
La terapeuta Afarin Rajaei explicó que la reputación proviene de los juicios externos mientras que la identidad surge de las decisiones personales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las autoras encuentran ese gesto en “Look What You Made Me Do”, “I Did Something Bad”, “Mad Woman”, “Anti-Hero” y “Who’s Afraid of Little Old Me?”. El estudio sostiene que estas letras rechazan la división entre inocente y villana. La complejidad, la rabia y la imperfección dejan de funcionar como pruebas de una falla moral y pasan a formar parte de un relato propio. En “Mad Woman”, por ejemplo, el análisis observa cómo la palabra inglesa mad reúne los sentidos de enojada y mentalmente inestable, una ambigüedad que suele desacreditar la ira femenina.

Rajaei traslada esta lectura al terreno psicológico en Psychology Today. La autora explica que la vergüenza cobra más fuerza cuando alguien cree que carece de una posibilidad para reescribir la historia. La diferencia central, plantea, separa dos ideas: “cometí un error” y “yo soy el error”. La segunda convierte un hecho o una crítica en una identidad completa.

El estudio denomina contrarrelatos a las historias alternativas que enfrentan esas versiones rígidas. No buscan demostrar una perfección imposible, sino que admiten errores, cambios, resistencia y contradicciones. Rajaei propone preguntas que pueden ayudar a revisar una reputación impuesta: de quién proviene la voz crítica, quién enseñó esa historia, si ese rótulo todavía sirve y qué señales muestran que una persona cambió.

Taylor Swift: la millonaria cantidad que recaudó el Eras Tour superó a Coldplay y Elton John
La canción "The Man" expone la doble vara social sobre la ambición y el liderazgo entre hombres y mujeres. (REUTERS/Jennifer Gauthier)

El cuarto tema, el amor como riesgo y refugio, completa el mapa de la investigación. A partir de “End Game”, “Delicate”, “Dancing With Our Hands Tied”, “Miss Americana and the Heartbreak Prince”, “High Infidelity” y “Lavender Haze”, las autoras señalan que las relaciones íntimas aparecen como espacios donde una persona busca ser conocida fuera de las versiones públicas sobre su vida.

Sin embargo, el mismo espacio incluye presión social, expectativas sobre el matrimonio, la sexualidad y la conducta femenina. Así lo describe en su canción Lavender Haze: “Lo único que me preguntan es si voy a ser tu novia. El único tipo de chica que ven es una para una noche o una esposa”.

La conclusión del estudio asigna a la composición musical un valor terapéutico: las canciones pueden funcionar como punto de partida para identificar de dónde vienen las etiquetas que una persona carga y para construir un relato propio que las reemplace. Abraham, Warren y Rajaei proponen que terapeutas, educadores y grupos de trabajo pueden usar letras y escritura creativa con ese fin. Rajaei sintetiza esa idea con una distinción concreta: la reputación es la historia que otros cuentan sobre alguien, mientras que la identidad es la historia que esa persona elige vivir y sostener.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD