Aunque no existe una investigación formal, llama la atención de los investigadores el hallazgo en diferentes puntos de Argentina de ladrillos de cocaína embalados en cinta amarilla marcados, en bajorrelieve, con la figura de un delfín que fueron secuestrados en las últimas semanas en diferentes operativos. El último caso se registró en Santiago del Estero, donde Gendarmería encontró 134 kilos de la droga en una ambulancia.
Otro caso importante, que es investigado por la PROCUNAR, ocurrió en una carretera de Orán (Salta), donde dos hombres fueron detenidos con más de 300 kilos. Los trasladaban en un móvil de Bomberos de Aguas Blancas.
Más aún provoca curiosidad el hecho de que el mismo packaging y sello fueron hallados en otros países de la región. “Aunque este tipo de envoltorio y marca ya circulaba en el pasado, es mucho lo que está apareciendo”, coinciden diferentes fuentes consultadas por Infobae.
Ahora bien, ¿a dónde lleva el camino de ladrillos amarillos? Una de las hipótesis apunta a Bolivia, otra a Perú. Más precisamente al valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro conocida por sus siglas (VRAEM) y bautizada como “El Valle de la droga”, una zona donde la densa selva oculta las más peligrosas organizaciones de narcotraficantes ligados a la mafia italiana, incluso, a terroristas de Sendero Luminoso. Un lugar casi inaccesible para la Policía peruana. Hermético para cualquier extranjero y de difícil acceso.

Conocedores de la dinámica narco destacan que se trata de un territorio similar a Pedro Juan Caballero, en Paraguay, dominada por el Primer Comando de la Capital, el mayor grupo criminal brasileño. Así como la ciudad paraguaya es el núcleo de la producción ilegal de marihuana de la región, el VRAEM es el centro de cultivo y producción de cocaína de máxima pureza en Perú.
”Existen en otros lugares, pero ahí están los mejores laboratorios”, indica una fuente. Incluso, su calidad compite cabeza a cabeza con la droga producida en Colombia, donde “cocineros” y químicos son requeridos por su expertise.
Esa garantía de calidad, de hecho, llevó a los detectives a mirar hacia el valle que se extiende por las regiones de Cusco, Apurímac, Ayacucho, Huancavelica y Junín. Hay un antecedente: en diciembre de 2005, Gendarmería secuestró 752 kilos del clan Motok en Salta. Según revelaron a este medio, la droga llevaba el loco de una marca de cerveza y provenía de esa zona.
De acuerdo a la BBC, se trata de una de las zonas con mayores índices de pobreza y graves déficits de salud y educación del país. La violencia es extrema y “no hay prensa que hable sobre las organizaciones criminales”, señala otra fuente.

El año pasado, al menos siete agentes de la Policía Nacional de Perú fueron asesinados en una emboscada perpetrada por “presuntos terroristas con armas de fuego de largo alcance” en el VRAEM. El caso fue reflejado por Infobae. Las imágenes difundidas en medios locales muestran la magnitud del atentado, con vehículos dañados y cuerpos de policías en el camino.
En tanto, desde el Ministerio de Seguridad de la Nación señalaron por los ladrillos de cocaína a Delfín Castedo, el capo que cumple una condena de 16 años de prisión, a quien mencionan como líder del “Cartel del Patrón del Norte”. La tesis está basada en la estampa del animal marino en la droga que hace referencia a su nombre. Sin embargo, detectives que estuvieron tras sus pasos aclararon que no necesariamente el sello está ligado al narco salteño, sino que es usada por distintas bandas y es sinónimo de calidad.
Las pericias de pureza sobre la droga incautada dará mayor claridad a los investigadores para poder develar el misterio.
Cinta amarilla y un delfín
¿Por qué los narcos usan el amarillo para envolver los panes? “Ese color en los paquetes suelen marcar el grado de pureza de la droga: son de alta calidad, arriba del 90% y de producción peruana, de mayor concentración y firmeza. Ese código lo comenzó a usar un clan en Perú y otro lo llevó a Bolivia”, había descrito un investigador de vasta experiencia en el campo a Infobae. “La diferencia de tamaño es claro indicio de que provienen de dos laboratorios diferentes”, aclara. Sin embargo, está la posibilidad que el dueño de la droga sea el mismo.
“Los logos se usan para distinguir al proveedor de la cocaína, es decir, del laboratorio en el que se produce. Hay algunos indicios que indican que, además de distribuidor, Castedo podría ser dueño de un laboratorio, pero no pudo ser comprobado. Él distribuía a España, Bélgica e Italia, no abastecía el mercado local”, indican. Tanto la corona como el delfín son garantía de calidad de origen. “En algunas oportunidades, para mayor seguridad, pueden colocarle dos logos”, detallan.

“La cuña la pone el productor en el laboratorio, no el intermediario. Y el que pone la cuña está pensando en otro negocio, no en abastecer Argentina”, agrega otro detective en ese sentido. Sin embargo, otras fuentes en la Justicia federal aseguran que el hallazgo de un cuño en un pan de droga no es una verdad definitiva. Podría ser un caso de robo de marcas, o una pista falsa plantada por los narcotraficantes para confundir las autoridades.
Una tercera fuente suma sobre la temática: “En realidad todo suma: el packaging y los logos. Pero el nivel superior es tener el análisis que te permita determinar la firma química de la cocaína. Con esto tendrías nivel de certeza para comparar con otras cargas y establecer hipótesis de mayor nivel. La concentración y pureza se determina con cromatógrafo y con espectrometría”.
“Parece como si se tratara de distribución random que nunca llega a destino. Si se trata del mismo distribuidor, la está perdiendo por todos lados”, aporta otro ávido conocedor de la materia. “Es muy llamativo, ¿quién tiene hoy la capacidad de comercializar tanto y, a la vez, tener tanta espalda para continuar con el tráfico pese a las pérdidas?”, se pregunta.
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