
¿Ya conseguimos a Messi, pero ahora nos falta Tim Payne? ¿Cuántas comunes se necesitan para obtener una brillosa? ¿Cómo convencer al compañero de banco para que nos cambie la última figurita que nos falta de Marruecos? Estas preguntas pasaron a formar parte de la conversación familiar desde que el álbum y las figuritas del Mundial 2026 salieron a la venta.
Algunos padres se resistieron más que otros, pero la gran mayoría está involucrado en la titánica tarea de obtener los 980 cromos que hacen falta esta vez para completarlo.
PUBLICIDAD
El furor por las figuritas del Mundial se convirtió en un fenómeno que trasciende la simple colección y puede transformarse en una oportunidad para promover hábitos positivos en los niños, si se aprovecha la oportunidad.
Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que, más allá del entretenimiento, el álbum abre la puerta a aprendizajes que involucran valores, habilidades sociales y vínculos familiares.
PUBLICIDAD
La oportunidad pedagógica detrás del álbum del Mundial

Para comenzar, el médico psiquiatra infanto juvenil y subjefe del servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires, Andrés Luccisano (MN 122.284), considera que el álbum no es solo un juego, sino un verdadero “puente para conectar generaciones”. En ese sentido, señala que este ritual compartido permite en la familia un espacio de atención plena y destaca que “se promueven hábitos como la organización, la clasificación numérica y la constancia”.
El hábito más valioso -para él- es la comunicación. “Sentarse en el suelo a abrir un paquete genera un espacio de horizontalidad donde el adulto se despoja de roles rígidos y se inviste, por un momento, en un compañero con quien compartir”, afirmó Luccisano.
PUBLICIDAD
La médica pediatra y coordinadora de la Secretaría de Medios y Relaciones Comunitarias de Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), Ángela Nakab (MN 68.722), aporta en este punto que el álbum puede transformarse en mucho más que una colección: “Tenemos que verlo como una oportunidad para trabajar hábitos como la organización, la constancia, el cuidado de los materiales, la administración del dinero”. Y destaca que el proceso de completar el álbum enseña que algunas metas requieren tiempo y perseverancia, en contraste con la inmediatez que predomina en muchas experiencias infantiles actuales.
En ese aspecto, la médica psiquiatra infanto juvenil y directora del Departamento Infanto Juvenil Ineco, Andrea Abadi (MN 76.165), subraya el valor neurocientífico del álbum: “Las figuritas del Mundial son, desde la neurociencia, un recurso pedagógico de primer nivel que viene disfrazado de juego, y eso es exactamente su fortaleza”.
PUBLICIDAD
“El cerebro aprende mejor cuando está motivado, y pocas cosas motivan a un chico como algo que todos sus amigos también tienen. Lo que el álbum activa es el circuito de recompensa dopaminérgico: cada figurita que se pega genera una pequeña descarga de dopamina, que refuerza la conducta y sostiene el interés en el tiempo”, agrega.
Alternativa a las pantallas: el encuentro presencial y sensorial

El fenómeno de las figuritas representa una alternativa lúdica y sensorial frente al predominio de las pantallas. Luccisano señala que el contacto con el papel, el aroma del pegamento y el acto de hojear el álbum generan estímulos que las pantallas no logran reproducir. “Las pantallas hoy ofrecen una gratificación instantánea que suele saturar el sistema de recompensa de los chicos. El álbum propone algo distinto para esta época: una experiencia táctil, analógica y un disfrute tridimensional”, afirma.
PUBLICIDAD
Nakab coincide en que este encuentro presencial “invita a abrir paquetes, ordenar figuritas, pegarlas, revisar cuáles faltan, intercambiar las que son repetidas”, lo que promueve conversaciones y tiempo compartido. “No se trata solamente de reducir horas de pantalla, sino de ofrecer alternativas que generan mucho vínculo y disfrute”, afirma la pediatra.
Al respecto, Abadi remarca que el álbum “tiene algo que la pantalla no tiene: es táctil, es social y tiene un objetivo concreto y visible”. Para la especialista, acciones como pegar figuritas, ordenar las repetidas, ir al quiosco e intercambiar con un amigo “activan circuitos prefrontales que las pantallas, en su formato más pasivo, no estimulan de la misma manera”.
PUBLICIDAD
El intercambio de figuritas: una escuela social en miniatura

Tanto en la escuela como en los espacios públicos, el intercambio de figuritas se convierte en un escenario de aprendizaje social. Luccisano lo define como “una escuela de habilidades sociales en miniatura”, donde los chicos ensayan empatía, negociación, asertividad y gestión de la frustración. “Aprenden a argumentar, a ceder, a manejar el rechazo y a experimentar la cooperación mutua”, detalla el psiquiatra.
Nakab resalta en este punto que en el intercambio los chicos “aprenden a negociar, a esperar turnos, a dar argumentos, a defender sus intereses, a aceptar acuerdos y manejar los desacuerdos”. Además, desarrollan empatía al recordar las necesidades de otros y flexibilidad para buscar soluciones compartidas. “Son aprendizajes que difícilmente se adquieren de manera teórica y que surgen espontáneamente a través del juego y la interacción cara a cara”, explica.
PUBLICIDAD
Para Abadi, negociar un intercambio implica ejercitar la teoría de la mente, la regulación emocional y la comunicación. “El chico está practicando regulación emocional cuando tiene que aceptar un ‘no’. Está usando lenguaje para comunicar, persuadir, acordar. Está aprendiendo a leer señales sociales en tiempo real”, precisa.
La frustración y la espera: aprendizajes emocionales clave

