
El juicio por el asesinato del arquitecto Reynaldo Flehr ha dado un giro a raíz de las recientes declaraciones de dos de los acusados, Samuel Moscarello y David Silvestre, quienes confesaron ser los autores del crimen y desvincularon de cualquier participación a Irina Flehr, la hija de la víctima. Las confesiones se produjeron el viernes, al final de una de las audiencias en la Cámara Octava del Crimen según informó el portal El Doce.tv.
El caso, que comenzó por el brutal asesinato ocurrido el 29 de diciembre de 2021 en el barrio Los Boulevares, tiene a cinco individuos acusados del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, calificado por el vínculo, por codicia, por el número de participantes y por alevosía. Entre los acusados se encuentran Irina Flehr, su ex pareja Leandro Moscarello, el hermano de este último, Samuel Moscarello y dos amigos: David Suárez y David Silvestre.
La información subraya la sorpresa causada por estas confesiones, que cambian completamente el panorama del juicio. Hasta este momento, la hija de Flehr y su ex pareja eran los principales sospechosos de haber orquestado el ataque contra el arquitecto.
En la audiencia inicial del juicio, Irina Flehr se presentó ante el tribunal y, visiblemente afectada, describió las acusaciones como “demenciales”. Habló de una “golpiza” que perjudicó a su padre y defendió vehementemente su inocencia, lo que generó un clima de tensión y expectativa en la sala.
Las declaraciones de Samuel Moscarello y David Silvestre aportan una nueva perspectiva sobre los acontecimientos que llevaron al trágico desenlace. Ambos afirmaron que la instigación y ejecución del asesinato fueron llevadas a cabo exclusivamente por ellos, desvinculando por completo a Irina Flehr del crimen. Este cambio en el relato podría tener significativas implicaciones legales y emocionales para cada uno de los implicados.

Cabe recordar que el crimen de Flehr ocurrió en la casa del barrio Los Boulevares de la capital cordobesa. La noche del 28 de diciembre, el arquitecto llegó a su propiedad a bordo de su auto marca Honda. Faltaban minutos para el día siguiente y no entró el coche al garaje. Las cámaras de seguridad lo mostraron solo entrando a su vivienda.
Minutos después se desataría la locura en el interior de la propiedad que estaba a la venta: al arquitecto sus asesinos lo sentaron en una silla en el comedor de su casa, lo ataron de pies y manos con precintos y le dieron dos tiros con un arma calibre .22 a quemarropa en la cabeza y el cuello. Mientras eso ocurría, la televisión funcionaba a todo volumen.
Al día siguiente, la hermana de Flehr decidió ir hasta su casa porque no le respondía los llamados. Así se descubrió el crimen. Siempre se pensó que el homicidio fue en el marco de un robo. Incluso, la hija y el yerno abonaron esa línea de investigación vinculada a un hecho de inseguridad.
Es que en la casa de la víctima todo estaba desordenado y una de las aberturas había sido violentada: pero no se encontraron faltantes. Es más, su computadora, el celular, la billetera y hasta la tablet fueron encontrados en el interior de la vivienda. Otro dato que llamó la atención de los investigadores: no lo torturaron ni lo golperaon antes de ejecutarlo.
Por aquellos días no se descartó ninguna hipótesis, el móvil económico fue la línea más fuerte aún tras las detenciones de la hija y el yerno de la víctima.
Incluso, la fiscal Palacios no descartó la posibilidad, en el transcurso de la investigación, de agravar aún más la calificación legal que le imputa a la hija de la víctima.
“Tenemos los elementos de pruebas suficientes y la convicción para llegar a la decisión de detener a estas personas”, remarcó la funcionaria y dijo: “Es la única hija. La única heredera de muchos bienes”.
Flehr era viudo y vivía solo aunque estaba en pareja. Arquitecto de profesión, se dedicaba a la venta en corralones y ferreterías; y tenía varias propiedades.
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