
El segundo testigo de la 15° jornada del juicio por el crimen de María Marta García Belsunce que declaró este miércoles fue el médico forense que hizo la autopsia al cuerpo de la socióloga el 2 de diciembre de 2002. Se trata de Héctor Moreyra, quien detalló cómo fue la mecánica del crimen y la progresión de los seis balazos que disparó el asesino, y aseveró que los últimos cuatro tiros del homicida fueron para asegurarse de que no la reconozca.
También describió el médico cómo estaba el cuerpo cuando abrieron el ataúd, sin calzado y con un pañuelo manchado con sangre en el bolsillo del pantalón, y dio un dato clave: cómo se estimó la data de muerte, marcada al menos, una hora antes de que le hicieran los masajes de RCP los médicos que llegaron a la casa e intentaron reanimarla.
Luego de que la fiscalía se abstuviera de pasar el video de la autopsia y de que Horacio García Belsunce se fuera de la sala, Moreyra explicó que el primer disparo golpeó en el cráneo y rebotó, lo que le produjo un “atontamiento” a la víctima, quien estaba de pie.
En ese contexto, recordó: “El segundo (disparo) ha sido el primer impacto penetrante en la masa encefálica y en el cráneo, y los cuatro últimos han sido con posterioridad, juntos, en otro sector, junto a la oreja izquierda”.

Y siguió describiendo que el segundo balazo “determinó el inicio del período de agonía”, e ingresó en un “ángulo de 90 grados”. Para ese entonces, María Marta aún respiraba pero eso determinó que cayera al piso: “La víctima ya se encontraba con semi pérdida de la consciencia absoluta”. El médico refirió que hubo un movimiento de la cabeza, como quien se aleja del arma o de esperar otro golpe.
Para Moreyra, tras ese segundo disparo, María Marta cayó al piso pero “aún tenía indicios de vitalidad”. Por lo que confirmó que fueron los “los cuatro últimos” tiros los que le provocaron la muerte. El asesino la remató en el suelo.
En ese sentido, el forense conjeturó: “El segundo es el de la agonía, que ha sido irreversible hasta que se producen los cuatro disparos definitivos. Hasta ahí, hasta el segundo, estaba semicomatosa, pero viva... Lo que produce que (el homicida) continúe con los disparos es porque requiere que fallezca para que la víctima no lo reconozca”.

Y, contundente, Moreyra afirmó: “Si se dispara cuatro veces más es una modalidad ejecutoria para que se confirme el fallecimiento, cuando tras dos disparos no se logró la muerte, ¿para qué se sigue disparando? Si quedaba viva tenía la posibilidad de reconocer al victimario. Obviamente, el objetivo perseguido era para que no viva”.
Otro de los conceptos que vertió el forense fue sobre la hora de muerte de María Marta, o sea, cuando el asesino le dio los últimos cuatro disparos. Para eso contó que la víctima tenía una costilla rota, producto de los masajes de RCP, pero que no había moretón ni hematoma en esa zona y que la hora de muerte se fijaba, ante ese indicio, una hora antes de esa lesión.
Dijo el forense: “No surge desde esa maniobra (RCP) indicios físicos, como hematomas o hemorragias. Al no estar eso debe presumirse que esa reanimación fue producida entre una y dos horas antes de la muerte, porque no quedó secuela en la piel”. Este dato es clave para la fiscalía porque introduce el horario del crimen con Nicolás Pachelo en el country Carmel, aproximadamente a las 18.30. El imputado reconoció en el juicio que salió del barrio 18.59 ese 27 de octubre de 2002.

Para finalizar, Moreyra contó cómo encontró el cuerpo cuando le sacaron la tapa al ataúd, minutos antes de empezar la autopsia: “Lo primero que noto es la cabeza inclinada hacia la derecha, con una toalla doblada en el cuadro izquierdo y una vestimenta que nada tenía que ver con la habitual, y el hallazgo del pañuelo en el bolsillo”.
Además de contar que el cuerpo de la víctima no tenía zapatillas ni calzado, el médico habló específicamente sobre el pañuelo ensangrentado que estaba en el bolsillo del pantalón de María Marta y especuló sobre el asesino: “Si lo hubieran advertido no lo hubieran dejado porque es una evidencia”.
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