
Theresa Belinda Tuider es una figura al menos infrecuente en el mundo argentino del delito, la única persona sudafricana presa en todo el sistema penitenciario federal. De 51 años de edad, estado civil divorciada, Theresa Belinda hoy vive tras las rejas en el Complejo VII de Ezeiza, donde trabajó por el sueldo para presos, con un 10 en conducta de acuerdo a su ficha de calificaciones, junto a un buen concepto general.
Allí, la mujer sudafricana estudió y aprobó el curso de escuela Primaria. Casi ni sabía español cuando comenzó; la Justicia tuvo que contratar una traductora pública para que Theresa entienda en las diversas audiencias de los juicios en su contra. Y así, pasó el tiempo en la cárcel. Theresa Belinda se adaptó, se mantuvo ocupada.
Tal vez sea una estrategia para vencer a la nostalgia, al aburrimiento. Quizás, extrañe su cartera de cuero negro marca Ermenegildo Zegna, un artículo precioso que le incautaron en un allanamiento; o sus días en libertad, cuando se movía en las sombras, con un domicilio en la calle Mendoza de la Villa 31 de Retiro.
Estará presa por un tiempo. Para la Justicia argentina, la mujer sudafricana es una de las jugadoras más escurridizas del mercado de la droga en la historia reciente. Su negocio: el contrabando, mover cocaína por correo hacia países como India o Tailandia, donde el polvo es un bien de lujo y donde la pena por traficarlo es enorme.

El miércoles último, el Tribunal Oral en lo Penal Económico N°1, integrado por el juez Ignacio Fornari, condenó a Tuider a la pena de cinco años de prisión por seis hechos de tentativa de contrabando de estupefacientes que ocurrieron durante 2022.
Theresa intentó despachar los paquetes desde diversos puntos de CABA y el Conurbano Bonaerense, siempre por Correo Argentino, con destinatarios en Dublin, Bangkok, Melbourne en Australia o Cardiff, capital de Gales. Los paquetes incautados llegaron a un total de 1,7 kilos de droga.
La causa en su contra data de 2022, año en el que Theresa fue detenida. El juez Fornari decidió aquí una unificación con una condena anterior, que viene de un expediente paralelo.
El 11 de mayo de 2023, el Tribunal N°1 del fuero en la penal económico la había sentenciado a cuatro años y siete meses de encierro por el mismo delito, con envíos a Atenas, Grecia, y Mumbai, India, con casi 600 gramos entre ambos lotes.
La droga enviada a India, irónicamente, estaba disimulada dentro de paquetes de sahumerios.

El paquete destinado a Atenas, precisamente, fue el que la delató. Fue descubierto el 29 de septiembre de 2022 en un control de rayos X de la Terminal de Cargas Aéreas del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, antes de ser despachado en un vuelo de Lufthansa.
La cocaína, oculta entre dos libros para chicos, estaba a nombre de una tal “Helena Anne Scott”, con domicilio declarado en la localidad de Bernal. El paquete había sido despachado por la oficina de Correo Argentino de la misma zona.
Un mes más tarde, la PSA contactaba al juzgado de instrucción del caso con una curiosa novedad: la mujer del paquete sospechoso estaba de vuelta en la oficina del correo en Bernal.
La narco había llegado al lugar con un DNI falso que incluía su alias, a pesar de que ya tenía un documento provisorio argentino, número 63 millones. El Registro Nacional de las Personas indicaría luego que el número no coincidía con la cara en la foto. Así, fue retenida y detenida en el acto.

Cinco documentos falsos
Poco después, las autoridades llegaron a su teléfono Samsung. La pericia al aparato fue crucial para resolver el caso.
Los investigadores descubrieron que “Helena Anne Scott” -Anne es el segundo nombre de su madre- no era el único nombre falso que supuestamente empleaba: también se hacía llamar “Belinda Anne Scott” y “Melanie Joy Jacobs”. “Rose Amber Smith” y “Amma Abinah Bensah” eran parte de su rosario, con entregas en oficinas del Correo Argentino en las localidades de Wilde y de Lomas de Zamora.
“En todos los casos, los datos de domicilio no coincidían con los verdaderos, y se comprobó que las personas que resultaban verdaderamente titulares de esos DNI no tenían relación alguna con los envíos postales. De igual forma, el Registro Nacional de las Personas informó que las fotos de los verdaderos titulares de esos DNI no coincidían con las consignadas en las copias que fueron usadas en los envíos”, aseguró el juez Fornari en su fallo.
Así, Tuider sumó en su contra la acusación de falsificación de documento, por la cual también fue condenada.
Theresa fue indagada por la Justicia en varias ocasiones, con un traductor de inglés a español presente en la audiencia. A fines de 2022, tiempo después de su arresto, la mujer sudafricana ofreció una explicación ante la Justicia en lo penal económico, en un intento de lograr el arresto domiciliario.

Una vendedora de cremas
Una defensora oficial representaba a Theresa en aquel entonces. Un abogado público no es algo infrecuente en este tipo de casos. Los narcotraficantes los emplean cuando saben que la batalla en Tribunales está perdida, o cuando no tienen dinero realmente.
En aquella presentación, la defensora aseguró que Theresa era “una mujer migrante, sin conocimiento del idioma español, de bajos recursos” que se dedicaba a la venta de cremas y perfumes.
Vivía en la Villa 31 con su pareja, un hombre africano. De vez en cuando, según el mismo testimonio, Theresa le trenzaba el pelo a alguna vecina y limpiaba casas. No explicaba mucho su llegada a la Argentina. Registros online revelan que enfrentó causas penales en Brasil cerca de 2017.
Aquí hay una cuestión de modelo: los narcos que viven en las villas son los que controlan la venta en el territorio. Los contrabandistas, como Theresa, operan con una lógica completamente distinta. Sin embargo, en aquella presentación, Tuider no entregó a sus proveedores locales de cocaína, así como a su presunta red global de contactos, a los hombres y mujeres en Tailandia, India y Australia, donde el kilo de cocaína vale 25 veces más que en la Villa 31.
Su negocio, en todo caso, no es algo nuevo. En la última década, varios hombres africanos, particularmente de nacionalidad nigeriana, fueron procesados y condenados en la Justicia en lo penal económico, acusados de enviar droga disimulada en encomiendas a los mismos destinos que Theresa, con paquetes que viajaban desde pensiones en Avellaneda hasta diversas ciudades de China.
Estos sospechosos rara vez usan un documento falso, tal como Theresa, si la acusación en su contra es cierta. Usualmente, cometen la torpeza de presentarse en el correo con sus propios nombres.
El uso de prestanombres, por otra parte, parece ser frecuente. En noviembre de 2022, una mujer de la Villa 1-11-14, madre de tres hijos, que pedía comida en un comedor, recibió tres años en suspenso por tres envíos de droga a Malasia.
Sin embargo, los destinatarios son otra historia. Cómo se conforma la red de contactos del otro lado del mundo para recibir esa droga que atraviesa Asia y Europa, un fenómeno que se repite en todos los casos de contrabandistas africanos de cocaína que operan en el país, es algo que la Justicia argentina jamás pudo o supo resolver.
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