Un niño de 11 años, una enfermedad latente y el dolor de un padre que no se animaba a pensar lo peor: “Para mí los chicos no se morían”
“Tiene unas manchas en la piel que son compatibles con una enfermedad”, le dijo a Mario el primer pediatra que vio a Sebastián, su primer hijo. Tenía neurofibromatosis, un componente genético que podía desarrollarse o no. A los seis años, apareció el primer síntoma. El relato de un hombre en duelo, la culpa, el enojo, la catarsis que parió un libro y la enseñanza para sobrevivir a la pérdida de un hijo