Las bases de datos en la nube se han convertido en un componente clave para la transformación digital de empresas y entidades públicas. Aunque se habla con frecuencia sobre la “nube”, persisten dudas sobre cómo funciona, cuál es su utilidad real y cuál es su relación con la inteligencia artificial.
El funcionamiento de la nube se basa en la utilización de recursos informáticos alojados en centros de datos remotos —accesibles por internet— que permiten almacenar, procesar y analizar grandes volúmenes de información sin necesidad de mantener infraestructura física propia.
En la práctica, esto significa que en lugar de tener sus propios servidores y sistemas en oficinas o instalaciones privadas, las organizaciones contratan espacio y capacidad de cómputo en centros de datos externos. A través de la nube, se puede acceder a esa información desde cualquier lugar, en tiempo real, y solo se paga por el espacio que se utiliza.
Esta modalidad permite actualizar tecnologías de manera más ágil, mejorar la velocidad de respuesta y escalar operaciones sin realizar grandes inversiones iniciales en hardware o licencias.
Tener estos servicios disponibles dentro del mismo país o región genera beneficios adicionales. Cuando los datos deben viajar grandes distancias —por ejemplo, desde Argentina hasta centros de datos en Estados Unidos— se produce una demora en el envío y recepción de información, conocida como latencia.
Esto puede afectar la velocidad de procesamiento en aplicaciones que requieren inmediatez, como plataformas de comercio electrónico, servicios financieros o sistemas de atención al cliente.
Contar con infraestructura de nube dentro del país reduce estos tiempos de espera, mejora la experiencia del usuario final y evita depender de redes internacionales, que pueden ser más costosas o menos estables.
Este modelo, conocido como “Infraestructura como Servicio” (IaaS), permite a las organizaciones reducir costos de operación, aumentar su capacidad de respuesta y escalar servicios bajo demanda.
El crecimiento de este tipo de servicios ha tenido un impacto directo en Sudamérica. En Colombia, la instalación de la primera región de nube de Oracle en Bogotá, en febrero de 2024, ejemplifica esta tendencia.
Según datos proporcionados por la empresa, en su primer año de operación en el país, pasó de atender a 7 clientes a registrar cerca de 500. La oferta de servicios también se amplió de 20 a más de 150, incluyendo capacidades avanzadas en inteligencia artificial, almacenamiento de datos, balanceo de cargas y monitoreo en tiempo real.
“El hecho de contar con infraestructura local disminuye la latencia en las operaciones digitales, lo cual permite mayor velocidad en los procesos y menor dependencia de redes internacionales”, señaló Germán Borromei, gerente de Oracle para Colombia y Ecuador.
De acuerdo con cifras de la compañía, la latencia en el país se redujo de más de 85 milisegundos a menos de 10. Esto ha beneficiado a sectores como el financiero, educativo, gubernamental y de telecomunicaciones.
Desde una perspectiva regional, la expansión de estos servicios responde a una creciente demanda de soluciones digitales flexibles. Polkan García, director regional senior de ventas de nube en Oracle Colombia, explicó que uno de los factores diferenciadores ha sido la estandarización de precios: “El costo de una instancia de nube es el mismo en cualquier parte del mundo, lo que permite atraer clientes internacionales sin modificar el modelo de negocio”.
Esta lógica de funcionamiento —con precios estables, baja latencia y servicios locales— ha sido clave para que clientes en Asia, Europa y América del Norte utilicen la región de nube ubicada en Bogotá.
En cuanto a la seguridad, las bases de datos en la nube se gestionan bajo un modelo de capas que incluye protección física del centro de datos, cifrado de la información y control sobre el acceso a los datos. Sin embargo, la recomendación es que en procesos de inteligencia artificial, los clientes utilicen instancias separadas (tenants) para evitar que la información privada sea compartida públicamente.
IA y bases de datos en la nube
Además de la infraestructura, el uso de agentes de inteligencia artificial se perfila como una nueva herramienta dentro del entorno de bases de datos en la nube.
Estos agentes ejecutan tareas específicas de forma autónoma tras definir un objetivo, analizar posibles rutas de acción y ejecutar decisiones. “Los agentes están diseñados para resolver problemas cotidianos sin necesidad de programación, lo que permite ampliar el acceso a estas herramientas a sectores no técnicos”, explicó Borromei.
Para Polkan García la adopción de inteligencia artificial avanza de manera desigual entre sectores. Las industrias que actualmente muestran mayor integración de estas tecnologías son los servicios financieros, la salud, el gobierno, el comercio minorista y las telecomunicaciones.
En contraste, otros sectores aún se encuentran en etapas exploratorias y no han implementado soluciones de automatización o análisis predictivo a gran escala. García considera que la generalización del uso de agentes de inteligencia artificial —capaces de ejecutar tareas específicas sin requerir conocimientos técnicos— podría facilitar la incorporación de estas herramientas en industrias que todavía no han dado ese paso.