Hay ciudades que construyen su identidad a partir de sus monumentos, otras de sus paisajes y algunas de sus construcciones emblemáticas. En la ciudad patagónica de Puerto Madryn, donde el mar, las ballenas y los acantilados son sus grandes tesoros naturales; también asoman otros hitos urbanos que convierten a este lugar en la “cuna” de la arquitectura lúdica.
Desde la calle, algunas de sus formas pueden resultar desconcertantes: enormes volúmenes que sobresalen de las fachadas de los edificios, piezas que parecen encastrarse unas sobre otras, terrazas que aparecen donde debería haber un simple balcón y estructuras que, a primera vista, parecen estar suspendidas en el aire. Pero no es un truco visual.
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Sus edificaciones llaman la atención por sus formas, desafían visualmente las leyes de la gravedad y se transformaron en puntos de referencia para vecinos, turistas y estudiantes de arquitectura. Pero detrás de cada volumen que parece flotar existe una búsqueda más profunda: demostrar que la creatividad, la funcionalidad y el diseño pueden convivir en una misma obra.

Detrás de esas construcciones está Mauricio Oporto, arquitecto y uno de los responsables, junto con Josefina Diez, de un estudio de arquitectos. Hace alrededor de una década decidieron que sus propios desarrollos inmobiliarios podían ser algo más que edificios convencionales. Así nació una idea que terminó convirtiéndose en una verdadera saga de arquitectura inspirada en los juegos de mesa.
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“Nuestros edificios son como una marca registrada en Madryn”, aseguró Oporto en diálogo con Infobae. “Si bien el estudio ya tiene veinte años de trayectoria, recién hace diez empezamos a desarrollar obras propias”, contó.
Para el primer edificio, que se construyó en 2016, la fuente de inspiración fue el cubo Rubik. “Adquirimos un terreno y no hubo un cliente que nos pidiera específicamente esa obra, sino que surgió de intentar hacer algo distinto”, admitió.
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El primer movimiento: un cubo Rubik de ocho pisos
La idea no nació como una estrategia comercial ni como una búsqueda deliberada de llamar la atención. “Surgió de una inspiración y después de la posibilidad de llevarla a la arquitectura sin copiarla literalmente”, explicó Oporto.
Así nació Qube, un edificio residencial de ocho pisos ubicado en pleno centro de Puerto Madryn, a unos 150 metros de la costanera. La referencia al reconocido juego está en el modo en que los volúmenes se desplazan, se superponen y sobresalen. Desde determinados ángulos, la torre parece un conjunto de cubos que alguien hubiera comenzado a mover y dejado congelados en una posición imposible.
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El impacto inicial no fue necesariamente positivo. “Al principio fue discutido”, reconoció Oporto. “Los vecinos veían volúmenes que avanzaban hacia el vacío y habitaciones que parecían quedar suspendidas a 26 metros de altura y costó incorporarlo”, enfatizó.

Sin embargo, con el tiempo, aquella arquitectura que parecía extraña empezó a encontrar su público. La explicación no estaba solamente en la estética. También estaba en la experiencia de vivir adentro. “El desplazamiento de los volúmenes nos permitió generar grandes superficies vidriadas, mayor amplitud visual y terrazas que no se parecían a los balcones tradicionales”, detalló.
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“La caja que sobresale del piso de abajo le genera al de arriba una terraza de tres metros por 3,5 metros”, explicó el arquitecto sobre esa consecuencia de pensar los espacios exteriores. “Ya no concebimos más un balcón de corrido. Es una terraza que se puede aprovechar”, agregó Oporto, quien con su primera obra demostró que jugar con las formas no necesariamente significaba sacrificar la funcionalidad.

