Son muchos años de escucharla y de darnos por vencidos a la hora de querer clasificarla. Folklorista en el Grupo Vocal Azurduy, rockera en La Torre y romántica en su etapa "Esta noche no me digas nada". Una artista inmensa e indefinible.
Pero cuando se supo que comenzó a realizar colectas, viajes al Impenetrable y a promocionar tareas solidarias para la comunidad Qom el rango de clasificación se amplió tan ostensiblemente que la gente dejó de intentarlo.
Cuarenta años de exhibir talento y profesionalismo y un día hubo que incorporarla a la lista de corazones solidarios argentinos. Su compromiso social con los pueblos originarios fue plasmado en una fundación a la que ella misma llamó "Pequeños gestos, Grandes Logros".
Patricia Sosa dice haber encontrado en esta increíble experiencia filantrópica con los indios Toba parte de lo que considera "su misión".

Todo empezó un día en el que tras culminar un recital se encontró con una carta en un sobre rojo. Ella creyó que se trataba de una epístola escrita en ruso pero a poco de averiguar supo que el idioma era toba. Y allí la comunidad le pedía ayuda porque consideraban que ella era la persona elegida para hacerlo según se los había revelado un ritual típico de la tribu.
Los tobas estaban enfermos y desesperados por lo que decidieron realizar una ceremonia para que su Dios los guíe en la resolución de sus problemas. Ese ritual es bastante ruidoso, tiene cantos y bailes. Pero hubo un silencio de los participantes y todos pudieron escuchar una canción que decía, claramente, "Y te amaré, y te amaré". Provenía de un auto con los vidrios bajos que pasaba por alguno de los caminos intransitables e inhóspitos del Impenetrable chaqueño. Era la ex vocalista de La Torre en su versión más melódica, no era la voz de Dios. ¿O sí?

Patricia Sosa ha logrado narrarlo de manera sencilla: "Lo tomaron como una señal, alguien les estaba diciendo que los iba a amar", dice. Ninguno de esos tobas habían escuchado nunca su voz. Ni siquiera conocían el acceso a la energía eléctrica, tan necesario para hacer girar un CD. Pero no dudaron de la señal: al otro día un integrante de la tribu se fue hasta el pueblo a preguntar quién podía ser la persona que cantaba esa canción. Hasta que un niño dijo las palabras mágicas: "Mi mamá conoce esa canción".
De tan suerte que, en pocos minutos, en casa del niño, no sólo habían develado la identidad de "la enviada" sino que también supieron que en esos días estaba realizando una serie de conciertos. Patricia cuenta: "Apenas me identificaron salieron a la ruta a recolectar plata. Juntaron para un pasaje y unos días después una india se acercó hasta una boletería para dejarme un sobre con la carta".
Patricia llamó al teléfono que estaba indicado en el mensaje unas semanas después y tuvo su primer encuentro con una nueva realidad que cambiaría para siempre la vida de los qom y la de ella misma.

En esa nueva realidad existía la contaminación y la deforestación en el Impenetrable chaqueño, hecho que hacía que los tobas no pudieran subsistir ya que viven básicamente de la pesca y la recolección. Los chicos y adultos estaban enfermos y vivían en condiciones muy precarias. Había niños que dormían en el suelo junto a perros con sarna y gusanos en sus orejas.
Un tiempo después la cantante emprendió viaje rumbo al Chaco junto a un grupo de colaboradores y nació una historia que, con los años, muchos ya conocen. Fueron años de viajes periódicos hasta estos parajes para acercar diversas herramientas: Proyecto Salud, atención médica que logró mejorar aspectos sanitarios de los habitantes y completar el calendario de vacunación de niños y adultos; el Proyecto Veterinario, que contempla atención y vacunación; el Proyecto Artesanías, es decir el mejoramiento y la compra de productos propios; el Proyecto El cajón Flamenco, que enseña a confeccionar instrumentos para su posterior comercialización, junto a la realización de talleres de percusión.
En plan de obras más complejas, la fundación colaboró con la construcción de un comedor en una escuela y un taller de carpintería en otra.

Cada viaje se hizo con profesionales y voluntarios de la Fundación. Fueron con camiones con donaciones para paliar la urgencia. Lograron poner agua en los seis parajes, y han donado transformadores para que tengan luz eléctrica. Pronto, los proyectos para conseguir oportunidades de trabajo se tornaron fundamentales.
Patricia Sosa siente que esta puede ser una misión. Al fin y al cabo una artista que canta "como los dioses" por qué no podría ser una mensajera del creador.
Seguramente aquel automovilista anónimo nunca se enterará de que el dios de los tobas también tenía un plan para él. Aquella canción que cambió en parte la vida de la comunidad Qom y absolutamente la de Patricia Sosa no era una canción cualquiera. No solo decía que alguien los iba a amar, también les daba algún indicio de quien la cantaba: "Si miro mi pasado, puedo ver como yo, escondo dentro de mí el mar más grande que hay".

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