Después del polémico paso de Dady Brieva, Fernando Pichu Straneo fue el invitado del martes de Los Mammones, el exitoso late nite show de América conducido por Jey Mammon. Como es habitual en el ciclo, la entrevista paseó por diferentes etapas de la carrera del humorista, desde los inicios en su Montevideo natal, pasando por su llegada a la Argentina para unirse a la trouppe de Marcelo Tinelli en VideoMatch y la consagración definitiva con los más de diez años en pantalla de Peligro: Sin Codificar, donde mostró todo su repertorio actoral.
Con su histrionismo clásico, su versatilidad para las imitaciones y sus infaltables gags como el de la cañita como aspectos principales, la entrevista se nutrió también de anécdotas en primera persona de su largo recorrido en el mundo del espectáculo. La más destacada surgió a partir de la llamada “Pregunta Mammona”, en la que un amigo da pie al relato. En esta oportunidad fue su colega y compatriota Sebastián Almada, que preparó el terreno para una historia que involucra a dos de las estrellas de cine más importantes del último tiempo que casi termina en las páginas de policiales.
Pichu acusó el recibo y pasó a contar su parte de la historia. Primero armó el cuadro de situación. Una banda de humoristas sueltos en Nueva York, circulando en una camioneta cuando de repente al pasar por el Rockefeller Center, algo les llama la atención. Una pista de patinaje toda iluminada, reflectores por todos lados. “Acá están filmando una película”, pensó el actor y empezó a los gritos hasta detener el vehículo.
La situación era lo que cualquier turista aficionado al cine sueña con que le pase al pasear por Nueva York: encontrarse con un set de filmación en plena calle. Bajaron de la camioneta y la intuición de Pichu era la correcta, pero no era cualquier película. Los actores eran ni más ni menos que Richard Gere y Wynona Rider, y la película en cuestión, Otoño en Nueva York, una clásica comedia romántica.
Luego de bromear acerca del parecido del actor estadounidense con su amigo Pachu Peña, Pichu contó que querían llevarse un recuerdo de uno de los galanes del momento. Eran los finales del siglo pasado, no había celulares ni selfies y el humorista sintió que con un saludo del actor se conformaba. Para ello, optó por la forma más primaria de comunicación, el grito, ayudado por la palma de la mano para hacer un efecto megáfono y lograr llegar a oídos de Gere, que estaba a una distancia importante.
“Richaaard, Richaaaard” gritaba una y otra vez el humorista, pero en lugar de la mirada del galán solo conseguía el llamado a silencio del staff técnico y del resto de curiosos que observaban la filmación. Hasta que en un momento el actor de Mujer bonita acusó recibo y les devolvió un gesto, más de fastidio que de aprobación. Pero para el grupo de actores uruguayos era todo lo que necesitaban, y lo festejaron como una hazaña digna del Maracanazo, en este caso, Manhattanazo.
“Nos saludó Richard, nos saludó Richard”, se abrazaban incrédulos y a los gritos, hasta que llegó la ley y los llamó al orden. Hubo un momento de tensión en el que la barrera idiomática tampoco ayudó para calmar las aguas. Finalmente, se pusieron de acuerdo y la cosa no pasó a mayores. La filmación siguió su curso y el grupo de turistas se trajo una anécdota más para el baúl de los recuerdos.
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