Roxana, la hermana de Pablo Echarri recordó a su padre a 17 años de su muerte: “Esa sonrisa que iluminaba mis días”

En una sentida carta abierta, evocó la sonrisa, la fortaleza y el legado de Antonio, quien sobrevivió a un secuestro extorsivo en 2002 que le dejó secuelas físicas y emocionales

Un hombre mayor con camiseta azul saluda con las manos levantadas mientras otro hombre más joven sonríe a su lado de perfil
Antonio Echarri sobrevivió al secuestro extorsivo de 2002 y murió en noviembre de 2009
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A 17 años de la muerte de Antonio Echarri, su hija Roxana lo recordó con un mensaje íntimo, atravesado por el afecto y la memoria de los días que marcaron a su familia para siempre. El padre del actor Pablo Echarri murió en noviembre de 2009, luego de años en los que su salud quedó afectada, según el relato de sus seres queridos, por las secuelas de un secuestro extorsivo que lo mantuvo cautivo durante una semana en 2002.

“Un día como hoy hace 17 años pasaste a la inmortalidad, Antonio de nuestra alma”, escribió Roxana en su cuenta de Instagram. Y aclaró: “La inmortalidad porque no hubo un día que no te recuerde ni que te sienta al lado mío”.

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Captura de una publicación de Instagram con la foto de un hombre mayor con camiseta azul con las manos levantadas junto a un hombre más joven
Roxana Echarri homenajeó a su papá Antonio con un mensaje íntimo: “Pura luz, puro sol”

Sus palabras reconstruyen la figura de un padre que continúa presente en la vida cotidiana de sus hijos, mucho después de su muerte. “Hace mucho igual que no te sueño, se ve que estarás en algunas misiones o yo pensando demasiado en cuestiones terrenales perdí la antena”, expresó. En ese mismo mensaje, lo definió como alguien que dejó una huella en quienes lo conocieron: “Tocaste tantos corazones cuando fuiste humano, todavía sos guía en la vida de muchos de ellos”.

“Tuve que negociar la vida de mi papá”

Personajes - Pablo Echarri
Antonio Echarri sigue presente en el corazón de su familia: el sentido homenaje de Rosana

La mañana del 24 de octubre de 2002, Antonio Echarri, de 66 años, fue secuestrado mientras atendía su puesto de diarios y revistas en el barrio de Crucecita, en Avellaneda. Había llegado en colectivo porque meses antes le habían robado el auto. Sus captores se comunicaron con su hijo Pablo y exigieron inicialmente USD 100.000 para liberarlo, mientras amenazaban con matarlo si advertían presencia policial cerca de la familia.

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El caso tuvo una enorme repercusión pública en un contexto marcado por una sucesión de secuestros extorsivos en la provincia de Buenos Aires. La preocupación era mayor porque Antonio padecía problemas cardíacos y diabetes. La familia, bajo presión, atravesó una negociación que Pablo Echarri recordaría dos décadas más tarde como una experiencia que alteró profundamente su vida.

“Son situaciones que ningún ser humano está preparado para sufrirlas. A mí me tocó negociar la vida de mi papá”, contó el actor en 2023, al rememorar aquellos días. “A cada paso sentía que en esa negociación podía llegar a lograr todo lo contrario y eso me desesperaba”, dijo en distintas entrevistas Pablo Echarri, quien siempre habló a corazón abierto del momento más duro de su vida: “Tuve que negociar la vida de mi papá”.

Fotografía de un hombre y una mujer abrazados, con un corazón rojo en el centro y textos en franjas rosas superior e inferior
Roxana Echarri recordó a su padre Antonio con una carta íntima, a 17 años de su muerte

El 29 de octubre, Pablo entregó casi USD 200.000 de rescate, de acuerdo con la cobertura publicada en ese momento. El pago no selló de inmediato la liberación. Una parte de la banda que había intervenido en el cobro se quedó con el dinero y traicionó al grupo que mantenía cautivo a Antonio. Mientras su familia aguardaba noticias, los delincuentes volvieron a reclamar fondos y el caso sumó horas de incertidumbre. Los billetes habían sido fotocopiados antes de la entrega y la Policía recuperó una parte sustancial del monto durante los operativos posteriores.

La liberación llegó tras siete días de cautiverio

Página de periódico con una fotografía nocturna de dos hombres en una terraza y un artículo con titulares impresos debajo
La tapa de Clarín el día después de la liberación de Antonio Echarri

Finalmente, la noche del 31 de octubre de 2002, efectivos de la Policía bonaerense rescataron a Antonio Echarri de una vivienda de Corimayo, en el partido de Almirante Brown, donde había permanecido secuestrado durante siete días. Dos hombres que lo custodiaban fueron detenidos. La investigación estableció que los vigiladores intentaban huir luego de saber que sus cómplices habían sido arrestados y se habían quedado con el rescate.

Tras ser revisado por un médico y declarar ante el juez federal Manuel Humberto Blanco, Antonio volvió a su casa de Villa Dominico. Allí salió a la terraza, saludó a los vecinos y se abrazó con Pablo. La escena, registrada por las cámaras de televisión, quedó asociada al desenlace de una semana que mantuvo en vilo a la familia y a buena parte del país. La crónica de aquella noche consignó además que la Policía había recuperado USD 175.000 y detenido a ocho sospechosos.

Personajes - Pablo Echarri
Antonio Echarri, el padre que sigue vivo en el alma de sus hijos

Para Pablo, aquel episodio implicó una ruptura con su manera de entender el mundo. “Esa semana tuve una pérdida de ingenuidad en tiempo récord y fue lo que construyó al hombre que vino en los tiempos posteriores”, afirmó años después.

En su escrito reciente, Rosana volvió sobre ese dolor desde una memoria familiar que no se detiene en el cautiverio ni en las consecuencias físicas que, según expresó, padeció su padre. “Me queda este tiempo un poco la bronca de pensar que te fuiste muy pronto, que todavía tenías carrete para andar, con esa sonrisa que iluminaba mis días”, escribió.

Antonio Echarri y su nieta Morena, hija de Pablo y Nancy Dupláa
Antonio Echarri y su nieta Morena, hija de Pablo y Nancy Dupláa

También evocó la entereza de Antonio después de aquel trauma: “Ese secuestro, que nos trajo el milagro, también se cobró con tu salud, te cayeron todas las facturas juntas. Pero qué campeón cómo atravesaste todo, hasta que te vi iluminarte y volar como esa alma inmensa que sos, pura luz, puro sol”.

El mensaje concluye con una despedida que vuelve a ubicarlo en el centro de la familia: “Te amo, viejo, siempre estás vivo en mi alma, hasta que nos volvamos a encontrar y retomemos nuestras misiones. Fuiste y serás mi mejor gamba. Gracias por cuidar siempre a nuestros hijos y a nosotros. Para mí siempre serás el águila guerrera más alta de todas”.

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