Un Tetris pensado íntegramente para oficinas
Una vez terminado Qube, Oporto y su equipo se hicieron una pregunta que parece casi infantil, pero que terminó guiando su trabajo durante los años siguientes: “Bueno, ahora ¿qué juego sigue?”. La respuesta fue el Tetris.
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“En el juego hay distintas formas, que se encastran de una manera que generan situaciones visuales pero también favorables para vivir”, remarcó. El resultado fue una torre de ocho pisos exclusivamente de oficianas ubicada también en el centro de Puerto Madryn, a poco más de un centenar de metros del mar.
La analogía con el juego es mucho más literal. Las piezas parecen bloques de Tetris detenidos en pleno movimiento, acomodados de diferentes maneras y sobresaliendo del cuerpo principal de la construcción.
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Y allí aparece una de las características centrales de toda la saga: ningún espacio es exactamente igual a otro. “Todo, absolutamente todo es distinto”, dijo Oporto al hacer referencia a ambos proyectos. “No encontrás un departamento igual al otro”, aseguró.
En el caso de las oficinas, esa diversidad permite que cada usuario pueda apropiarse del espacio de una manera diferente. Pero también produce una identidad particular para el edificio.
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“Nos pasó que el Tetris terminó convirtiéndose en algo más que una torre de oficinas. Se transformó en un punto reconocible dentro de la ciudad. La gente que compró y puso su oficina, su consultorio, lo que sea, se siente orgullosa de estar ahí. ‘Yo vivo en el edificio Tetris’, dicen los propietarios”, contó Oporto.

La singularidad del Tetris, construido en 2024, también abrió otra posibilidad: utilizar la arquitectura como soporte para el arte. Una vez terminada la obra, el estudio decidió intervenirla con videomapping, luces y música. Las imágenes proyectadas transformaron durante unos minutos la fachada en una gigantesca pantalla.
Pero la segunda experiencia fue todavía más ambiciosa: “Hubo músicos tocando en vivo desde las terrazas, acróbatas descendiendo por las paredes con arneses y gente colgada bajando tipo rapel”, recordó Oporto, quien negó que esa iniciativa haya sido pensada como una estrategia de marketing para vender las unidades.
“De hecho, el edificio ya estaba prácticamente comercializado. La intención era otra: devolverle algo a la ciudad y ofrecer la construcción como espacio para los artistas”, sostuvo.

De hecho, esa intervención terminó trascendiendo Puerto Madryn. El video se difundió en redes sociales, llegó incluso a China y recibió un reconocimiento arquitectónico por su intervención artística.
El Jenga: cuando las piezas vuelan seis metros
Después del Cubo Rubik y del Tetris, la saga encontró un nuevo desafío: el Jenga, que se inaugurará en diciembre de este año. Esta vez el proyecto volvió al uso residencial y llevó todavía más lejos la idea de las piezas suspendidas.
El edificio, ubicado en un sector residencial privilegiado del sur de Puerto Madryn y a una cuadra y media del mar, tiene planta baja y cuatro pisos. Sus grandes módulos parecen bloques gigantes del tradicional juego de madera.
Pero Oporto aclara que la referencia no es completamente literal: “Son piezas gigantes del juego Jenga, no tan literal como el Tetris. Es más abstracto, pero es la idea de este juego de piezas que se mueven”.

A diferencia del edificio Qube, donde habían trabajado con voladizos de aproximadamente 3,5 metros, en el Jenga decidieron duplicar esa apuesta. “Nos fuimos a seis metros de largo, sin sostenerse de ningún lado. Da la sensación de que están volando”, ejemplificó.
Por supuesto, no hay magia ni piezas sostenidas por el aire. Detrás de la apariencia hay una estructura especialmente diseñada. “Tiene un tabique lateral de hormigón que lo sostiene”, aclaró.
El costo de semejante libertad formal es considerable. Oporto estima que en sus obras la estructura puede representar alrededor del 40% de la construcción, frente a un porcentaje cercano al 30% en edificios más convencionales.

Pero el arquitecto considera que esa inversión tiene sentido. “No resignamos el diseño”, afirmó. Y explicó que, finalmente, ese diferencial termina siendo parte del valor que el comprador percibe: “La gente lo elige”.
Para Oporto, el edificio Jenga es el más complejo de la saga. “Nos costó mucho más la estructura, nos costó mucho más el lenguaje”, admitió sobre la complejidad de los voladizos y la necesidad de combinar distintos materiales para construir la identidad visual de las piezas. “Su fachada tiene hormigón visto, ladrillo visto y superficies pintadas de blanco”, describió.
El objetivo no era solamente estético. La elección también responde a las condiciones ambientales de Puerto Madryn, con aire salino y fuerte exposición solar. Pero detrás de cada bloque hay una enorme cantidad de detalles, tanto en la estructura como en la mampostería.
“No es que resignamos estética por funcionalidad. Esto último no se puede resignar porque son edificios residenciales”, señaló. Y aclaró que ningún departamento tiene menos de 50 metros cuadrados. “La razón es sencilla. Consideramos que con un metrito más que le das a cada espacio hacés que la persona viva dignamente”, agregó.

