Más allá del Chardonnay y el Torrontés: 11 etiquetas para conocer la diversidad del vino blanco argentino

Del Sauvignon Blanc al Gewürztraminer, bodegas de Mendoza, Neuquén, Río Negro y Chubut amplían la oferta con propuestas frescas, aromáticas y de distintos estilos, pensadas tanto para el aperitivo como para acompañar comidas

Una mano sostiene una botella de vino negro y vierte vino blanco dorado en una copa de cristal transparente, con burbujas visibles.
Los vinos blancos argentinos ampliaron su presencia en la alta gama con propuestas de guarda y perfiles de terroir (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Hasta hace poco, casi nadie hubiera imaginado que uno de los mejores vinos argentinos sería blanco. ¿Qué cambió en el país donde el tinto y la carne reinan? Cambiaron los hábitos, al tiempo que se derribaron muchos mitos. Pero, sobre todo, mejoró la calidad de los vinos blancos.

Son más difíciles de elaborar porque se hacen solo con jugo de uva, sin participación de los hollejos, como ocurre en los tintos. Eso los hace más frágiles. Sin embargo, con las variedades adecuadas y, sobre todo, en las alturas ideales, las uvas maduran con una acidez tan firme que dan vinos con personalidad propia y longevidad.

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El Chardonnay es el blanco más prestigioso del mundo, y aquí no es la excepción; sin embargo, los grandes exponentes son muy recientes. A fines de los 90 eran concebidos a imagen y semejanza de los americanos: densos, golosos, maduros y con mucha influencia del roble, aunque el paradigma siempre fue la Borgoña francesa, con todas sus delicadas austeridades.

Hoy, para hacer los mejores Chardonnay argentinos, se buscan parcelas especiales dentro de las viñas, con suelos más profundos, donde predominan las rocas y el carbonato de calcio aporta lo suyo. Aprender a regar fue fundamental para darle a la planta solo el agua que necesitaba. Luego, en bodega, tocó animarse a dejar que el vino se expresara sin vestirlo de antemano.

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Copa de vino blanco, racimos de uvas blancas y un sacacorchos sobre mesa de madera. Viñedos verdes difuminados se extienden en el fondo soleado.
El Chardonnay ganó terreno en zonas de altura, con una elaboración que busca frescura, tensión y menor influencia de la madera (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pueden fermentar en barricas, aunque sin duda serán usadas para evitar las notas del roble. También, en piletas de cemento, sin miedo a la oxidación. Los enólogos ya saben que esos colores amarronados que generan temor luego se convierten en tonos amarillos cristalinos y brillantes, tras decantar de manera natural.

Todos estos hallazgos han permitido que algunos blancos integren hoy el top ten de los vinos argentinos. Ya son varios los exponentes de guarda y alta gama disponibles en el mercado: vinos delicados, ideales para la buena mesa y también para conservar durante muchos años. Lo mejor es que, de a poco, los límites se amplían hacia nuevos terruños.

La otra variedad que asomaba con posibilidades de consagrarse era el Torrontés, protagonista del vino más patrio. Si bien se trata de un cepaje de origen hispano, en estas tierras surgió del cruzamiento natural entre la uva Criolla y la Moscatel de Alejandría. De los tres tipos de Torrontés que se elaboran en el país, hay uno que sobresale tanto que varios enólogos mendocinos viajan kilómetros para elaborarlo, lejos de sus bodegas y viñedos.

Los tres llevan como apellido su provincia de origen: Mendocino, Sanjuanino y Riojano. Este último es el más famoso y exitoso. El destino —o el hombre— quiso que se luciera más en los Valles Calchaquíes, principalmente en Cafayate, Salta, y sus alrededores. Actualmente, dejó atrás sus rusticidades sin perder su carácter inconfundible de blanco aromático, ante todo, aunque también de ataque amable y final amargo.

Ilustración de un hombre y una mujer brindando con copas de vino sobre una mesa de restaurante iluminada por una vela.
Parcelas con piedras y carbonato de calcio aportan identidad a algunos de los Chardonnay argentinos más destacados (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hoy, su columna vertebral es la frescura, lograda gracias a una acidez más vivaz, que nace en la viña, y a una cosecha más cuidada. Tuvo que deslumbrar afuera como pareja del Malbec para que el mercado interno lo tomara en serio, más allá de los vinos comunes y el clericó.

Hoy, los mejores exponentes provienen de viñedos viejos, cosechados manualmente y elaborados como grandes vinos blancos argentinos. Por sus condiciones naturales, es un vino efusivo, tan floral como frutal, que nunca llegará a ser elegante como un Chardonnay. Pero, si está bien logrado, puede ostentar el mismo potencial de guarda, aunque su gracia esté en sus primeros años de vida.

Está claro que no es el mejor vino blanco que se concibe aquí, pero sí el mejor para mostrar, porque es irrepetible en otros países. Como aperitivo o acompañando las típicas empanadas y platos regionales del Noroeste Argentino (NOA), mejor aún si tienen toques picantes, no tiene competencia. Pero la diversidad que ofrece hoy la Argentina en materia de vinos blancos es mucho más amplia.

