En medio del brillo y las sombras que dejó su paso por Gran Hermano, Catalina Gorostidi se convirtió nuevamente en tendencia. Esta vez, no por estrategias dentro de la casa ni por enfrentamientos afuera, sino por las críticas despiadadas a su cuerpo, una exposición que refleja los peligros de la superficialidad en redes sociales. Desde Punta del Este, donde buscaba escapar del dolor de su reciente separación de Joel Ojeda, la joven compartió imágenes disfrutando de la playa, antes de tomar un vuelo en helicóptero y aprovechando las distintas atracciones que tiene el balneario uruguayo. Pero lo que debía ser un espacio de alivio se transformó en una tormenta de comentarios.
Las fotografías en bikini que subió a sus perfiles desataron todo tipo de reacciones. Algunos, bajo el paraguas de la admiración, le pedían secretos de dieta. Otros, en cambio, lanzaron comentarios crueles, cuestionando su delgadez y llenándola de etiquetas hirientes como “anoréxica” o “asquerosa”. Catalina, lejos de quedarse callada, decidió enfrentar estas críticas y hablar con el corazón abierto sobre sus problemas de salud en el programa All Access, transmitido por el stream de Telefe.

“Me están hateando absolutamente por flaca ahora”, confesó Catalina, al revelar cómo las críticas a su cuerpo fueron una constante en su vida desde los 17 años. “Me pesé un día y era más de lo que pensaba. Ahí empecé a bajar, bajar, bajar... y así comenzaron mis trastornos alimenticios. Esto es algo que tiene altos y bajos. Un día te sentís bien, otro día te caés. Y luego están los comentarios: ‘Qué hermosa, pasá la dieta’, o al contrario: ‘Qué anoréxica, inmunda’. Aumentás dos kilos y ya empiezan: ‘Otra vez gordita’”, detalló al dejar en claro que los comentarios, aunque intenten ser a favor, a veces repercuten de manea especial en el receptor.

Las palabras, lejos de ser solo opiniones aisladas, actúan como balas en una guerra silenciosa. Catalina recordó, por caso, que tras su salida de Gran Hermano las observaciones sobre su apariencia se hicieron insoportables: “Sabían que yo había tenido trastornos alimenticios, que a los 18 años casi me ponen una sonda nasogástrica porque ya no podía comer sola. Salí y comenzaron: ‘Tus piernas, esto, lo otro’. Es una enfermedad mental que nunca se va”, al detallar cómo la falta de tacto del otro lado puede inferir en uno.
Pero no es solo eso, ya que además del impacto psicológico, la exparticipante enfrenta un desafío físico. Explicó que padece rabdomiólisis, una enfermedad grave que afecta sus músculos y limita su capacidad para realizar actividades físicas. “No puedo hacer ejercicio. Si lo hago, las enzimas del músculo suben y pueden afectar mi riñón. Es todo un combo complicado”, expresó con sinceridad.
La enfermedad, que recientemente la llevó a estar internada, se suma al peso emocional que conlleva vivir bajo el escrutinio público. En este proceso, la joven médica encuentra refugio en la terapia psicológica: “Lo estoy tratando con mi psicólogo, que lo amo”, al explicar la necesidad de buscar ayuda en estos casos tan sensibles.

La confesión de Catalina es un grito de alerta sobre los efectos de la cultura de la imagen y la violencia en las redes sociales. La delgada línea entre admiración y crítica puede ser devastadora, en especial para quienes ya cargan con un historial de vulnerabilidad. Su testimonio no solo expone su dolor personal, sino que también refleja la lucha de muchas personas que enfrentan trastornos alimenticios o enfermedades invisibles mientras son juzgadas por su apariencia.
“Te dicen de todo, sea lo que sea”, concluyó la joven al dejar al descubierto una verdad incuestionable: la crueldad de las palabras puede ser tan destructiva como cualquier enfermedad en momentos en que desde todos los sectores se continúa tratando de generar conciencia y cambiar ciertos patrones de conducta, como el hecho de cuestionar los cuerpos ajenos.
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