
Las demencias actualmente representan una verdadera pandemia, con una prevalencia de cerca de 50 millones de personas en el mundo, y casi medio millón en Argentina. Dentro de sus causas, el 70 % de ellas son producidas por la enfermedad de Alzheimer, seguido de la causa vascular y otras llamadas neurodegenerativas, de las cuales hoy en día no existe cura.
“Existen muchas medidas de prevención que se pueden realizar a lo largo de toda la vida que podrían ser de gran ayuda para evitar el desarrollo de hasta aproximadamente un 40% de las demencias. Sin embargo, cuando una persona es diagnosticada de esta enfermedad, tenemos que saber que no todo está perdido”, afirmó la doctora Florencia Vallejos, miembro del Departamento de Geronto-Neuropsiquiatría y de la Clínica de la Memoria de INECO.
“Una vez instalada la patología, a pesar de no haber actualmente un tratamiento que erradique la enfermedad, sabemos que existen distintas estrategias que tienen como objetivo atenuar su avance o mitigar algunos de los síntomas. Es decir, que podrían mejorar la calidad de vida tanto de la persona con demencia como de su familia”, agregó el doctor Guido Dorman, también integrante del Departamento de Geronto-Neuropsiquiatría y de la Clínica de la Memoria de INECO.
A continuación, los profesionales de INECO, compartieron algunas sugerencias que podrían atenuar el avance de la enfermedad.

Es fundamental que los pacientes con deterioro cognitivo concurran a la consulta con un especialista en el tema, ya que la detección de comorbilidades médicas y su tratamiento adecuado en forma precoz, determinan muchas veces la evolución de la patología o la exacerbación de los síntomas.
Por otro lado, el especialista le indicará a la persona la toma de medicamentos específicos destinados a enlentecer la progresión de la enfermedad, así como también estrategias no farmacológicas que se sabe que atenúan y mejoran los síntomas tanto cognitivos como de la conducta, contribuyendo a sostener una buena calidad de vida a lo largo de la enfermedad.

Es necesario intentar sostener la mayor actividad mental posible, lo cual puede hacerse a través de tratamientos específicos, guiados con terapeutas, como por ejemplo: la estimulación neurocognitiva, la terapia ocupacional, fonoaudiología, musicoterapia, etcétera. Incluso, puede realizarse desde el hogar de la persona con demencia, estimulando la lectura, las actividades lúdicas, entre otras.
Lo importante es que estos tratamientos sean sostenibles en el tiempo y contribuyan a generar en la persona afectada una rutina activa, organizada, predecible y estimulada. Se trata de factores que están todos relacionados a una mejor evolución de la enfermedad.

Si bien la mayoría de las personas con deterioro cognitivo son adultos mayores, y eso conlleva un mayor riesgo (aunque no siempre) de tener además alguna limitación física, eso no debe ser un impedimento para estar activo físicamente de manera acorde y adaptada a la capacidad y recursos de cada persona.
Actividades tales como ir al gimnasio, hacer actividad física guiada con un entrenador personal, una caminata aeróbica acompañada por un cuidador o familiar, e incluso realizar algún deporte específico de manera regular, son actividades que favorecen la mejora en la salud cerebral y global del paciente.

El aislamiento genera sentimientos de soledad, provocando un peor desempeño cognitivo y pronóstico de la enfermedad.
Para evitar el aislamiento de la persona con demencia, es fundamental tratar de mantener sus vínculos sociales, fomentando reuniones o charlas con familia y amigos, así como su participación en actividades grupales. Si la persona está en un hogar, visitarlo seguido y planificar actividades por fuera de ese lugar.

Un punto fundamental a abordar en cualquier tratamiento integral del paciente con demencia, es la prevención del estrés del cuidador. Las personas que conviven y acompañan a una persona con demencia están sometidas a un intenso estrés de manera crónica. Esto, con mucha frecuencia genera síntomas de estrés y sobrecarga, que empeoran el vínculo con el paciente y, de esa manera, la evolución de la enfermedad.
Es muy importante que los cuidadores principales de personas con demencia se informen acerca de la enfermedad y adquieran herramientas para tratar a su familiar, tanto en la consulta con el médico, como asistiendo a grupos o talleres específicos para familiares.
Por otro lado, igual de importante es que puedan mantener una rutina con actividades significativas y que cuiden de su salud física y mental.
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