Daniel Cipolat, el gurú argentino muerto en Cancún, fue brutalmente asesinado según el acta de defunción oficial del Estado mexicano.
Alguien lo tomó desprevenido y lo molió a golpes hasta que lo mató. Luego fue enterrado en el jardín de un terreno que él mismo había comprado. Cuando la familia comenzó a preguntar por la víctima, una secretaria inventó una historia falsa alrededor de la muerte y luego escapó. En el medio apareció un certificado de defunción falso, firmado por un médico que ahora está investigado, donde se aseguraba que el fallecimiento había sido por COVID. Era todo mentira. Estos son los datos que tiene comprobados la justicia mexicana en torno al conferencista argentino de 60 años que, a finales de agosto fue encontrado sin vida, bajo tierra, en la ciudad mexicana.
Tal como contó Infobae, las sospechas en torno a la suerte de Cipolat comenzaron el 28 de agosto. Ese día, desde la cuenta de Instagram del conferencista dedicado a asuntos cósmicos, apareció un posteo en el que el argentino anunciaba que se había contagiado de COVID-19. “Esta vez me tocó a mí. Salí positivo de variante Delta. ¿Qué les puedo decir? Ahí, viendo al cuerpo a ver qué hace. Por lo pronto, no responde a ninguna medicación. Sigue su proceso tremendamente debilitante y molesto. No tengo miedo, estoy abierto para cualquier desenlace y lo que deba ser”, dijo Cipolat.
Inmediatamente, los cuatro hijos varones de Cipolat y su ex mujer intentaron comunicarse con él. Fue en vano. Sus teléfonos se apagaron y se tornó inubicable. Al mismo tiempo, los seguidores de Cipolat alertaron, en los comentarios, que ese posteo no parecía escrito por él.
Ante esta situación, que comenzaba a tornarse extraña y, al mismo tiempo, desesperante, los hijos lograron conseguir el teléfono de Linda Uribe, por referencias se enteraron que era una de las asistentes de Cipolat.
“La contactó uno de los hijos por WhatsApp para preguntarle si sabía por qué el papá no contestaba. Esto fue el 3 de septiembre. La respuesta fue terrible. Le dijo que había fallecido justo esa misma mañana de COVID. Nadie lo podía creer”, cuentan desde la familia.
Uribe, además, adjunto un certificado de defunción. En ese documento, publicado en exclusiva por Infobae, se lee que la causa de muerte fue “Infarto miocardio. Angina de pecho”. Se comprobó que el certificado es apócrifo. “Para empezar no tiene ningún sello”, explica alguien cercano a la causa.
El documento está firmado por un médico mexicano llamado Franco Mendiola. Cuando la familia de la víctima intentó comunicarse con el número de teléfono que el propio profesional había consignado, se dieron cuenta que era falso. Era de una obra en construcción que nada tenía que ver con la medicina.
Con todas estas incógnitas, uno de los hijos de la víctima, que vive en otra ciudad de Mexico, viajó a Cancún el 13 de septiembre para hablar en persona con Uribe e intentar entender qué había pasado.
La mujer se presentó no sólo como asistente de Cipolat sino también como su pareja. Llevó al hijo del argentino su propia casa, a 14 kilómetros de Cancún, en un complejo llamado “El Ramonal”. Luego, sin ningún tipo de contemplación, le confesó que su padre estaba enterrado en un terreno cercano. Por si fuera poco, le dijo que lo hizo ella misma de manera ilegal.
Toda la conversación quedó registrada en un audio publicado por este medio.
“Lo enterré sin cajón. Desnudo y con fibras naturales. Lo enterré en mi casa. Eso no se puede hacer acá pero a mí no me importa ningún papel”, se escucha decir a la mujer en un audio.
Antes esto, el hijo de Cipolat le pregunta, con absoluta lógica: “¿No te puede traer problemas a vos eso?”. La mujer responde admitiendo un delito: “Claro que me puede traer problemas. Porque es ilegal”.
Con toda esta información en su cabeza, volcada de la manera más cruenta, el hijo de la víctima fue directo a la fiscalía local para hacer la denuncia. De esa manera comenzó la investigación penal para determinar qué pasó con el conferencista.
Lo primero que determinó la fiscalía es que Cipolat efectivamente fue enterrado en un terreno que él mismo había comprado. Cuando fueron a buscar a Uribe para que de alguna explicación ya no estaba. Al día de hoy, nadie sabe con certeza dónde se encuentra y fue declarada como prófuga.
Cuando se realizó la autopsia al cuerpo, los resultados fueron contundentes: La muerte no se produjo por COVID ni por ninguna angina de pecho. Según el documento donde quedaron plasmados los resultados del análisis del cadáver, y al que pudo acceder Infobae, los forenses determinaron que la muerte se produjo por un “trauma craneoencefálico”. Es decir, que encontraron severos golpes en la cabeza realizados con un objeto contundente, que le provocaron la muerte. Además aparecieron distintas marcas en su cuerpo.
“Básicamente lo golpearon por todos lados. No aparecen, en principio, lesiones compatibles con defensa por lo que estimamos que fue sorprendido con un golpe certero que lo desvaneció y luego le siguieron pegando”, explica una fuente de la investigación mexicana.
Tampoco se descarta que haya más involucrados. “Nadie puede pensar que una mujer flaquita como Uribe pudo haber asesinado y enterrado ella sola a un hombre que media 1.80 y pesaba casi 90 kilos”, explican desde la justicia.
Ante la evidencia de que el primer certificado era trucho, ahora los investigadores también tienen en la mira al médico Mendiola. La fiscal quiere saber por qué firmó un certificado apócrifo y si es cómplice del asesinato.
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