
El 28 de abril alrededor de las 21.20, un grupo de cinco asaltantes con los uniformes de la firma de la empresa de seguridad Protección Total entraron a la casa de Norberto Velay en el country Los Ombúes de Hudson, en la zona sur del conurbano bonaerense. Allí, lo tomaron de rehén a él y a su familia mientras la banda le robó, calcula la Justicia, entre 30 y 40 millones de pesos. “30”, estimó Velay al comienzo. Protección Total era la empresa que custodiaba la zona. Los ladrones hasta habían llegado en un móvil de la firma. Luego se fueron, entre gritos de vecinos. El portón trasero del country había sido abierto. El vehículo de la huída fue descartado diez cuadras más tarde.
En un momento, los ladrones llevaron a otro hombre atado y con vendas en sus ojos al sótano donde tenían recluida a la familia, parecía otro rehén, una jugada extraña. Ese hombre era Emanuel Seco, de 27 años, un técnico informático que trabajaba para la empresa de seguridad del country desde el 2015. Era el encargado del sistema técnico de las cámaras de seguridad del barrio, que al momento del robo habían sido apagadas. El servidor de las cámaras fue encontrado por la fiscal Silvina Borrone de la UFI N°4 de Berazategui: estaba dentro de la camioneta en la que los ladrones escaparon.
Ayer domingo, Seco fue detenido en su casa de Ingeniero Allan, en Florencia Varela, señalado como el presunto líder de la banda que se llevó los millones de la casa de Velay, dedicado según él mismo a la distribución de cigarrillos.
Según indicaron fuentes judiciales a Infobae, además de Seco, la Policía Bonaerense arrestó a tres de sus cómplices, todos oriundos de Varela: Julio Barrios, de 32 años, amigo del barrio de Seco; Braian Correa, de 28, trabajaba en la empresa de seguridad del country como vigilador; y Guillermo Sosa, de 45, un ex empleado de la firma Protección Total .
Así, los detectives detallaron que el plan del robo ya estaba planificado y la casa estaba marcada. Todo articulado por Seco con la ayuda de sus cómplices. La coartada posterior al robo tejida por el joven ladrón en su cabeza era perfecta, funcionaba. Hasta se lo puede ver al hombre dando entrevistas a distintos medios tras el hecho. Se presentaba como uno de los rehenes que la banda había captado, como un víctima más de la banda que él mismo organizó.
“Me repetían que me iban a volar la cabeza”, sSe nota que conocían la zona", declaraba el hombre frente a distintos micrófonos . Seco decía que a él lo había secuestrado los ladrones cuando ingresaron al country y una vez que llegaron a la casa, lo bajaron de la camioneta y lo arrojaron al sótano junto a la familia. La escena fabricada por Seco parecía creíble.
Pero algo salió mal.
De acuerdo a los investigadores, la banda cuando se encontró con la abultada suma de dinero, empezó a introducir los fajos de billetes dentro de un bolso. Como no entraban, porque allí guardaban ropa, se deshicieron de las prendas y la arrojaron hecha un bollo dentro de la casa.
Así, una vez que comenzaron los peritajes a la ropa, los detectives hallaron un teléfono dentro de ese nudo de ropa: “el celular operativo”. Era el teléfono móvil que sólo se activó para perpetrar el robo. Una vez que los investigadores accedieron a él, pudieron leer las conversaciones y oyeron los audios que intercambiaban los miembros del grupo. Allí, aparecía la voz de Seco y el número desde donde se enviaban era su línea personal. Los investigadores, al acceder a ese teléfono, lograron dilucidar cómo había sido planeada la faena que terminó con el robo del millonario botín. Seco marcó las tiempos del robo, indicó cómo, cuándo y quién.
Hasta apareció un video de tres segundos donde Seco había filmado la casa de Velay. Según creen, esa fue la marca, la indicación precisa de la casa a robar a la hora apuntada para que no fallen.
Así, las fuentes del caso dijeron que se encontró el celular personal de Seco en la camioneta en la que escaparon. Sin embargo, el hombre ya tenía discursivamente un escape frente a la situación. Declaró que como había sido secuestrado por la banda y llevado en la camioneta en la que después escaparon, allí se le había caído el celular. Aunque lo que no imaginó era el acceso que iban a conseguir los investigadores pocos días después.

En tanto, la inspección de la camioneta reveló algo inquietante, que demuestra un claro nivel de preparación táctica: en su parte trasera tenía los servidores de las cámaras de seguridad del country. Habían sido, cree la fiscal Borrone, robados por Seco.
De acuerdo a esto último, según confiaron fuentes del caso, Seco en las semanas previas al hecho probó lo que después fue algo esencial para lograr el robo: cortar la secuencia de filmación en las cámaras de seguridad del barrio privado en la hora justa que se producía el atraco, para que no queden huellas.
Así, Seco practicó, buscó la forma alrededor del sistema. Y a la misma hora que después iban a cometer el robo, desconectó las cámaras. Ya tenía todo listo. Funcionaba. Sin embargo, falló. Dejaron las precisiones del robo, la preparación y su organización en sus teléfonos.
Según las fuentes del caso, la banda se fue en una camioneta de Protección Total, la misma con la que habrían ingresado. Velay tomó un arma y comenzó a dispararles en su huida, sin herir a nadie. Un vecino salió de su casa a asistirlo: vio cómo la camioneta huía hacia la parte trasera del country. El portón que debía bloquearle el paso, según contó este vecino a otros en Los Ombúes, estaba abierto, con una moto tirada en el piso. La camioneta de la huida fue abandonada pocas cuadras después.

Allí, según contaron, tres de los ladrones se subieron a un Ford Ka y huyeron, el otro se fue caminando.
Tras las detenciones quedan dos cómplices más que están siendo buscados intensamente. Los prófugos cargan con antecedentes. Serían los únicos de la banda con un pasado delictivo.
Los cuatro detenidos serán indagados mañana a primera hora por la fiscal Borrone. Los detenidos están imputados por robo calificado por el uso de arma.
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