Blancos de variedades no tradicionales

Ya se sabe que los vinos blancos pueden ser tan buenos, o incluso mejores, que muchos tintos. Si bien esto no implica que todos hayan evolucionado de la misma manera, cada vez hay más y mejores vinos blancos disponibles en el mercado, empezando por los jóvenes sin muchas pretensiones. En esta categoría mandan las tipicidades varietales, cada vez mejor reveladas por la frescura. Esto se debe, fundamentalmente, a un mejor manejo del viñedo y a una selección más precisa del punto de cosecha.

Cuando se sube la vara cualitativa, al igual que pasó con los tintos, la variedad ya no importa tanto como el lugar. Es decir, el vino blanco debe hablar más de su origen que de su composición, a través de su carácter y sus texturas.

Primer plano de dos copas de vino blanco frío con condensación, siendo sostenidas por las manos de un hombre y una mujer que brindan.
El manejo del riego y la cosecha fue decisivo para preservar la acidez de las uvas blancas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Así, no solo surgieron los white blends, sino también varietales alternativos con un mensaje propio. Entendiendo que la originalidad no significa calidad, muchos hacedores se lanzaron a contribuir con la diversidad: no solo de variedades de uva o de lugares, sino también de estilos y métodos de vinificación. Allí aparecen los vinos naranjos y los vinos con crianza biológica.

Los primeros se elaboran con uvas blancas, pero con maceración del jugo junto con los hollejos, como ocurre con los tintos. Para lograr los segundos, se recurre a una elaboración oxidativa que permite la formación de un velo de flor, generado por levaduras, que protege al vino del oxígeno. En ambos casos, los resultados pueden ser sorprendentes, no solo por sus aromas y sabores particulares, sino también por la relación entre texturas y frescura que ofrecen, más allá de su potencial de guarda.

Para quienes prefieren vinos de aromas y sabores intensos, hay muchas opciones concebidas a base de variedades más expresivas, como la Malvasía y el Moscatel, entre las florales, y el Sauvignon Blanc, entre las más cítricas. Todas suelen tener una acidez marcada y ser vivaces. Un Semillón o un Chenin joven, sin paso por madera, también suelen ser vinos más completos y amplios en boca. Algo similar ocurre con el Viognier, que ofrece una combinación de frutas tropicales y flores blancas, con cuerpo y paso consistente, ideal para llevar a la mesa.

Otros blancos originales pueden ser los inspirados en el Ródano, elaborados a base de Roussanne y Marsanne, por ejemplo. Los más osados apuestan por el Riesling, el Gewürztraminer o el Albariño, todas uvas muy famosas en sus lugares de origen y protagonistas de grandes vinos. Algunas bodegas locales fueron más allá y lanzaron Malbec vinificados en blanco, de aspecto incoloro: una curiosidad que aporta diversidad a la variedad emblema.

Si a todos estos vinos alternativos se suman los blends, más conocidos como white blends, la propuesta de blancos se multiplica. La gran cantidad de aromas y texturas que ofrecen invita a servirlos como aperitivos, junto con una picada. Hay que recordar que el paso por madera aporta más volumen, sin que eso signifique menos frescura, aunque seguramente se trate de vinos más serios.

Dos manos brindan con copas de vino blanco llenas, con condensación en el cristal, sobre un fondo borroso.
Aromático, fresco y de final amargo, el Torrontés se consolida como una variedad distintiva de Argentina (Imagen Ilustrativa Infobae)

11 vinos blancos de variedades no tradicionales para descubrir

Portillo Sauvignon Blanc 2025

Salentein, Mendoza, Valle de Uco, Tunuyán — $7.000

Para muchos, este vino blanco fue la puerta de entrada al mundo del vino, no solo por su atractivo, sino también por su genuinidad. Esto lo convirtió en un “must” entre los blancos de su segmento. Como siempre, mantiene una frescura vivaz, con notas de frutas cítricas y dejos herbales.

Rivas Reserva Semillón 2024

Bodegas López, Mendoza — $10.000

Para los fanáticos de la casa que reclamaban novedades, llega este “nuevo-viejo” blanco. Por un lado, se trata de una flamante etiqueta; por el otro, su protagonista es una de las uvas blancas más tradicionales. Es un vino sin paso por madera, de perfil fresco y frutado, con un carácter equilibrado y austero, de frutas blancas.

Tilia Orgánico Chenin 2023

Catena Zapata, Mendoza, Zona Este, Rivadavia — $14.600

Este blanco, elaborado a base de una de las uvas más tradicionales, nace en un viñedo orgánico, con certificaciones como Eco Cert y Letis. La idea, además de apostar por prácticas más sustentables, es ofrecer un vino joven y fácil de tomar. Resulta atractivo para todo tipo de paladares, incluso con tres años de evolución, porque goza de buena tipicidad, con notas de manzana verde y una agradable frescura. Hacia el final, ya comienza a asomar la madurez de la fruta.

