A los 18 años, Richard Kiel ya medía 2,25 metros de altura, aunque decía que eran 2,18 porque era un número “más fácil de recordar”. Tenía un trastorno llamado acromegalia, que hace que la glándula pituitaria produzca demasiada hormona de crecimiento y que, a diferencia del gigantismo, se desarrolla cuando el individuo ya pasó la etapa de la infancia. Sin embargo, él logró transformar lo que podría haber sido una limitación en una potencialidad. Y se convirtió en el actor de Hollywood más requerido para los papeles de villanos. De hecho, a 10 años de su muerte, ocurrida el 10 de septiembre de 2014 cuando estaba por cumplir los 75 años, el público lo sigue recordando por su papel de Jaws (Tiburón o Madíbulas para el mercado hispano) en dos películas de la saga de James Bond.
Nacido el 13 de septiembre de 1939 en Michigan, Estados Unidos, en el seno de una familia de comerciantes, el actor nunca dejó que su físico imponente afectara su vida. Muy por el contrario, después de dedicarse a vender parcelas en un cementerio, trabajar como seguridad en un club de Los Ángeles y dar clases de matemáticas en una escuela nocturna, se animó a probar suerte en la actuación. Y, en 1960 con apenas 21 años, debutó en televisión cuando participó de un episodio de la serie Klondike.
La racha siguió con roles en series como Lassie, Mi bella genio y La isla de Gilligan, para los que era convocado justamente por su physique du rol. Y es que, afortunadamente, su patología no había afectado sus órganos por lo que podía llevar una vida como la de cualquier otro. Pero daba la imagen de malvado que todos los productores necesitaban para sus ficciones. Y a él, a quien todos definían como una persona simpática y amable, le encantaba hacer de villano.
No tardó mucho en llegar al cine de la mano de Eegah, film de 1962 en el que protagonizó a un cavernícola gigante. E hizo de extraterrestre en La dimensión desconocida, un thriller de ciencia ficción que se estrenó ese mismo año. Aunque rechazó el papel de Chewbacca en Star Wars porque decía que hacía “mucho calor dentro de esos trajes”. Sin embargo, el personaje que más lo marcó tuvo su origen en El expreso de Chicago, película de 1975, en la que interpretó a un sicario llamado Reace utilizando una dentadura metálica. Fue entonces cuando Maude Spector, encargado de casting del agente 007, puso sus ojos en él.
Keil terminó convirtiéndose en el villano con dientes de acero capaces de atravesar lo que fuera de La espía que me amó, película de la saga dirigida por Lewis Gilbert y protagonizada por Roger Moore en 1977. Y su trabajo tuvo tanto impacto, que ambos convencieron al productor Albert Broccoli de que Jaws tenía que volver a enfrentar a Bond. Así que, dos años más tarde, apareció nuevamente en Moonraker, donde tuvieron que utilizar un doble de riesgo para las escenas de lucha que se hicieron en andamios montados en las ruinas del templo egipcio de Karmak, ya que curiosamente le tenía miedo a la altura.

A partir de ese momento, Richard se transformó en una verdadera estrella. Un actor de culto. En 1978 fue elegido para el papel de Hulk, pero después de varios capítulos acordó de común acuerdo ser reemplazado por Lou Ferrigno porque no se sentía cómodo con el maquillaje. En 1979 protagonizó la película italiana L’umanoide. Y en 1985, en tanto, encarnó a Club en el western Pale Rider, dirigido y protagonizado por Clint Eastwood. Pero, para entonces, ya había decidido alejarse de las cámaras para comenzar una carrera como guionista.
En 1990 y después de notar un deterioro físico a raíz de un accidente de camión, que lo obligó a caminar con un bastón primero y con una silla motorizada después, decidió abandonar la vida pública. Sin embargo, hizo un cameo en la comedia Happy Gilmore de 1996, en la que compartió elenco con Adam Sandler. Y prestó su voz en la película animada Enredados de 2010.
Lo cierto es que, si bien a lo largo de su carrera interpretó una infinidad de papeles, el mismo Kiel reconoció que cuando lo veían por la calle todos lo saludaban como Jaws, personaje que décadas después siguió apareciendo en el videojuego James Bond 007 Legends dándole un buen pasar económico. Y contó que tenía que salir a la calle con gafas y sombrero para poder evitar el asedio de los fans. Sin embargo, solía mostrarse muy agradecido por el reconocimiento de la gente y por la ayuda de Dios, a quien se había aferrado para superar el alcoholismo.

Richard había estado casado con Faye Daniels entre 1960 y 1973. Y, tras su divorcio, en 1974 contrajo enlace con Diane Rogers, la mujer que lo acompañó hasta el final de sus días y con la que tuvo a sus cuatro hijos: Richard George, Christopher, Jennifer y Bennett. De hecho, fue estando en familia que en el mes de septiembre de 2014, se cayó y sufrió una fractura de fémur que terminó siendo mortal.
El actor fue ingresado en el Centro Médico Saint Agnes de Fresno, California, con una pierna quebrada que requería una intervención quirúrgica. Y la dosis de anestesia que requirió para la operación terminó con su vida. Kelley Sánchez, director de comunicaciones del hospital y Steven Stevens, representante de Kiel, fueron los encargados de comunicar el fallecimiento.

“Era un hombre encantador. Una vez le pregunté: ‘¿Qué pregunta te hace la gente que realmente te vuelve loco?’ Richard me respondió: ‘¿Qué tamaño tenías cuando eras pequeño?’. También odiaba esos dientes de metal y no podía esperar a sacárselos después de filmar. Fue muy triste cuando murió”, comentó Moore, quien mantuvo una íntima amistad con Kiel desde que se conocieron haciendo la saga de James Bond.
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