La aceptación de la llamada arquitectura lúdica también tuvo su propia evolución. “Actualmente, hay una pareja de adultos mayores de más de 75 años viviendo en uno de los departamentos del último piso de Qube, justamente donde uno de los dormitorios parece quedar suspendido en el aire”, indicó.
Y hay una historia todavía más llamativa: “Una mujer próxima a cumplir 100 años vive en otro departamento del edificio, mientras que su hija, de más de 70, eligió otra unidad en el mismo lugar para poder tenerla cerca”.
La anécdota resume, para él, el camino recorrido por la arquitectura lúdica: aquello que inicialmente parecía extraño terminó siendo simplemente un lugar para vivir.
El próximo desafío: un Dominó
La saga no termina con el Jenga. El próximo proyecto se llama Dominó y ya está definido. Será nuevamente un edificio de oficinas en pleno centro de Puerto Madryn, en un terreno particularmente singular: una pequeña manzana rodeada de calles, sin medianeras. “Es un terreno atípico, por eso lo elegimos”, explicó Oporto.
La idea es llevar el concepto del juego todavía más literalmente. El proyecto tendrá un gran basamento comercial compuesto por enormes fichas de dominó. “Esas piezas conformarán espacios, terrazas y una plaza seca. Sobre esa base aparecerá una torre de oficinas alrededor de un núcleo central. Va a ser un gran basamento de locales que van a ser formados por piezas de dominó gigantes y literales”, anticipó.
Incluso, adelantó, quiere reproducir los números característicos de las fichas: “Vamos a intentar que eso suceda”. Pero otra vez aparece la tensión entre imaginación y estructura. “Lo formal, lo funcional lo tenemos. Vamos puliendo con el calculista a ver hasta dónde nos deja, porque la idea es que esas piezas queden volando”, añadió.

El lanzamiento del proyecto está previsto para los próximos meses y el inicio de la construcción, para abril o mayo del 2027.
Lo que se viene en un futuro no muy lejano
Para Oporto, cada edificio no es solamente un proyecto aislado. Es un paso más en un proceso creativo. “Si tuviera que elegir en cuál de los tres edificios existentes elegiría para vivir, optaría por el Jenga”, admitió.
“Uno va puliendo y mejorando cosas como arquitecto. En el Jenga incorporamos elementos que enriquecieron todavía más la experiencia de habitar”, enfatizó.
Consultado acerca de qué juego le gustaría transformar en edificio sin restricciones económicas ni técnicas, la respuesta ya existe. “Un rompecabezas”, dijo sin dudar.
“El Puzzle sería otro desafío. Pero primero necesitamos encontrar un terreno que permita que las piezas se luzcan desde todos los ángulos. No tiene que ser un terreno más grande necesariamente, sino que no esté entre medianeras para que se pueda lucir”, explicó.

Más allá de los desafíos estructurales, los costos adicionales y las horas de diseño, Mauricio Oporto entiende que cada edificio de esta saga representa algo más que una obra inmobiliaria. Son proyectos que buscan romper con la idea de que la arquitectura debe ser necesariamente previsible y demostrar que la creatividad también puede mejorar la forma de habitar una ciudad.
En una época donde muchas construcciones tienden a repetirse, sus edificios inspirados en juegos proponen una mirada diferente: convertir el espacio urbano en una experiencia capaz de sorprender, emocionar y generar identidad.
“Hacer hablar a la morfología significa diseñar con tal precisión que los llenos, los vacíos, las alturas y las perspectivas sean tan interesantes por sí mismos que cualquier adorno extra resulte redundante. El espacio se convierte en un escenario libre, y el ciudadano pasa de ser un simple espectador a ser el protagonista del juego arquitectónico”, concluyó el arquitecto que se convirtió en un pionero de Argentina.
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