Estudios de Polka en Don Torcuato, 13.00 horas. Carry on o bolso en mano, comienzan a llegar los jurados de Canta Conmigo Ahora. Lejos de los extravagantes looks que se ven en pantalla, por el momento es todo jogging, a lo sumo algunos tienen maquillaje, lo que los deschava, ¡están a medio cambiar! Algunos estacionaron el auto en las inmediaciones de la productora, otros cual excursión escolar llegan en grupo en una combi desde la ciudad de Buenos Aires.
El punto de encuentro, la amplia carpa detrás del estudio donde Marcelo Tinelli y LaFlia graban el show más grande de la televisión. El gran gazebo, que cuenta con aire acondicionado o calefacción, sillones y heladeras, oficia de camarín. Allí aproximadamente 80 de los cien jurados se cambian, maquillan y peinan, pero también comparten momentos. Cande Tinelli, Coti, Manuel Wirtz, el Puma Rodríguez, Cristian Castro, el Bahiano, el Tirri, el Polaco y la Bomba Tucumana, son algunas de las figuras que tienen sus camarines aparte, dentro del edificio.
Cada artista tiene un locker asignado donde guarda sus pertenencias, detrás de ellos, unos probadores donde se cambian, aunque muchos acostumbrados al teatro y ya en confianza, lo hacen sin esconderse. Además hay sillones que forman varios livings, un piano rodeado de guitarras, un acordeón y timbales, mesas con banquetas y heladeras.
Una docena de muebles maquilladores o camarines con espejo y luces, están dispuestos al rededor de toda la carpa. Allí cada uno se peina y maquilla para la ocasión. Sobre si hay peleas o conflictos ya que hay ocho veces más personas que tocadores, la respuesta es “no”. “Somos como una familia, en donde ya sabés quién tarda más en bañarse y ya te organizas en base a eso antes de salir”, dicen los cantantes, muchos de los cuales se conocieron en el programa, aunque no parezca.
Aunque casi todos se arreglan solos ya que parte de su oficio implica estar siempre listos para subir al escenario, pueden ir con un asistente que los ayude. Siempre al pie del cañón, en la carpa está Nadia Mikaela, lista con su valija de cosméticos para para quien la requiera. De todas formas, en una mega producción donde nada está librado al azar, si alguien necesita un nuevo retoque en el maquillaje, pelo o vestuario una vez en el estudio, la gente de la Flia lo asiste.
A trabajar...
“¡Jurados! Al estudio a grabar”, se lo escucha a un productor reunir a la gente y ya alistados, cada uno va a su puesto de trabajo. Cual batalla naval, los espacios tienen coordenadas, de A1 arriba a la izquierda a F100 abajo a la derecha, para que cada uno sepa exactamente dónde ubicarse ya que los lugares pueden variar según ausencias o invitados especiales. Las escaleras para subir a los estrados, también están señalizadas, lo mismo que los asientos que están numerados. Como en el teatro, pero acá no hay acomodador, sino un productor por cada hilera, y cada uno es responsable de su puesto.
Aunque pueden subir con bebidas o teléfonos celulares, la mayoría lo hace en modo “manos libres”. En sus asientos los esperan sus micrófonos, que ellos mismos se ponen o asistiéndose entre sí. Durante los cortes, reina la buena onda entre el centenar y muchos se dan vuelta para hablar con el que está arriba, o agitan las manos para pasarse un mensaje.
Locho y Manuel Wirtz, a quien sus compañeros apodaron “el delegado”, son de los que más charlan en los ratos libres, aunque el ex participante de El Hotel de los Famosos, también está atento a la tribuna y le hace ojitos a su flamante novia que fue a verlo, Majo Martino.
Comienza la música y lo que se ve en televisión, es tal cual. Una energía inexplicable se apodera del estudio y cada uno que se comienza a cantar (unas pantallas gigantes apuntan la letra de la canción, pero la mayor parte de las veces no hace falta) siente el tema como propio.