La experiencia de no conseguir la figurita deseada o de enfrentar la escasez de paquetes representa, según los especialistas, una oportunidad para desarrollar tolerancia a la frustración. “La frustración no es un pozo donde los chicos se hunden, sino un escalón desde donde aprenden a saltar”, afirma Luccisano, quien recomienda validar la emoción del niño y acompañarlo en la espera para enseñar paciencia, tolerancia y resiliencia.
PUBLICIDAD
Nakab coincide en que frustrarse es bueno y necesario para el desarrollo. “El objetivo nuestro como adultos no tiene que ser evitar toda frustración, sino enseñarles que pueden atravesarla y pueden seguir adelante”, dice la pediatra, quien también advierte que la capacidad de espera varía según la etapa madurativa de cada niño.
Desde la perspectiva neurocientífica, Abadi resalta que “la tolerancia a la frustración no es una característica innata: es una habilidad que se construye, y para construirse necesita exposición graduada a situaciones donde las cosas no salen como uno quiere”. En su mirada, validar la bronca y sostener la espera, sin buscar resolverla de inmediato, fortalece la resiliencia.
El rol de los adultos: acompañar sin invadir

La intervención excesiva de los adultos al comprar todos los paquetes juntos o exigir perfección en el pegado puede privar a los niños de aprendizajes valiosos. “Detrás de ambas conductas suele haber una dosis de ansiedad adulta mal canalizada”, advierte Luccisano. Y considera que el valor del álbum reside en el camino recorrido y no en el objeto terminado, y que la imperfección también es testimonio de la experiencia infantil.
Nakab aporta que cuando las personas adultas resuelven todo demasiado rápido, se puede privar a los chicos de algunos de estos pasos y aprendizajes. Por eso, recomienda compartir el entusiasmo y ayudar solo cuando sea necesario, dejando que sean los chicos quienes negocien e intercambien.
Abadi destaca la importancia de que los chicos tengan autonomía durante el intercambio de figuritas. “Cuando el adulto cambia figuritas en el trabajo, negocia por ellos o les indica en el parque qué ofrecer y a quién, les quita algo fundamental: esa sensación de ‘yo pude, yo lo hice, yo lo resolví’”, sostiene. El rol del adulto, entonces, consiste en acompañar y estar disponible, sin anticiparse ni reemplazar al niño en ese proceso.
¿Y si no se llena el álbum, qué?

A diferencia de lo que se cree, para los especialistas, no completar el álbum no debe interpretarse como un fracaso. “Enseñarles a nuestros hijos que se puede disfrutar enormemente de un proceso aunque quede incompleto es un bálsamo para su salud mental futura”, considera Luccisano. Los recuerdos familiares, las meriendas compartidas y la complicidad con los padres forman parte del verdadero álbum que se llena: el de la memoria afectiva.
Nakab remarca que la experiencia no está únicamente en la última figurita, sino en todo lo que ocurrió durante el camino. Las expectativas, los intercambios y el tiempo compartido en familia y con amigos forman parte del aprendizaje. “El valor de una experiencia no depende exclusivamente de haber llegado al final”, considera la pediatra.
Para Abadi, “si no se llena el álbum, mejor”. Desde la neurociencia afectiva, la especialista sostiene que “un álbum incompleto al final del Mundial es la evidencia tangible de todo lo que pasó en el camino: las figuritas conseguidas con esfuerzo, las que nunca llegaron, los intercambios exitosos y los que no salieron bien, la espera, la ilusión, la decepción y la vuelta a intentar”. En definitiva, las memorias con carga emocional y compartidas con otros son las que más forman a los niños.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
De Londres a Buenos Aires: el gin celebra su día con estas cinco recetas fáciles de hacer en casa
Cítricos, hierbas y frutas abren el juego a nuevas combinaciones con este destilado que conquistó barras y reuniones, con propuestas que marcan el pulso de la coctelería actual en todo el mundo

4 mitos sobre una cocina ordenada que frenan la funcionalidad en casa
Especialistas en organización señalan por qué algunas ideas populares no funcionan en la práctica y proponen ajustes simples para ordenar mejor, facilitar tareas diarias y conseguir un espacio más eficiente

El arte de discutir: técnicas respaldadas por terapeutas para parejas más sanas
Especialistas sostienen que planificar la conversación, medir el estado emocional y pactar reglas reduce la tensión y mejora la escucha, al convertir desacuerdos comunes en instancias de vínculo y cooperación cotidiana

3 ejercicios de yoga que pueden aliviar molestias digestivas y mejorar el tránsito intestinal
Especialistas explican cómo compresiones suaves, torsiones y respiración profunda favorecen la movilidad del sistema digestivo y ayudan a reducir el malestar, con respaldo de evidencia científica y clínica

El detalle que transforma ambientes y suma luz en espacios reducidos
Consejos de expertas permiten aprovechar la versatilidad de este recurso para sumar luz, perspectiva y personalidad en cualquier rincón del hogar




