
—Diego quiere que le hagas un tatuaje.
—¿Quién es Diego?
—Diego Armando Maradona
—¿Cuándo?
—Ahora
“Dalma mi vida” en el antebrazo izquierdo y “Gianinna mi vida” en el derecho son dos de los tatuajes más emblemáticos de Diego Maradona que en su piel supo plasmar a Fidel Castro, las Islas Malvinas, un corazón que compartía con Villafañe y el nombre de Jana, entre otras cosas. Como una marca registrada, aquellas inscripciones que llevó consigo durante 16 años fueron fotografiadas por el mundo entero y fueron realizadas en uno de los viajes del Diez a Cuba.
Agustín Mederos Guerrero fue el autor de la obra. Esa tarde estaba llegando a su casa y un taxi lo esperaba en la puerta, una mujer bajó y le hizo la propuesta que recién creyó minutos después cuando el ídolo se acercó al lugar. Eso fue en el año 2004, cuando Maradona se encontraba en la clínica La Pradera de La Habana. El artista se disponía a preparar las tintas y las agujas cuando lo escuchó entrar a Diego, que como el niño eterno que siempre fue, llevaba en brazos una pelota de fútbol con la que se puso a hacer jueguitos.
Pelusa no fue por un diseño, quería “varios” y luego de ponerse de acuerdo, el tatuador se trasladó con sus equipos a la clínica para hacer su trabajo. Durante tres días tuvo el privilegio de inmortalizar los nombres de las hasta ese entonces únicas hijas reconocidas del Campeón del Mundo 1986, Dalma y Gianinna. Utilizó el color negro y una tipografía estilo antiguo ornamentada.
En ese momento el tatuador tenía 26 años y hacía once que se dedicaba al arte de las agujas y la tinta. A los quince había hecho un dragón de Mortal Kombat a un hombre con un método casero, recién años después un familiar le trajo del extranjero una máquina profesional, con la que inmortalizaría las mencionadas inscripciones en los antebrazos del ídolo.

“Este momento tuve una fortuna de haber tocado al pibe de oro, Diego Armando Maradona, gracias mi amigo, saludos”, escribió el artista en su cuenta de Instagram en el 2019 al recordar aquel encuentro. Años después de haberlo tatuado, en otro viaje de Diego a la Isla se reencontraron y se fotografiaron nuevamente, imagen que compartió con tristeza el 25 de noviembre del 2020: “Tuve la dicha y con orgullo de conocerlo. Pero hoy tuve la desagradable noticia del fallecimiento de mi amigo. El más grande de los tiempos, que en paz descanses amigo”.
Al momento de realizar los tatuajes de sus hijas en sus brazos, Maradona ya hacía cuatro años que iba y venía de Cuba con la idea de rehabilitarse. Antes de ese viaje, habló con los medios y dijo: “Me voy triste porque dejo a mis hijas y a la gente que me quiere. Pero viajo en busca de un futuro inmediato mucho mejor. Lo bueno es que no tengo que escaparme de nadie y eso me da una tranquilidad enorme”. Tal vez extrañó por demás a las chicas y fue eso lo que lo llevó a decidir plasmarlas en su piel, para poder tenerlas un poco más cerca a pesar de los casi 6.900 kilómetros que separan a La Habana de Buenos Aires.

Para ese entonces él ya tenía los dibujos de Fidel Castro y el Che Guevara en sus hombros. “Las nenas” como muchas veces él las llamaba, no fueron las únicas herederas que se tatuó, también lo hizo muchos años después con Jana a quien reconoció siendo ella ya adolescente y entre sus mujeres se tatuó el nombre “Rocío”, por Oliva. Además, el Diez compartía un pequeño corazón con Claudia Villafañe, Dalma y Gianinna. Él se lo hizo en el mismo brazo en el que tenía inscripto el nombre de la menor de las chicas y donde más tarde sumó el de su nieto mayor, Benjamín.


El 5,6 y 7 de julio se celebrará el Segundo Encuentro Internacional de Tatuaje y Perforación de Santiago De Cuba, en el marco de la 41 Edición del Festival del Caribe en la que por supuesto, participará Agustín, el autor de “Dalma” y “Gianinna” quien junto con colegas trabaja para que su labor sea legalizada por el Gobierno mediante la creación de la ACATP (Asociación Cubana de Artistas del Tatuaje y Perforación). Vitelio Manuel Ruiz Miyares, organizador del encuentro y representante del tatuador, quien relató a Teleshow la experiencia de Diego en el estudio de tatuajes en el barrio Buena Vista contó sobre este arte en La Habana: “Antes se consideraban desagradables y peligrosos. Actualmente aquí lo artistas de tatuajes gozan de prestigio”.
Aunque el cuerpo de Diego era un lienzo lleno de dibujos e inscripciones, los tatuajes de “Dalma” y “Gianinna” son sin dudas uno de los más emblemáticos y conocidos que tuvo y que representan también un momento particular de su vida, en el que lejos de ellas, intentaba luchar contra una adicción que lo tenía atrapado desde hacía años. Tal vez así, lograra achicar la distancia y al mirar sus antebrazos se pudiera sentir como en casa, cerca de dos de las personas que más amó.
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