
Según Joshua Becker, fundador de Becoming Minimalist, un espacio donde Joshua anima a cada lector a descubrir su propio camino y los beneficios de largo alcance que se derivan de poseer menos, la tendencia minimalista es una filosofía de vida que busca priorizar lo esencial eliminando aquello que distrae de lo verdaderamente importante.
“Crear un hogar minimalista comienza con un ejercicio de introspección. Este proceso implica identificar lo que realmente importa para reflejarlo en el entorno personal”, afirma Becker, quien destaca que este enfoque no solo libera espacio físico, sino también tiempo, dinero y energía.
El primer paso: ser intencional con lo que tienes

El minimalismo no se trata de reducir las pertenencias al mínimo, sino de conservar únicamente lo necesario para vivir. Según Becker, un espacio más despejado puede facilitar la concentración y reducir el estrés. Para lograrlo, sugiere comenzar con una limpieza profunda habitación por habitación, priorizando las áreas más utilizadas, como el living o el dormitorio.
“Animo a las personas a tomar una caja y bolsas, recorrer su hogar y deshacerse de todo aquello que ya no necesitan”, explica Becker. Una vez completada esta primera etapa, recomienda experimentar con lo que se podría prescindir. Por ejemplo, trasladar la mitad de los recipientes de la cocina al sótano o a la despensa durante un mes puede ayudar a determinar cuáles son realmente útiles. Al final del periodo, lo que no se haya extrañado puede ser descartado.
Becker enfatiza que este enfoque no solo simplifica la vida, sino que también reduce el estrés y permite enfocarse en lo que realmente importa. “El minimalismo libera dinero, tiempo y energía”, asegura.
Colores y texturas: más allá del blanco y negro
Una vez que el espacio ha sido depurado, el siguiente paso es considerar los colores y texturas que se utilizarán. Aunque los tonos neutros como el blanco, el negro y el gris suelen asociarse con el minimalismo, Becker señala que no es obligatorio ceñirse a esta paleta. “Debe ser lo que te inspire y te dé propósito”, afirma.
Sin embargo, mantener una gama cromática coherente puede facilitar la combinación de elementos y contribuir a un aspecto más armonioso.
Incorporar contenedores de guardado que se integren con la decoración del hogar. Esto no solo ayuda a ocultar el desorden visual, sino que también puede aportar un toque de estilo.
Organización: el arte de aprovechar el espacio negativo
Una vez que se ha reducido el número de objetos, es fundamental organizar lo que se ha decidido conservar. El espacio negativo, es decir, el área vacía alrededor de los objetos, es clave para crear una sensación de amplitud y luminosidad.
Al organizar un armario o un cajón, por ejemplo, dejar entre 2,5 y 5 centímetros de espacio alrededor de cada artículo, como zapatos o suéteres doblados. Esto no solo contribuye a un aspecto limpio y moderno, sino que también permite que cada objeto destaque por sí mismo.
Minimalismo y decoración: destacar lo que amas
El minimalismo no implica renunciar a la belleza o a los objetos decorativos, sino eliminar las distracciones para resaltar lo que realmente importa. Becker explica que este enfoque puede dar un nuevo protagonismo a piezas artísticas o esculturas que, de otro modo, pasarían desapercibidas en un entorno abarrotado.
Por ello, Becker recomienda deshacerse de adornos pequeños o que carecen de significado, en favor de objetos que realmente aporten valor emocional o estético.
Porque el minimalismo no se trata de privarse, sino de crear un espacio que refleje los valores y prioridades de cada persona. Como concluye Becker, “la vida mejora cuando posees menos cosas”.