
Las personas que se ven a sí mismas como atractivas son más propensas a actuar de forma egoísta, incluso a expensas de los demás, según una nueva investigación. Es que, científicos de la Universidad Normal del Sur de China encuestaron a más de 1.300 personas para evaluar el grado de atractivo que creían tener, así como sus niveles de egoísmo.
Los que valoraban más su aspecto físico eran más propensos a actuar en su propio interés y se sentían con más derecho a recibir un trato especial.
“Nuestra investigación sugiere que, en lugar de mostrar reciprocidad tratando a los demás con amabilidad, las personas atractivas tienden a dar por sentado esos tratos y creen que tienen derecho a más. Evitar estos sesgos podría ser una solución fundamental para reducir el comportamiento interesado entre los individuos atractivos”, escribieron los autores.

Muchos estudios han demostrado que ajustarse al estándar de belleza mejora la percepción que la gente tiene de nosotros. Las personas atractivas son vistas como más inteligentes, seguras y dignas de confianza, en lo que se ha considerado un “pretty privilege” (privilegio bonito).
Para su estudio, publicado en Evolution and Human Behavior, los investigadores querían averiguar si ser atractivo puede influir en el comportamiento de una persona. “De acuerdo con la naturaleza autocumplida de ‘lo que es bello es bueno’ de la psicología social, los individuos atractivos deberían interiorizar los estereotipos positivos de quienes los perciben y, finalmente, desarrollar un comportamiento positivo como el que esperan los demás, actuando de forma agradable y desinteresada”, aseguraron.
Y añadieron: “Por el contrario, la perspectiva evolutiva del atractivo predice que los individuos atractivos actuarían de forma egoísta debido a un sentimiento de merecimiento derivado de su ventaja evolutiva y su poder de negociación”.

Los investigadores reclutaron a 1.174 estadounidenses del sitio web de distribución de trabajo Amazon Mechanical Turk (MTurk), así como a 129 estudiantes universitarios chinos. A todos se les pidió que participaran en cinco estudios distintos. En el primero, se les pidió que autoevaluaran su atractivo, su sentido de merecimiento y su interés.
En los cuatro estudios siguientes, se completaron estas mismas tres evaluaciones junto con otra tarea. En el segundo, también se les pidió a los participantes que repartieran boletos de una rifa entre ellos y un compañero, para ver si demostraban un comportamiento egoísta.
En el tercer estudio, los participantes que declararon tener un sentido de merecimiento superior a la media tuvieron que justificar por qué se merecen lo mejor de la vida y el respeto de los demás. En el cuarto estudio se pidió a los participantes que escribieran sobre una situación en la que se sintieran atractivos, o sobre una ocasión en la que fueron al supermercado. Se trataba de manipular lo atractivos que se veían a sí mismos y ver si eso les hacía actuar de forma más egoísta.

En el último estudio se volvió a manipular el atractivo autopercibido de los participantes mostrándoles imágenes de rostros poco atractivos, pero diciéndoles que son de aspecto medio. A continuación, se les pidió que jugaran al “Juego del dictador”, en el que uno de ellos (el dictador) recibe una dotación y luego decide hasta qué punto quiere repartirla con otro voluntario anónimo (el receptor).
Se les dijo que si decisiones serían anónimas, en la condición “privada”, o si serían vistas por otros jugadores, en la condición “pública”. Tras analizar los datos recogidos en estos cinco estudios, los investigadores descubrieron que quienes se percibían a sí mismos como más atractivos tenían un mayor sentido de merecimiento.
Estos individuos también actuaron de forma más egoísta en las tareas, lo que se cree que es resultado de su derecho. Los participantes que se sentían más atractivos como efecto de las manipulaciones experimentales, también demostraron un mayor egoísmo y sentido de merecimiento.

Tras todos estos datos, se llegó a la conclusión de que las personas atractivas tienden a dar por sentado su “privilegio” y actúan de forma egoísta en lugar de corresponder a la amabilidad que reciben. Sin embargo, es posible que éstos interioricen las suposiciones que hacen los demás, de que son “simpáticas y cálidas”, y las reflejen.
“En general, estos resultados apoyan un modelo en el que el atractivo físico influye en el comportamiento interesado, especialmente en las decisiones tomadas en privado”, concluyeron los investigadores.
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