“A mí me pasó esto a los 14, pero le puse nombre recién a los 48 años”, le confió a Infobae Nicolás, una de las 14 presuntas víctimas que denunciaron por abuso sexual a un líder scout de la Iglesia Nuestra Señora de Luján, ubicada en Longchamps. “Nos hacía rezar en ronda obligándonos a masturbarnos”, describió sobre los hechos que habrían ocurrido entre 1986 y 1999. El caso irá a juicio por la verdad.
Omar Norberto Espósito está acusado de abuso sexual y corrupción de menores, y será juzgado por el Tribunal en lo Criminal N° 4 de Lomas de Zamora. Actualmente tiene 65 años. Como dirigente, tenía a cargo numerosos grupos de adolescentes de 14 a 17 años, que conformaban la rama “raider” del grupo scout.
Según relató el denunciante, los recuerdos tardaron años en desbloquearse, como si se tratara de un mecanismo propio de su mente para defenderse. “Siempre me decía ‘algo tengo que hacer con esto’”, admitió Nicolás. Para él, seguir callando implicaba un costo más alto.
Pasaron más de 30 años y los relatos aberrantes salieron a la luz. Todo surgió casi de casualidad durante la pandemia, después de que los ex miembros del grupo scout, que habían compartido sus días durante la adolescencia, se pusieran en contacto y comenzaran a hablar sobre lo que habían omitido por mucho tiempo. “Fue empezar a ver el daño que nos había generado", precisó.
De acuerdo a lo que narró el denunciante, el modus operandi del acusado se basaba en diferentes prácticas para las que, previamente, los obligaba a rezar. “Primero te encerraba en un local que estaba en la iglesia, en una pequeña habitación, y te hacía preguntas. ‘¿A qué escuela vas? ¿Cómo te va? ¿Cómo se conforma tu familia y qué hacen?’. Y después empezaba con preguntas como: ‘¿Y vos te masturbás? Eso no se hace porque es pecado’. Y terminaba sellando la charla con: ‘Todo lo que hablamos, muere acá’”, recordó Nicolás.
“En ese mismo lugar, los sábados, nos encerraba a todos, que éramos entre 10 y 15. Nos hacía poner en ronda y bajar los pantalones. O sea, los sábados, quedábamos desnudos. Yo tenía una vergüenza que me moría”, profundizó.
Y continuó: “Él lo llamaba ‘etapa para mostrar el desarrollo’. ‘Lo estamos haciendo para que cuando vayamos de campamento no haya sorpresas y no se carguen. Así que mírense’, decía. Él iba haciendo un comentario de cada uno: ‘Tirate el prepucio para atrás, a ver si corre bien’, ‘’este la tiene más grande, este más chica’. Y siempre nos hacía rezar antes. Cuando te decía que te levantaras los pantalones, rezaba otra vez. Y terminaba con su frase ‘lo que se habla acá, muere acá’”.
La presunta víctima también rememoró una oportunidad en la que uno de sus compañeros “rompió cierto código” y le contó a su madre que Espósito “los había hecho desnudar a todos”. “Pero por una coartada suya, no le creyeron. Cuando volvió al grupo, al fin de semana siguiente, el tipo dijo ‘bueno, a ver, pegale una cachetada’. Lo hice despacito, pero me dijo que así no se pegaba. Entonces hacía pegarme una cachetada para que aprenda. Y cada vez más fuerte, hasta que te lastimaban la boca”, lamentó.
Los llamados castigos “eran inventados”, según refirió. “A veces no importaba si alguien rompía ciertos pactos o no. Él tenía una soga con dos nudos. Con eso, hacía poner a un compañero su pene en uno de los nudos y en la otra punta de la soga, a otro. Así, los hacía tirar a los dos chicos para que se apretaran con la soga”, describió sobre otro de los métodos que habría usado Espósito para humillarlos.
“Llamaba ‘profilaxis’ a la siguiente etapa: te preguntaba si habías ‘perseverado’, que significaba no masturbarte, y te daba consejos para no hacerlo porque siempre era pecado”, contó.
Bajo la tutela de Espósito, los adolescentes también asistían a campamentos de 15 días. “Tenía una carpa y alternaba dos o tres pibes que dormían con él por la noche. Los demás, dormíamos en otra”, recordó Nicolás.
Y profundizó: “En Córdoba, un día estábamos en una carpa con un compañero y nos hizo quedar a los dos. Sacó un preservativo de una cartera y me lo mostró. Yo tenía 14 años y era el primer campamento al que iba. Le dio instrucciones al otro chico para que se empezara a masturbar. Obviamente, rezamos antes. Después, midió la cantidad de semen”.
“Otra vez, me llevó con un chico que tendría 13 años. Nos puso en una carpa de noche mientras iluminaba con una linterna. Nos hizo masturbar y a él le tocó los testículos y los pezones. Los abusos iban escalando en cuanto a la perversidad. A otros chicos, les hacía practicar posiciones sexuales”, aseguró.
Estos fueron solo algunos de los episodios que Nicolás fue recordando durante su vida y que denunció junto a otras presuntas víctimas. Y reconoció: “Las cosas malas, más allá del abuso, fueron las consecuencias que tuve. No podía relacionarme con chicas, tenía miedo y la autoestima por el piso, creía que iba a ser un desastre en todo lo que emprendía. Dentro del grupo, si hacías una actividad distinta, como estudiar teatro, Espósito decía ‘los que hacen teatro, son putos’”.
Aunque para Nicolás significó un proceso largo, señaló: “Pude ir sanando y sabiendo que ya no me callo más. Tenemos compañeros que fueron víctimas de abuso de Omar Espósito y que han intentado quitarse la vida. Eso fue un motor para ir hacia adelante y hacer algo”.
“Todos fueron víctimas en conjunto. Cada acto estaba enmarcado bajo la premisa de respetar las creencias religiosas, el comportamiento con Dios y la falsa excusa de enseñarles educación sexual”, indicaron fuentes del caso a este medio.
La causa prescribió por el paso de los años. Sin embargo, los denunciantes quisieron optar por otra vía judicial para probar los hechos. “No va a recaer una pena sobre él. Por eso, la intención era realizar un juicio por la verdad", explicaron.
Finalmente, tras meses de espera, la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal resolvió elevar la causa y, según el fallo al que pudo acceder Infobae, si bien el juicio por la verdad no está reglamentado, existe jurisprudencia que “avala” el procedimiento. Así, en caso de quedar demostrada la culpabilidad del acusado, los denunciantes tendrán una “reparación moral y pública”.
“Supuestamente, era un ciudadano ejemplar, un tipo católico, perfecto, con su familia formada, un ser de luz. Eso veía todo el mundo. Pero yo sabía lo que era realmente. Si a mí me preguntan sobre Omar Espósito, voy a decir: ‘Mirá, ese tipo es un degenerado’”, cerró Nicolás.