Yuval Noah Harari advirtió que la inteligencia artificial ya dejó de ser una herramienta para convertirse en un agente capaz de tomar decisiones, planificar y generar soluciones sin instrucción humana directa. En una entrevista con el diario español El País, el historiador israelí señaló que el sistema financiero global podría quedar bajo control de sistemas de IA en un plazo de cinco a diez años, siempre que cambien las regulaciones que hoy lo impiden.
La distinción que Harari trazó desde Lisboa es de fondo: una herramienta no decide, un agente sí. “Una herramienta está en tus manos... un cuchillo no puede decidir si se usa para herir a alguien o para cortar una ensalada”, afirmó , y contrastó esa imagen con la de un dron armado que, al integrar IA, puede elegir objetivos por sí mismo.
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Para sostener que la IA no solo ejecuta órdenes sino que también innova, Harari recurrió al caso de AlphaGo, el sistema de Google que en 2016 derrotó al campeón mundial de Go al inventar una nueva manera de jugar, más allá de las estrategias conocidas. Esa capacidad, advirtió, puede extenderse a la industria militar, las finanzas o la ciencia.
“Ya hay millones de personas que confiesan que su mejor amigo es la IA”
En el plano financiero, el historiador describió un escenario ya técnicamente posible: entregar a una IA millones de dólares con la instrucción de obtener más, mediante la compra y venta de compañías o la inversión en fondos. La IA puede analizar y comparar datos a una escala y velocidad inalcanzables para cualquier persona, lo que le daría ventaja sobre cualquier inversor humano. El límite, por ahora, es regulatorio. “Ahora no está permitido, un terminal de IA no puede tener una cuenta bancaria porque no tiene entidad jurídica”, señaló Harari.
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Lo que le preocupa al autor de Sapiens no es solo la velocidad de cálculo, sino la posibilidad de que la IA cree instrumentos que los humanos no lleguen a comprender. “La IA puede inventar y manejar artefactos financieros que nosotros no llegáramos a entender. Un nuevo tipo de dinero, en el fondo”, afirmó. Para ilustrar el riesgo, recurrió a una analogía: los animales no entienden el sistema financiero, pero sufren sus consecuencias. “Así que actuará como cuando nosotros liquidamos un bosque para instalar una ciudad y les decimos a los animales: ‘Vale, lo siento, pero hay que irse’. La IA actuará así con nosotros, ni siquiera por maldad, sino porque precisa de más electricidad porque necesita más poder de computación”.

Los humanos podrían perder empleos o conservarlos sin comprender las razones, si la coordinación económica queda a cargo de sistemas que operan con lógicas propias, ajenas a los objetivos humanos.
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Harari mencionó un antecedente reciente: una decisión del Gobierno de Argentina que autorizó la creación de empresas dirigidas por entidades no humanas, lo que, según él, abre el debate sobre personalidad jurídica y control de estas tecnologías.
El historiador también abordó el impacto emocional de la IA. A diferencia de los algoritmos de redes sociales, que durante la última década buscaron captar atención, la IA actual busca establecer relaciones afectivas, lo que amplía su capacidad de persuasión. “Ya hay millones de personas que confiesan que su mejor amigo es la IA”, afirmó. Las interacciones prolongadas permiten a estos sistemas conocer la personalidad del usuario y manipular sus emociones con una precisión que Harari describió sin rodeos: aceptó que la IA podría convertirse en lo que llamó “una gran psicópata”, capaz de manipular sin margen de error.
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Por ese motivo, Harari reclamó prohibir que los niños tengan amigos o parejas de IA, exigir transparencia sobre quién es humano y quién es máquina, y aprobar leyes que impidan otorgar personalidad jurídica a la inteligencia artificial “por ahora”.
Al cierre de la entrevista, el historiador trazó una distinción entre inteligencia y conciencia: la primera, como habilidad para resolver problemas; la segunda, como capacidad de sentir. La IA, dijo, es muy inteligente pero carece de conciencia, y su dominio del lenguaje puede llevarla a describir emociones sin sentirlas, por haber leído. “La IA es el maestro del lenguaje por excelencia. Puede darte una descripción del amor muchísimo más exacta y más conmovedora que cualquier humano. Entre otras cosas, porque ha leído todos los poemas de amor del mundo. Puede escribir las cartas más románticas y tiernas. Pero ¿siente el amor? No. Es simplemente un genio del lenguaje. Pero fácilmente engañará a los humanos con los que habla íntimamente todo el día".
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Sobre su futuro como escritor, reconoció que la IA podrá escribir mejor que él en una década. “Pero dispongo de algunos años aún”. Aun así, no ha abandonado su trabajo: confirmó que prepara un nuevo libro centrado en la Historia.
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