Buscaba rescatar el folclore y se convirtió en “el patriarca” del género: a 150 años del nacimiento de Andrés Chazarreta

Oriundo de Santiago del Estero, el recopilador e intérprete de clásicos como la Zamba de Vargas, fue el encargado de difundir la música folclórica por todo el país. En su honor hoy se celebra el Día del Folclorista

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Andrés Chazarreta
Andrés Chazarreta

El 29 de mayo se celebra el Día Nacional del Folclorista en su honor. Andrés Chazarreta había nacido en esa fecha pero de 1876, en Santiago del Estero. Y, desde muy chico, se interesó por la música autóctona gracias a sus hermanos mayores, que lo criaron tras la prematura muerte de su mamá. De hecho, tenía apenas 15 años cuando empezó a tomar clases y, en poco tiempo, logró dominar más de 16 instrumentos, incluidos el piano, el violín, la guitarra, el mandolín y la bandurria.

Desde 1896 se convirtió en un maestro muy respetado en sus pagos. Y siguió ejerciendo la tarea docente a lo largo de 27 años. Sin embargo, después de codearse con muchos músicos de su provincia y otras localidades adonde había viajado en carácter de inspector, se puso como meta rescatar algunos temas emblemáticos del folclore nacional. Y llevó a cabo una recopilación que empezó con la Zamba de Vargas e incluyó otras piezas autóctonas, algunas de autores anónimos y trasmitidas solo de manera oral, como El Palito, La firmeza, El cuando, La Lorencita, El marote, la Mariquita, El escondido, La media caña, El llanto, La refalosa, El triunfo, El papa pala, La condición, La remesura, El prado, La arunguita y Los aires.

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“Escuchando y sintiendo de cerca los cantos de mi pueblo con los que llegué a familiarizarme, embebido de todos sus motivos y anhelando, por otra parte, que no se perdieran por descuido o indiferencia, resolví iniciar mi obra arreglando la Zamba de Vargas, pieza que desde mi infancia había aprendido oyéndola cantar todos los días a mi abuelita y conservando el sabor de sus motivos silvestres”, había dicho sobre aquella primera obra que había decidido llevar a un pentagrama para garantizar su permanencia en el tiempo.

Andrés Chazarreta
El músico en una foto de su juventud

Chazarreta también fue compositor. La primera de sus más de 400 obras fue la mazurca Anita, de 1904, que creó inspirado en su novia de entonces. Y después se animó a distintos géneros como la zamba, la cueca, el gato, la chacarera, el vals y hasta el tango. Algunos de los títulos que le pertenecen, por mencionar unos pocos, son La cuartelera, Siete de abril, Criollita santiagueña, Zamba alegre, La boliviana, El 180, Mañana de mañanita, Esquina de campo, El tucumano, La gorostiaguista, Las aves que hicieron nido, Me voy, me voy, El minué federal, Tei de querer, La randera tucumana, La Telesita, El salta conejo, Santiago del Estero y Ciudad de Córdoba.

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En 1906, en tanto, formó el Conjunto de Arte Nativo, compuesto por treinta personas entre ejecutantes y bailarines, del que surgió la legendaria cancionista Patrocinio Díaz. Y con él comenzó a trabajar en el que sería su mayor legado: la difusión del folclore. Debutó en Santiago, para luego comenzar a recorrer todo el país hasta cruzar el Río de la Plata y llegar a Uruguay. Sin embargo, la meta más difícil para el músico era conquistar la Capital Federal. Y lo hizo, a pesar de que para entonces muchos pensaban que interpretar los géneros que él hacía eran como “retroceder” a nivel cultural.

Finalmente, en 1916, Chazarreta grabó el primero de sus diez álbumes musicales santiagueños. Y, un año más tarde, debutó en el salón La Argentina de Buenos Aires. Él sentía que esa era la plaza más difícil. Sin embargo, el público lo aprobó. Y luego, a instancias de su amigo Ricardo Rojas, el escritor de El Santo de la Espada, terminó actuando en el teatro Politeama, donde marcó un hito en 1921 al lograr que la música folclórica captara la atención a nivel nacional, a pesar de algún desubicado que le gritó “botas sucias” desde la platea.

Andrés Chazarreta
El maestro era conocido como "el patriarca del folclore"

Lo cierto es que el músico nunca perdió de vista su objetivo. Y luego siguió con presentaciones en el teatro Apolo y el Liceo, entre otros. También tuvo un paso importante por las radios Estado, El Mundo, Belgrano y Stentor. Y llegó con su arte a la pantalla grande colaborando en las películas El linyera, Malambo, La casa del recuerdo, Saludos amigos y El loro de la soledad.

Debemos imponer nuestras danzas, que por su galanura, nos dan un ejemplo de moral, contrariamente a las extranjeras que nos están invadiendo desde hace años y van corrompiendo las juventudes”, había dicho el 10 de abril de 1941, al inaugurar su Escuela de Danzas Nativas en la Capital Federal. Y lo suyo no solo era un manifiesto, era la expresión de un profundo convencimiento por el que trabajó toda su vida a pesar de los obstáculos.

Chazarreta falleció el 24 de abril de 1960, a los 83, cuatro años después de haberse retirado de la actividad artística, en su ciudad de origen. Y, con el tiempo, su casa natal se transformó en un museo y luego en un monumento histórico que intenta preservar su legado. Pasó más de cinco décadas trabajando para lograr que la música nativa fuera valorada tanto en el país como en el exterior. Le decían “el patriarca del folclore”, porque de alguna manera se había convertido en el primer empresario dedicado a este género. De hecho, el Instituto de Folclore que llevó su nombre llegó a tener 72 sucursales en todo el país.

Sin lugar a dudas, su esfuerzo no fue en vano. Es por eso que en 2011, a partir de una iniciativa presentada por la senadora nacional Ana Corradi de Beltrán, se promulgó la Ley N° 26.665 que establece el día del nacimiento del músico como la fecha en la que se celebra a todos aquellos que honran el folclore argentino.

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