
El sexo es un lenguaje. Queramos o no, en la cama estamos constantemente expresando emociones, sentimientos, deseos, etc. Watzlawick, desde la teoría de la Comunicación, establece uno de los axiomas básicos de la comunicación humana: “es imposible no comunicar”. Todo comportamiento es comunicación, el silencio es comunicación. Lo que hacemos, expresamos y decimos está emitiendo un mensaje. Tenemos dos vías a través de las cuales nos comunicamos: la comunicación verbal y la no verbal.
Empecemos por la no verbal. Ésta hace referencia a todo mensaje que se expresa por medio de gestos, signos o indicios; es decir, sin palabras. Incluye el lenguaje corporal, la postura, las expresiones faciales, el contacto visual, la apariencia. Cuando nos relacionamos con un otro estamos constantemente interpretando el lenguaje no verbal y somos apenas conscientes del nuestro. La seducción y el sexo brota de señales que nos guían en el camino.
El rostro de una persona que está tranquila y disfrutando se observa relajado y sonriente. Se diferencia del rostro de quien está asustado o en tensión. Es importante registrar si la otra persona nos esquiva tanto con la mirada, como con la cara o el cuerpo. Un cuerpo que se aleja y se cierra nos expresa incomodidad y rechazo. Un cuerpo que se abre y expande expresa apertura y disponibilidad. Podemos decodificar las emociones que se expresan a nivel no verbal pero tampoco podemos, necesariamente, llegar a una conclusión sin hablarlo previamente. La persona puede sentir rechazo por algo que estoy haciendo, o puede sentir nervios por el encuentro, o vergüenza por su propio cuerpo. Lo importante es reconocer si hay apertura y en caso de que no la haya, poner un freno e instalar el diálogo.

Cuando hablamos de lenguaje no verbal no hacemos referencia a la respuesta genital. Lo que leemos son los gestos y expresiones, no la respuesta de excitación, ya que en muchos casos no es concordante con lo que la persona siente.
Luego tenemos el lenguaje verbal: lo que decimos. Las palabras crean realidades y tenemos que ser responsables de nuestros dichos. A la hora del sexo nos vamos a basar en una premisa básica y universal: medir cada palabra.
Siempre recomiendo hacernos estas preguntas antes de hablar: “¿Le sirve al otro lo que le voy a decir? ¿Me sirve a mi? ¿Es constructivo? ¿Cuál es mi objetivo?
Algunas sugerencias para tener en cuenta a la hora de comunicarnos:
- No hacer apreciaciones físicas, salvo que sean positivas.
- De las apreciaciones positivas, hacer un montón. Nada más potente que decir cosas lindas en la cama. Le da confianza al otro, genera intimidad y seguridad.
- No caer en comparaciones: la sexualidad es personal, singular imposible de generalizar, menos aun de comparar.
- No opinar sin tener la información adecuada o si no nos preguntan. Muchas veces caemos en errores dando un tipo de diagnostico en comentarios del estilo “no es normal que no tengas orgasmos de esta manera”.
¿Qué nos puede ayudar en el diálogo sexual?

- Reconocernos desde nuestro lugar de vulnerabilidad e identificar si estamos tomando las cosas a título personal.
- No interpretar las frustraciones sexuales como rechazos, por ejemplo: “no se le paró porque ya no le gusto”. Muchas veces sacamos conclusiones apresuradas y ponemos nuestra autoestima en manos del otro.
- Tener información sexual adecuada para evitar las falsas construcciones. Por lo general la educación sexual que tenemos es escasa o errónea, hay que ocuparse de salir a buscarla.
- Preguntar antes de suponer. Escuchar la respuesta con apertura y empatía. Tener la capacidad de tolerar y comprender las diferencias. Nadie tiene razón. La sexualidad es personal y variada.
- Registrar la emoción desde donde estoy hablando: hacer una pausa para entender y poder poner en palabras. Si digo algo que hiere, reparar.
- Buscar expresarnos de la forma más clara posible. Acá el tabú del sexo nos juega una mala pasada. Por vergüenza y prejuicios sexuales esquivamos hablar de sexo con todas las letras y eso puede llevarnos a mucha confusión. Cuanto más explícitos seamos menos interpretaciones erróneas se sucederán.
Si la comunicación sobre temas sexuales no es algo que nos sienta cómodo, quizá podemos buscar momentos no eróticos para inaugurar el diálogo. Muchas veces la tensión que produce la excitación no nos permite expresarnos de manera adecuada. Además, la situación sexual nos puede hacer sentir expuestos y vulnerables, con lo cual aumenta la fragilidad. Podemos buscar espacios para hablar de lo que necesitamos en un momento en que estemos relajados y abiertos al diálogo.
Si no encontramos las palabras adecuadas podemos usar recursos externos ya sea un libro, un video, un articulo, algo que vemos en redes, y compartirlo. La única manera de mejorar la comunicación es con práctica. Estamos tan poco entrenados al diálogo sexual que eso nos oxida. El mejor camino es ir familiarizarnos e incorporar la práctica. Llegará un momento en que se presentará como una instancia natural e indispensable.
*Cecilia Ce es psicóloga, sexóloga y autora de los libros Sexo ATR y Carnaval toda la vida (editorial Planeta). En Instagram: @lic.ceciliace
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