
Las melodías que identifican a cada época parecen acercarse unas a otras. La música occidental, rica en formas y estructuras durante siglos, mostró una tendencia reciente hacia la uniformidad y una mayor sencillez.
Un estudio publicado en la revista Scientific Reports detectó que la música clásica y el jazz, reconocidos por su riqueza y diversidad, se acercaron a las estructuras de los géneros populares actuales.
La música y su viaje hacia la sencillez sonora
El interrogante central para los investigadores Niccolò Di Marco, Edoardo Loru, Alessandro Galeazzi, Matteo Cinelli y Walter Quattrociocchi -de las Universidades de Tuscia, Sapienza de Roma y Padua- fue si la música perdió complejidad por el avance de la tecnología y la influencia de las plataformas digitales.
El equipo buscó rastrear si los algoritmos y el consumo inmediato de contenido musical modificaron la diversidad original.

Las plataformas digitales transformaron la producción y escucha de música. Se despertaron dudas sobre una posible pérdida de riqueza musical.
El estudio abordó además si, en la era del streaming, se produjo una simplificación de la estructura melódica y armónica.
Otros trabajos ya habían reportado una tendencia a la simplificación en letras de canciones y en la comunicación digital. Faltaba una evaluación cuantitativa y profunda de la estructura musical occidental a lo largo del tiempo.

El objetivo concreto fue “ofrecer una perspectiva cuantitativa sobre la evolución de la complejidad melódica y armónica en la música occidental” y verificar si la simplificación alcanzó la esencia de la música.
Así desmenuzaron la música para entenderla
El equipo utilizó el MetaMIDI Dataset, una base pública con más de 400.000 archivos MIDI, y seleccionó cerca de 20.000 piezas con datos de título, artista y género. Los archivos contienen información precisa sobre notas, duraciones y tempo, como si fueran un mapa digital de cada composición.
Cada pieza se representó como una red de nodos (notas) y enlaces (transiciones entre notas), lo que facilitó el análisis matemático de la estructura musical. Este método permitió medir la complejidad de cada obra mediante indicadores como densidad, reciprocidad y entropía.

La muestra incluyó seis géneros principales: clásica, jazz, rock, pop, electrónica y hip hop. El estudio observó que la música clásica y el jazz, aunque partían de una mayor complejidad, redujeron su diversidad estructural en las últimas décadas.
“La música clásica exhibe una tendencia descendente, mientras que el jazz muestra un aumento inicial de complejidad, seguido de una caída y estabilización”, señaló el equipo.
Identificaron que las diferencias entre géneros persisten, pero en los últimos años los valores de complejidad se acercaron, y la música clásica y el jazz se alinearon con los géneros populares.

Para asegurar la validez de los resultados, los investigadores emplearon modelos nulos y técnicas de inteligencia artificial para estimar fechas de composición.
El estudio también analizó los intervalos musicales característicos de cada género y aplicó UMAP, una técnica de visualización de datos, para observar la evolución de la diversidad musical a lo largo de las décadas.
La comparación de obras previas a 1950 con creaciones recientes mostró una complejidad mayor en el pasado y un proceso de simplificación y convergencia en la actualidad.
Rumbos futuros para investigar la música
El equipo sugirió sumar análisis de audio, texto y aspectos interpretativos a los datos de notas, para capturar dimensiones musicales que los archivos MIDI no contienen.
Entre las limitaciones, los investigadores señalaron que el análisis de notas excluye variables como el timbre, la producción y el contexto cultural, y que la inteligencia artificial aplicada a la datación puede tener márgenes de error.

La conclusión fue contundente: la música occidental reciente perdió complejidad estructural, aunque esa riqueza podría haberse desplazado a otras dimensiones aún no exploradas.
“Nuestros hallazgos abren vías para la investigación interdisciplinaria, uniendo musicología, ciencia de datos y sociología para indagar cómo los entornos digitales moldean la creatividad y el consumo”, concluyeron los investigadores.
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