Diez minutos duró la agonía de Fernando Marino sobre el asfalto de la calle Italia, en Adrogué. El joven de 28 años, que hacía pocos días había emprendido un nuevo trabajo como repartidor, recibió un disparo en la axila desde el arma de uno de los dos asaltantes que quisieron robarle y murió poco después.
Fue el último lunes, cerca de las 13. Marino conducía la Renault Kangoo gris que era de su papá por la calle República de Italia al 900. Debía entregar un pedido y buscaba la dirección de destino. Por eso conducía a muy baja velocidad cuando una moto azul sin patente y con dos personas a bordo lo interceptó para, se cree, robarle.
“Sin mediar palabra se le pusieron a la altura de la ventana, en lo que creemos fue un intento de robo. En ese momento, Marino hizo un mal movimiento con el vehículo, como si hubiese pisado un pedal por error”, detalló un investigador a Infobae. En esa secuencia, que aún no fue completamente esclarecida, los asaltantes dispararon hacia el interior de la camioneta y lo hirieron a la altura de la axila. Escaparon sin robar nada pero con un homicidio a cuestas.
La secuencia completa a la que tuvo acceso este medio muestra cómo Fernando se arroja de su camioneta, que sigue en movimiento y con la puerta abierta hasta que se va del cuadro registrado por la cámara de seguridad de un vecino. Marino queda primero arrodillado sobre el asfalto. Luego se sienta y se agarra las axilas y segundos más tarde se inclina sobre sí mismo. Un auto negro pasa por al lado y lo esquiva, pero no se detiene.
Son las 13:10 y Fernando ve pasar el auto y lo mira, como si pidiera ayuda. Se nota el dolor en los gestos de su rostro. Dos minutos más tarde, que parecen una eternidad, con Marino cada vez más quieto y en la misma posición, aparece un auto rojo, que frena. Casi en simultáneo aparece una camioneta azul y una moto con un repartidor, que lo mira y sigue.

En cambio la camioneta frena al lado de Fernando. El conductor baja la ventanilla y le habla a la víctima al tiempo que un vecino cruza la calle por al lado. Facundo no levanta la cabeza. No se sabe si responde, pero no mira al conductor de la Ford, que no se baja del vehículo.
Son las 13:13 y aparecen otros vecinos. Un hombre vestido de azul se acerca finalmente a Marino. Y luego se aproxima una mujer. Inmediatamente aparecen otras personas y el primer policía, un agente de la Bonaerense, que es la primera persona que hace contacto físico con Marino. Se arrodilla a su lado y pareciera que habla con él.
El hombre de campera azul se acerca a Marino, que se mira el pecho. Es como si en ese momento descubrieran que el joven está herido de un balazo. Incluso pareciera que la propia víctima se descubre baleado en ese momento. Mientras tanto, cuatro vecinos observan la situación desde la vereda y el conductor de la Ford sigue a bordo de su camioneta pero a las 13:14 da marcha atrás.
Y en ese momento aparece una mujer policía para hablar con Marino. Le abre la campera y comprueba la herida. Se acercan más vecinos y aparece otro hombre que, por los gestos, relata el momento del intento de robo. Marino sigue solo, sentado con las piernas cruzadas, agonizante. Nadie le habla.

A las 13:17 algo ocurre con Facundo porque los vecinos que miraban desde la vereda se le acercan. En ningún momento llega un médico y mucho menos una ambulancia. Diez segundos después arriba un patrullero de la Bonaerense, llega con velocidad y frena al lado de Marino.
Del lado del acompañante se baja la mujer policía que antes había hablado con él. El agente que conduce el móvil despeja los asientos traseros y guarda camperas en el baúl del auto. Entre varios lo ayudan a Marino a ponerse de pie y lo intentan ingresar en el patrullero. Pero Marino se desvanece antes.

“El oficial le preguntó si podía esperar la ambulancia pero él no hablaba, solo asentía con la cabeza. Lo cargamos al patrullero pero se desplomó cuando lo quisimos subir. Tengo todavía la sensación del muchacho cuando se me desplomó encima mío”, contó en una entrevista con el canal TN Jonathan, el vecino que escuchó los disparos y llamó al 911.
Finalmente con ayuda logran que entre al auto. Un vecino se mete por la otra puerta y ayuda desde adentro del móvil a que el joven pueda sentarse. Casi a las 13:19, el móvil policial sale hacia el Hospital Lucio Meléndez. Poco después, el corazón de Fernando Marino se detiene.
Según pudo saber Infobae por fuentes del caso, los investigadores trabajan contra reloj para dar con los autores del crimen. Hay información que los podría acercar a la resolución del caso en las próximas horas. La causa está a cargo del fiscal Gerardo Mohoraz, de la UFI Nº 6 de Lomas de Zamora.
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