
Hay un capítulo emblemático de Los Simpson en el que el siempre polémico Señor Burns toma una decisión que altera la vida cotidiana y el estado de ánimo de todo Springfield: hace construir un enorme disco metálico que tapa el sol para que la luz directa no llegue a la ciudad. Su objetivo es puramente económico: quiere que todos dependan de la energía eléctrica que, a la vez, depende de la central nuclear de la que él es dueño. La falta de sol mete a Springfield en un caos cotidiano (y el Señor Burns termina con un balazo cuya autoría, en un primer momento, se desconoce).
Según los registros históricos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), cuatro de los diez meses que ya transcurrieron en 2026 estuvieron más nublados que el promedio histórico de cada uno de esos meses en el AMBA. Octubre corre en ese mismo sentido: los primeros 19 días del mes alcanzaron para equiparar la nubosidad promedio. Junio y agosto, entre los dos, sumaron 45 días nublados en la Ciudad y el Gran Buenos Aires.
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Las redes sociales, como con casi todos los temas, dan cuenta de las sensaciones que provoca esta paleta gris de la que se viene pintando el cielo en la zona metropolitana. Algunos dicen que los días nublados y lluviosos empezaron el viernes 5 de junio, cuando Argentina supo que había muerto Indio Solari. Otros dicen que el anuncio del retiro de Lionel Messi de la Selección consolidó la tendencia. Muchos hablaron de un invierno londinense. Y de lo difícil (imposible) que es mantener el cesto de la ropa sucia a raya.
El Niño y algo más
“Los fenómenos en la atmósfera casi nunca son simples y por una única causa. Aquí está el fenómeno El Niño, que aporta más humedad, genera condiciones para que la humedad se transforme en nubosidad y lluvia, y esa es una de las razones tenemos menos radiación solar”, explica José Bianco, meteorólogo, licenciado en Ciencias de la Atmósfera, y divulgador de los temas en los que se formó.
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“Hay un fenómeno de menor escala, los bloqueos atmosféricos, que habitualmente no se alinean tanto con El Niño. Los bloqueos, que fueron dos en las últimas semanas, impidieron tener cambios frecuentes en la circulación de aire, y dependiendo en qué parte estés, las condiciones climáticas ‘se traban’ en condiciones buenas o malas. Tuvimos viento desde el mar y condiciones favorables para que se formen las nubes”, suma sobre las condiciones que multiplicaron las nubes, sobre todo las nubes bajas, en el cielo del AMBA.
“Estamos en una temporada en la que si hay humedad, el suelo está frío y entonces es muy probable que dominen las nubes bajas. Noviembre, diciembre, enero, cuando el sol caliente más el suelo, va a ser difícil que tengamos siete, ocho o nueve días seguidos de nubosidad baja. Puede ser que recuperemos el sol y volvamos a alternancia de lluvia cada tres o cuatro días, que es la estadística que responde al promedio histórico en Buenos Aires”, describe Bianco.
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“En Buenos Aires es normal que llueva cada tres días. Probablemente, estemos ante un escenario en el que tengamos algunos días lluviosos más que ese promedio. El Niño alterna entre días buenos y malos de manera más dinámica, más rápida. En los próximos meses, deberíamos volver de a poco a días más alternados”, agrega el especialista.
Los fenómenos que en la zona del AMBA tiñen el cielo de gris y multiplican los días lluviosos, complican muchísimo más la zona del Litoral, especialmente en el norte de esa región. La crecida de los ríos, que ya está en marcha e inundó distintas localidades de Misiones y Corrientes, y la previsión de lluvias son la combinación que hacen de esa zona de la Argentina la más amenazada por El Niño. En Corrientes ya murieron dos baqueanos mientras intentaban rescatar ganado en medio de una inundación provocada por la crecida del río Paraná.
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Sincronizar el reloj biológico
Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas y divulgador científico, está especializado en cronobiología. Desde hace años investiga, entre otras cosas, cómo funciona el ritmo circadiano de los seres humanos, es decir, cómo son los ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas que regulan los cambios físicos, mentales y conducturales de los seres vivos.

Consultado por Infobae sobre el impacto de una menor radiación solar en nuestro ritmo circadiano, explica: “Todos tenemos un pedacito de cerebro que mide el paso del tiempo, nuestro reloj biológico. Pero no es exacto respecto de los ciclos de 24 horas, por eso es fundamental ‘poner en hora’ ese reloj, y el principal sincronizador de ese reloj es la luz, especialmente la luz solar. Por eso si la señal de la luz solar es más débil, la sincronización también es más débil”.
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“Es clave saber que aunque esté nublado es muy importante exponerse a esa luz, incluso si nos parece débil, porque el reloj circadiano es muy sensible a la luz. Por eso, aunque nos parezca que no está recibiendo nada de sol, esa información le sirve a nuestro organismo. Si no sincronizamos nuestro reloj, nuestros ritmos hormonales y nuestro ciclo de sueño pueden desinscronizarse, por eso hay que hacerlo aunque sea un ratito cada día, incluso si está nublado”, describe el especialista.