Botella de vino blanco con etiqueta borrosa, dos copas llenas y dos cuencos de guiso de lentejas sobre mesa de madera al aire libre.
Los white blends combinan cepajes y estilos para ofrecer nuevas texturas, aromas y posibilidades de maridaje (Imagen Ilustrativa Infobae)

ADN Uco Origen Sauvignon Blanc 2023

Finca Buenaventura, Mendoza, Indicación Geográfica Valle de Uco — $15.000

Este blanco sorprende por cómo mantiene su frescura. Sus sabores maduros, sin embargo, denotan sus más de tres años de vida. De buen cuerpo y con cierto carácter de lugar, es uno de esos vinos que se lucen con platos elaborados a base de pescados u otras carnes blancas. Lo importante es que la salsa sea cremosa e intensa, para que el vino pueda maridar mejor.

Grazie Mille Libertad Semillón 2024

Bodega Grazie Mille, Mendoza, Valle de Uco, La Consulta — $22.800

El Semillón es una de las variedades tradicionales de la zona y, aquí, protagoniza un blanco de aromas densos, buena frescura y paladar amplio. Muy expresivo, tanto en nariz como en boca, presenta leves dejos ahumados al final, aportados por la crianza. Es ideal para lucirse en la mesa, por su carácter equilibrado y buena estructura.

Una botella de vino blanco y dos copas llenas de vino sobre una superficie oscura, con el sol poniente y el océano azul de fondo.
Sauvignon Blanc, Malvasía y Moscatel integran el grupo de variedades elegidas por sus aromas intensos y su frescura (Imagen Ilustrativa Infobae)

Amiguito Moscatel de Alejandría

Aleanna, Mendoza, Luján de Cuyo, Ugarteche — $31.700

Es el compañero blanco de Amiguito Criolla, elaborado con Moscatel de Alejandría de grano pequeño. Presenta un aspecto levemente opalescente, ya que no está filtrado, y aromas expresivos, bien florales, con tonos de oxidación que aportan carácter. No deja de ser un vino fácil de tomar: mejor bien frío, solo o para acompañar la picada previa a un asado entre amigos.

Anaia Gran Viognier 2025

Anaia Wines, Mendoza, Luján de Cuyo, Agrelo — $32.500

Siguen siendo muy pocos los Viognier en la Argentina, y menos aún los que ostentan un carácter varietal tan logrado como este, elaborado por Gonzalo Serrano Alou. Todavía se percibe joven, con leves aromas tostados de la crianza que comparten escena con las frutas blancas típicas del cepaje. El paladar es franco y amplio, con notas florales y un final untuoso, equilibrado por la frescura. Es una uva que, bien manejada, se expresa muy bien en Agrelo.

Luigi Bosca Riesling 2025

Bodega Luigi Bosca, Mendoza, Luján de Cuyo — $38.250

Si bien este vino nació de la visión del ingeniero Arizu y de las vides cuidadas en Finca Los Nobles, hoy es Pablo Cúneo quien está detrás de este blanco, elaborado con uvas provenientes de plantas de 20 años. Sin paso por madera, para mantener intacta la frescura del viñedo, resulta un blanco voluptuoso y untuoso, muy bien equilibrado por la acidez, que resalta sus notas complejas en boca. Con el tiempo, además, se abre en la copa.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Desde Mendoza hasta Chubut, los productores buscan que cada vino refleje las condiciones de su lugar de origen (Imagen Ilustrativa Infobae)

FIN Single Vineyard Gewürztraminer 2024

Bodega Del Fin del Mundo, Neuquén, San Patricio del Chañar — $41.600

Solo se elaboraron 1.200 botellas de este flamante Single Vineyard by Ricardo Galante. A partir de las condiciones ideales del terruño para los blancos, la bodega amplió su propuesta con este vino intensamente aromático, de paladar franco y expresivo. Tiene un paso untuoso y refrescante, con un final matizado por los 12 meses de crianza en barricas.

45° Rugientes Corte de Blancas 2023

Otronia, Chubut, Sarmiento — $52.000

Este blend de Gewürztraminer, Pinot Gris y Chardonnay mantiene su composición y su esencia. Está pensado para mostrar el carácter de ese lugar remoto, donde solo ciertas variedades pudieron adaptarse. Las condiciones extremas permiten obtener un blanco de aromas expresivos, florales e integrados, con buena frescura. De paso mordiente y acidez sostenida en boca, presenta un toque de oxidación en el final, que aporta carácter. También aparecen frutas blancas y una frescura marcada, que resalta sus texturas y notas de levaduras, incluso con algo de brioche hacia el final.

Ribera del Cuarzo Pátinas Blancas 2024

Ribera del Cuarzo, Río Negro, Alto Valle — $52.500

El nombre del vino proviene de cómo Charles Darwin denominó, durante su paso por la Patagonia entre 1832 y 1834, a “las piedras con polvo blanco”: pátinas blancas. Se trata del primer blanco de la bodega, concebido bajo un enfoque de mínima intervención por la enóloga Eugenia Herrera. Está elaborado con uvas de la zona del río, en Valle Azul, a partir de una cofermentación de Sauvignon Blanc, predominante, y un pequeño porcentaje de Semillón. Sus aromas equilibrados anticipan un paso fresco, con notas de frutas blancas y toques cítricos.

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