Era un forastero. Un alma desbordada. Un cuerpo arrojado al límite de las cosas. Luca Prodan, el hombre que huyó de la aristocracia romana y de los rigores de un colegio escocés, que descendió a los infiernos de la heroína en Londres y resucitó entre las sierras cordobesas con una guitarra en la mano y una botella de ginebra en la otra. La historia, tan real que parece producto del mejor de los guionistas, se vio reflejada en las últimas horas en un artículo de The Guardian. Allí, además mencionar la leyenda de la pelea con el Rey Carlos III, revelan el título de su esperada biopic.
La película la dirigirá Armando Bo, el mismo que escribió Birdman y se llevó un Oscar por ello, quien sintetizó en una frase su devoción por el artista romano: “Luca cambió la historia de la música”. El filme llevará por título Time Fate Love (en castellano, Tiempo Destino Amor) como aquel disco póstumo publicado en 1996 que reunía grabaciones de sus años místicos en Córdoba, cuando aún no existía Sumo, cuando todavía no era el dios del punk argentino -tal como lo denominó el periódico inglés-, pero ya estaba escribiendo su leyenda.
El elegido para interpretarlo es Peter Lanzani, además de codirector del proyecto, que promete “llegar al alma, a la esencia de Luca”. No será fácil. El cantante fue muchas cosas, pero nunca simple. Lo entendió el medio británico que esta semana lo redescubrió con asombro y publicó una nota que lo retrata así: “Un heroinómano escocés-italiano que bebía ginebra y que hizo arder la escena musical argentina, desconcertando a la Junta militar”.
Esa frase es apenas una puerta. Detrás hay un vendaval. A los 17 años, Luca vendió un rifle para escapar del colegio Gordonstoun, en el norte de Escocia, el mismo donde estudió el entonces príncipe Carlos. ¿Leyenda? ¿Realidad? Andrea Prodan, su hermano menor, alimenta el mito en la nota reflejada en el periódico con algo de candor: “Tuvimos a la policía buscándolo por toda Europa durante dos meses y medio”. Lo rastreó la Interpol. Lo encontraron. Tras ello lo obligaron a hacer el servicio militar en Italia. Desertó. Volvió a huir.
¿Y lo del actual rey? Andrea duda, pero sonríe: “Al parecer, tuvo una pelea a puñetazos con el rey Carlos. No sé si esto forma parte del mito, pero me lo imaginaba”.
En Londres desempeñaba labores en la cadena de disquerías Virgin, interactuando con bandas prominentes del rock “new wave” inglés de finales de los setenta. Fue en esta ciudad donde formó su primera banda de rock, The New Clear Heads. Sumado al éxito musical, su vida personal comenzó a desmoronarse debido a su adicción a la heroína, una experiencia que empeoró con la pérdida de su hermana Claudia, quien se suicidó en 1979.

Profundamente afectado, Prodan cayó en coma tras una sobredosis y, al recuperarse, decidió cambiar el rumbo de su vida. Se trasladó a la Argentina, en 1980, motivado por unas fotos enviadas por su amigo Timmy McKern.
Luca, el prófugo. El que nunca aceptó un uniforme. El que llegó al país buscando salvarse de sí mismo. Y vaya si lo logró.
A comienzos de los años 80, Argentina era en teoría un paraíso para una persona que debía intentar desintoxicarse tras varios años de adicciones. Y entonces apareció este extranjero con acento raro, melena desordenada, pantalones ajustados y una urgencia desesperada por hacer música.

En Hurlingham, armó su primera banda. Su estilo era inclasificable: reggae, punk, funk, poesía delirante. Un fuego abrasador. La gente bailaba, transpiraba, se descontrolaba. Los militares no entendían. Pero arrestaban. Y Luca seguía tocando.
Su magnetismo era brutal. Sudaba verdad. Gritaba contra todo. Murmuraba versos de amor, de locura, de desolación urbana. Cantaba en inglés. Después, en un castellano deforme y bellísimo. No pedía permiso. No daba explicaciones.
Murió en diciembre de 1987. Tenía 34 años. Ahora, treinta y ocho años después, su historia resucita en el cine. No como un producto, sino como un acto de justicia poética.

Time Fate Love no será solo la biografía de un músico. Será el retrato de una época, de una juventud que buscaba sentido entre las ruinas, de una Argentina que adoptó a un forastero como propio. “En tan solo seis años, Argentina lo aceptó como uno de los suyos”, explicó Andrea. “Tuvo la fuerza para entrar en la mitología argentina. Y lo consiguió, junto a Maradona y Evita Perón”.
Junto con la película, se viene también un documental dirigido por Luca Lancise, cineasta y periodista italiano, que se estrenará el año próximo. Será otra forma de mirar a Luca. De intentar entenderlo. De escuchar su grito, otra vez, como si nunca se hubiera ido. Porque, en realidad, Luca no murió.
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