Las nubes en el estado de ánimo
“Todo el mundo está hablando en el consultorio de cómo está el clima. Aparece al frustración de que iban a hacer el asado o el festejo del Día de la Madre al aire libre, o que tuvieron que suspender alguna actividad recreativa o deportiva. Una frustración que tiene que ver con que, los momentos de esparcimiento, relajación o cuidado que dedicamos a nosotros mismos se ven complicados por las condiciones climáticas”, explica Martín Etchevers, secretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y profesor de Psicología Clínica y Psicoterapias.
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Según explica Etchevers, en Argentina no se ha investigado, y por ende, no hay evidencia respecto de la presencia de trastornos del estado de ánimo por falta de luz solar. Se trata de fenómenos mucho más investigados, por ejemplo, en países nórdicos, el Polo Norte y la Antártida.
“De lo que sí hay evidencia es de que las personas somos seres muy apegados a las costumbres, a los hábitos. Tenemos cosas planificadas que tienen que ver con nuestra vida social y con nuestra actividad que muchas veces están previstas al aire libre, y si eso se ve imposibilitado, se modifica nuestra rutina, lo que genera frustración”, describe Etchevers, y agrega: “Esa frustración puede revertirse muy rápidamente cuando cambian las condiciones nuevamente y el panorama mejora, por ejemplo, cuando sale el sol. Por eso esa frustración no se convierte en algo clínico”.
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“Para amortiguar los efectos que pueda estar teniendo esta mayor presencia de días nublados y lluviosos, una de las cosas que podemos trabajar desde nuestro posicionamiento es la flexibilidad. No incorporar esas eventualidades climáticas como algo sostenido en nuestra vida, sino como una pequeña dificultad más ante la cual se puede pensar un plan alternativo. Por ejemplo, considerar canchas techadas para jugar al pádel o al fútbol, tener una posibilidad de espacio cerrado si se arruina el plan con amigos al aire libre. Tratar de no cancelar nuestras actividades de esparcimiento, vida social y cuidado por cómo está el clima”, recomienda el especialista en salud mental.
Según su visión, “es importante adaptarse y pensar planes alternativos cuando el clima frustra los planes originales, pero no sobreadaptarse a esta temporada más nublada y lluviosa que estamos teniendo y entonces darla como una variable que arruina todos los planes”.
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“Es muy frecuente escuchar expresiones como ‘este clima me deprime’ o ‘necesito que salga el sol’. Pareciera que el clima tiene la capacidad de modificar nuestro humor, nuestras ganas de hacer cosas y hasta nuestra manera de relacionarnos con los demás”, sostiene Gustavo Corra, médico psiquiatra y psicoanalista, integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
“Los seres humanos no vivimos los fenómenos naturales de una manera puramente objetiva. Les atribuimos significados, muchas veces sin advertirlo, que forman parte de nuestro imaginario cultural. En nuestra cultura, por ejemplo, el sol suele representar la alegría, la vitalidad, la esperanza y el renacimiento. Por el contrario, las nubes oscuras, la lluvia persistente y la falta de luz suelen asociarse con la tristeza, la melancolía o la pérdida”, suma Corra, que además es docente en la Facultad de Medicina.
“Cuando atravesamos varios días lluviosos, no solamente percibimos una modificación meteorológica. También entramos en contacto con una serie de significados que nuestra cultura ha construido alrededor de la oscuridad, las nubes y la lluvia. Y estos significados pueden influir en nuestros estados de ánimo, incluso sin que seamos plenamente conscientes de ello”, describe Corra.

Asegura que, más allá del “imaginario promedio”, hay también una historia personal que cada uno construye respecto de determinados acontecimientos: para una persona, un día de lluvia puede ser un recordatorio de los días que pasaba protegido, haciendo alguna actividad en familia al calor del hogar, y para otra, evocar un escenario de falta de refugio.
“Por eso, desde una perspectiva psicológica, no sería correcto afirmar que los días lluviosos necesariamente entristecen a las personas”, dice Corra, y suma: “Lo que podemos afirmar es que los fenómenos climáticos actúan sobre una vida psíquica que ya está organizada por significados, recuerdos y experiencias”.
El verano del Niño
Diciembre y enero podrían ser, según se pronostica hasta ahora, los meses más lluviosos durante esta temporada de El Niño. Aunque los especialistas insisten en que no es viable hacer pronósticos precisos a largo plazo, por ahora se espera un verano que podría ser más húmedo, más nublado y más lluvioso que los veranos promedio.
