
Meses atrás, una estrella indiscutible de la música argentina le dedicó una serie de barras vía audio de WhatsApp a un hampón de Los Monos preso en el penal de Ezeiza, un freestyle de ocasión. Aburrido en su celda, el pistolero escuchó a la celebridad retratar una escena de VIP de discoteca, un “pary” donde “las pibas toman tusi y se entregan”. La penetración cultural de la tusi, o cocaína rosa, es absoluta: es la droga que define a la actual generación.
No solo es parte del imaginario de las escenas trap y RKT, referenciada en hits como el que lleva el nombre mismo de la droga, a cargo de Duki e Ysy A: la federalización de las fiestas electrónicas y el nuevo boom de las drogas sintéticas la empujaron en los menúes de traficantes menores entre ácidos boutique, chocolatines con hongos y pastillas de altísimo poder.
La cocaína rosa comenzó a aparecer con fuerza años atrás, cerca de 2015, como un fenómeno de hampones colombianos en boliches. La mejor, la tusi de verdad, llamada así por la molécula sintética 2CB, se importaba de allí, de Colombia. Un fuerte euforizante, logró aceptación rápida por su color.
“Es merca, pero no parece merca. A las chicas les encanta, es como tomarse un chicle por la nariz”, afirmaba al autor de esta nota un movedizo del rubro, hoy privado de su libertad. Con el tiempo, llegó la sustitución de importaciones. Tal vez allí esté el problema.
Es cara, para empezar. A mediados de septiembre, Leonardo Hurt, hijo de policías, que vendía pastillas en Rosario, ofrecía tusi en su menú a 14 mil pesos el gramo.
Hoy, la droga sale 35 mil o más.
En Argentina, la tusi es, la mayoría de las veces, una mezcla de cocaína y ketamina con colorante de torta. Puede ser rosa Barbie. A veces, casi lila. En general, los consumidores no saben lo que se meten por la nariz, un gran enigma protegido por el capitalismo salvaje del narcotráfico argentino, con la cocaína contaminada con carfentanilo atribuída a “Mameluco” Villalba que mató a 24 personas.
Este mes, un operativo de la Policía de la Ciudad tras una investigación a cargo del juez en lo penal económico Pablo Yadarola terminó de ilustrar el problema de la cocaína rosa.

El miércoles 6, el área de la División de Investigaciones Criminales de la fuerza porteña allanó ocho objetivos entre La Boca y un country en Escobar para detener a cuatro colombianos sospechados de cocinar tusi y exportarla a otros países, principalmente en Europa, por correo, tusi for export, contrabando de estupefacientes, además de comerciar con una cartera de clientes locales en fiestas a lo largo de CABA.
Cuatro sospechosos fueron detenidos, todos ellos colombianos, dos sin documentos argentinos. John Fredy Segura Puertas fue arrestado en el country de Escobar, donde le encontraron un Fiat Cronos, polvos varios y la máquina de contar billetes. De 31 años, Fredy estaba inscripto en el rubro de venta minorista de la AFIP, con un domicilio en Villa Ballester. Podría ser el jefe, dado su estilo de vida ostentoso, muy de transa. Su nombre no aparece en fallos de primera o segunda instancia en la Justicia federal o en lo penal económico porteña o bonaerense de los últimos diez años.
En total, a los detenidos les encontraron chips de celular,1.580 dólares, 1.186.000 pesos en efectivo, pesos colombianos, una maquina contadora de billetes, dos balanzas de precisión, 16 teléfonos celulares, además de gran cantidad de tusi lista para tomar.
El polvo no fue sometido todavía a pericias químicas para determinar qué tiene adentro. “Secuestramos varios bidones. Había ketamina, polvos de corte como maltodextrina, algo que parecía acetona. Pero hay cuatro bidones que no sabemos qué son. Algunos son inodoros, son incoloros, no sabemos qué es, no hay un reactivo para cada cosa”, completa un detective.
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