Una gran familia
Terminan las grabaciones y hasta dentro de una hora que comience la de la emisión siguiente, los jurados regresan a sus camarines o a la carpa. Todos se llevan bien y no hay conflictos. Espontáneamente, en un sector se formó la ronda del mate, liderada por Magui Olave (prima de Rodrigo Bueno) a quien sus compañeras definen un poco como la organizadora, aunque ella bromea y dice que no es así.
“Siempre nos juntamos en este sector y charlamos de todo, también de lo que pasa en el programa”, contó Melina De Piano, que dijo que es tan fuerte la energía que hay en el piso, que muchas veces necesitan el tiempo entre grabaciones para relajar. En la ronda en la que entran y salen constantemente personajes, están también Chowi embarazada de ocho meses, Antonela Cirilo, Natalia Bazán, Sol Montero, Lucas Lopardo y Marisol Otero, entre otros. Mientras, aprovechan para comer medialunas, torta de ricota, sandwich de miga y otras cosas que encontraron en las mesas de la carpa, donde en una barra se sirve agua, café, té y champagne.
A un costado Alito Gallo se adueñó del piano y a su lado sus compañeros lo siguen, guitarra en mano. Ivan Nilson explicó que es algo espontáneo, que siempre entre programa y programa se acercan a los instrumentos y empiezan a hacer música. Anita Co, celular en mano, recorre las rondas musicales que se formaron en varios sectores y se suma no solo cantando, sino también grabando.
En medio de la carpa Locho Locsiciano charla muy concentrado con Majo Martino que fue a visitarlo. El chico que desde hace meses viene cumpliendo sueños tiene una sonrisa que excede su cara, es como se lo ve en pantalla.
La gente sigue entrando y saliendo de la carpa que tiene las puertas abiertas a quien quiera pasar y saludar. Es que, aunque muchos artistas tienen camarín propio, suelen pasar a visitar, como L-Gante o el Polaco, que esta vez fue a almorzar al bar con Román, de El Original. En el comedor, Ale Paker también está comiendo con algunos compañeros y varias mesas atrás están Ana Paula, Brenda Aliendro y Marcela Wonder que comparten el rato y cuentan que es todo espontáneo, hoy están ellas tres, pero “cualquier nuevo comensal es bienvenido”, invitó la cantante e integrante de Sex que el jueves además se presentará con su música como solista en el Gorriti Art Center.
El clima es de camaradería total, todos coinciden en que no hay celos ni competencia y que parte de lo divertido de grabar con colegas artistas es la pasión que los une, que se traduce en un ambiente agradable, en el que cualquiera puede empezar a cantar sabiendo que no tardará en conseguir adeptos y donde se pueden sentar a comer con quien quieran, como si se conocieran de toda la vida... o de hace dos minutos.
Los participantes que quedaron en el podio, tras hacer su performance, se mezclan con el jurado en el amplio jardín verde que une la carpa con el estudio y el bar y se saludan, porque más allá de que hoy la vida los puso como jurados y concursantes, saben que son colegas. “Felicitaciones”, le dijo el rabino Darío Sayegh a uno de los cantantes que pasó ese día y saluda afectuosamente a la esposa y a las hijas, que aprovechan a correr por el pasto.
Cuando están por cumplirse 60 minutos del receso, muchos vuelven a las carpas a retocar el maquillaje y cambiarse un poco el peinado y la parte de arriba de su atuendo para que la magia de la televisión no se pierda... son dos emisiones de dos días distintos. Y de a poco, regresan a sus puestos.
Fin de fiesta
Al terminar la segunda grabación de la jornada, los casi cien jurados vuelven a su carpa. Como cuando se prenden las luces y se apaga la música de un casamiento, toman sus cosas, se abrigan -muchos de ellos ya no se vuelven a cambiar-, se sacan los tacos para disfrutar de la comodidad de las zapatillas y se dirigen hacia la salida.
“Qué bueno estuvo el último participante”, “Me gustó tu comentario”, “¿Mañana a qué hora?”, “¿Cómo te vas ahora?”. Ya es de noche, la jornada fue larga, pero gratificante. El predio de Don Torcuato va quedando de a poco vacío. Sólo queda el eco de las canciones que sonaron durante el día. A casa, mañana será otro día para volver a cantar...
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