En ese sentido, el impacto podría sentirse en la temporada de turismo. “Ahora mismo lo que nos está provocando El Niño es un pequeño retraso en el armado de los balnearios sobre la arena, es decir, en el montaje de carpas, sombrillas, distintos espacios que tiene cada prestador. Este factor climático nos está demorando la primavera y no nos trae buenas temperaturas ahora mismo, pero si se acomoda para el verano no deberíamos tener problemas”, cuenta Nelson Díaz Aguirre, presidente de la Cámara de Empresarios de Balnearios, Restaurantes y Afines de Mar del Plata (CEBRA).
En esa ciudad, el emblema del verano de los argentinos, entre el 60% y el 70% de los 20.000 espacios de sombra que hay en la línea costera se alquilan a la población local, y ese alquiler hoy está al menos demorado. “Estamos un 15% por debajo de unidades alquiladas respecto de esta fecha si comparamos con el año pasado, pero acá la ciudad está fría, nublada, la primavera no terminó de llegar y eso hace que el marplatense todavía no conecte con la temporada de verano, con la playa, el solcito. En cuanto eso pase, suponemos que va a levantar”, suma el empresario, concesionario de dos balnearios en el norte de la ciudad.

Hay un dato que le permite ilusionarse: “Estamos viendo que en el Pacífico el agua va a estar entre tres y cuatro grados más caliente que otros veranos, algo que puede suceder de nuestro lado, en el Atlántico. Ahí miro el vaso medio lleno, imaginate Mar del Plata con el agua no tan fría cuando entrás al mar”, dice. Y reconoce: “Que El Niño nos va a afectar, nos va a afectar, porque también se esperan meses de lluvias más intermitentes. Nuestro trabajo es plantear las mejores opciones y precios para que el turista, cuando vea un par de días lindos en el pronóstico, aunque sea haga una escapada”.
Según prevé, el espacio de sombra más barato de la ciudad costará unos 80.000 pesos por día, con lugar para seis personas. El precio del alquiler de una carpa por temporada, que empieza el 1º de diciembre y termina el último día de marzo, está previsto en un mínimo de 3.500.000 pesos.
“Creemos que, cuando el sol empiece a calentar el cemento porteño, e incluso en un contexto económico en el que está cayendo el consumo, va a haber turistas que digan ‘me escapo’. Y en esa escapada, sobre todo si va a haber lluvias intermitentes, la mejor alternativa es Mar del Plata, una ciudad preparada para todos los climas y con muchísimo para hacer”, define Nelson.
Joel Tamer es uno de los socios a cargo Casa Camarón, un hotel de 16 habitaciones que se instaló en una típica casona marplatense del barrio Lomas Stella Maris y que apuesta por el sostenimiento del patrimonio arquitectónico tradicional de la ciudad, caracterizado por la piedra que lleva el mismo nombre que La Feliz.
“El factor clima es importante, pero en Mar del Plata no tanto como en otros lugares de la costa. ¿Por qué? Mar del Plata no es solo playa. En los últimos años, la ciudad ha incrementado mucho su oferta gastronómica y cultural, sobre todo la gastronómica. Tenemos, más allá de los lugares clásicos y tradicionales, una gastronomía nueva muy interesante. Mar del Plata pasó de ser ‘la ciudad de los pulóveres’ a ser una sede gastronómica y cervecera muy importante a nivel nacional. Este año hemos tenido muchos huéspedes que venían ‘a comer’, ya viajaban con sus reservas realizadas en distintos restaurantes y bares de la ciudad”, describe el empresario hotelero.
“Estamos con bastante expectativa, creemos que será mejor que el verano pasado. Tenemos más consultas si comparamos con el mismo momento del año anterior. Los que empiezan a consultar ahora por lo general son familias que vienen entre cinco y quince días. Los jóvenes sí suelen definir más sobre la hora, dependiendo del clima y los eventos”, suma Tamer.
“Nosotros no hemos puesto nuestras tarifas en función del clima, nuestras tarifas van acorde al servicio que ofrecemos. Honestamente, estamos con los mismos precios que el verano pasado, por lo menos ahora, en la instancia de preventa. A veces es mejor achicar el margen y tener la mayor cantidad de huéspedes posible. Lo que sí podemos evaluar modificar es, ya en temporada, los famosos días ‘sándwich’, que son los que quedan entre reservas’: esos podemos ofrecerlos a tarifas promocionales”, cuenta.
La importancia de adaptarse
Para cuidar el sueño, la salud mental, la regulación hormonal, la vida social y el estado de ánimo, los especialistas recomiendan exponerse a la luz solar, aunque nos parezca poquita, y también no permitirle al clima que se convierta en un motivo de postergación y suspensión permanente.
“Si necesito vacaciones y tengo la posibilidad de tomarlas, entonces lo mejor es tomarlas. Si el lugar al que tenía previsto ir tiene mal pronóstico, puedo pensar en otro destino o en otras actividades en ese mismo lugar”, sostiene Etchevers. Tal vez estemos ante un verano en el que ese pronóstico que se consulta a diario, por tele, por radio o en el celular, se vuelva aún más determinante. Aunque conviene no darle todo el poder al cielo.
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