El ardor en los ojos, dolor de cabeza y mareos eran síntomas habituales cuando los alumnos de escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe quedaban expuestos a las fumigaciones con agroquímicos. Sin embargo, un día Ramiro Lezcano irrumpió en el silencio del campo con su guitarra y encendió la voz de los chicos que usaron la música para dar a conocer las problemáticas a las que se enfrentaban. Laureano Villalba, uno de los alumnos que formó parte del proyecto artístico-pedagógico Canciones Urgentes para mi Tierra, recuerda cómo fue la llegada del maestro que les enseñó a escribir canciones, la emoción de contar con el apoyo de artistas como León Giego y el documental que ya recibió más de veinte premios a nivel internacional.
Las escuelas rurales se ubican en localidades con menos de dos mil habitantes, y las de nivel primario suelen tener la modalidad de plurigrado. Es decir, un mismo docente que trabaja con chicos de distintos años en el mismo aula. Cada día, Laureano recorría cerca de dos kilómetros y medio para llegar a la escuela Fernando III López Vinuesa, ubicada en la localidad de Justiniano Posse (Córdoba). La rutina, cuenta, era sencilla: “Las clases antes que venga Ramiro eran normales. Trabajamos con las materias que teníamos en primario. A veces salíamos a los recreos, tomábamos nuestra chocolatada y entrábamos. Si era invierno, entrábamos a la tarde; si era verano, en la mañana”.
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La escuela, enclavada en el campo, tenía su propio pulso, marcado por los ciclos agrícolas y las condiciones climáticas. Laureano recuerda que, “a veces no íbamos a clase porque iban a pasar a fumigar” pero cuando no sabían de dicha situación, quedaban frente a un aire que los hacía sentir distintos síntomas.
Si bien Laureano ya egresó de la escuela primaria, el proyecto marcó su vida. “Me gustaba cuando llegaba Ramiro. Él nos preguntaba, hacíamos juegos, nos cantaba las canciones que él tenía o las que nos quería cantar con la guitarra. Eran lindas las clases”, dice Laureano, evocando una época en la que la llegada del maestro de música rompía la monotonía y abría un espacio para la creatividad y la expresión.
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“Yo nunca pensé que iba a terminar tocando música, o haciendo canciones”, admite Laureano. Y es que el aula se transformaba cuando aparecían los acordes. De hecho, fue en ese clima lúdico donde surgió la frase que haría historia en el proyecto: “Carancho de metal”.
El video presenta fragmentos de la película 'Una canción para mi tierra'
“Cuando no avisaban que iban a pasar a fumigar, a veces nos teníamos que ir adentro porque el olor nos afectaba la garganta, nos hacía doler la cabeza, a veces náuseas o vómito en un caso extremo”, recordó Laureano, quien junto a sus compañeros no dudaron cuando Ramiro les propuso: “¿Qué les parece si escribimos canciones y hacemos un gran concierto acá en el campo?”.
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Así, guiados por el maestro y con una lluvia de ideas, empezaron a crear canciones para dar a conocer los problemas ambientales. “Asociamos un avión fumigador con un ave mala y nos pusimos a pensar. Tirábamos ideas, las anotamos en el pizarrón y en un principio habíamos dicho paloma pero no era tan mala así que pensamos en un ave carroñera. Y a mí se me ocurrió ‘carancho’”, recuerda Laureano quien junto a sus compañeros transformaron una problemática en una obra colectiva que hoy puede verse en el documental Canción urgente para mi tierra.
Para Mauricio Albornoz Iniesta, director del documental, y Sebastián Carreras, productor ejecutivo de Cactus Cine; el encuentro con Ramiro Lezcano y sus alumnos fue un punto de inflexión. “Fuimos a ver las clases de él, nos quedamos totalmente fascinados”, expresó Carreras quien al ver el trabajo del maestro rural descubrió una metodología diferente de enseñanza. “En lugar de ser el adulto hacia el chico, es el chico hacia el adulto”, indicó.
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Si bien el proyecto de filmación inició en 2019, la pandemia frenó el desarrollo. Pero durante dos años, ambos visitaron la escuela y registraron el proceso de aprendizaje que culminó en 2023 con un evento denominado Woodstock ambiental, donde alumnos de distintas escuelas rurales cantaron frente a más de diez mil personas en San Marcos Sud y contaron con la colaboración de León Gieco, Lito Viale y Chizzo Napoli, entre otros.

Para el director del documental, las clases de Ramiro son “hipnotizantes” y eso permitió que los chicos abordaran las problemáticas desde su punto de vista. En ese sentido, remarcó que “la idea siempre fue visibilizar la temática de un problema real pero desde los chicos. Por eso, la película trata de salirse de cualquier tipo de señalización”.
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La música se convirtió en un puente entre generaciones y en un motivo de orgullo para la escuela rural. Laureano recuerda el Woodstock ambiental como un “concierto muy bueno, me encantó. Era muy grande, había mucha gente. Yo no pensaba que iba a llegar tanta gente a escucharnos. Y cantar al lado de un artista como León me impactó. Fue muy bueno”, expresó.
Y es que aquella angustia por la salud de los estudiantes se transformó en canciones que permitieron cambiar parte de la realidad. “Nuestra situación ambiental ahora es tranquila, sigue siendo lo mismo, pero ahora se tomó la prevención de avisar a la escuela con anticipación”, destacó Laureano tras el impacto que generó la actividad sociocultural que desarrollaron.
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Pese a algunas resistencias, al interior de la comunidad “terminaron comprendiendo desde dónde venía el mensaje. No era confrontativo, no era de ataque, no era de señalar, sino era de dialogar, de hacer visible una problemática y poder dialogar con respeto, con amor, con canciones hechas por chicos”, destacó Albornoz Iniesta.
De ese modo, lejos de una visión paternalista sobre la educación rural, “no queríamos mostrar la carencia, sino la potencia. La música era solo el punto de partida para narrar cómo estos chicos reinventan la escuela”, explicó Carreras.
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El proyecto cuenta con tres discos y más de 500 artistas que participaron de modo solidario. Rubén Blades, Pablo Milanés, Juan Carlos Baglietto, Abel Pintos, Fabiana Cantilo y Pedro Aznar son algunos de los artistas que interpretaron canciones escritas por los chicos de escuelas rurales. Aún sin poder dimensionar el impacto que causaron, Laureano remarcó: “No pensé que se iban a unir muchos artistas, fueron demasiados los que nos han apoyado”.
“A mi familia o vecinos cuando escucharon la música, les encantó. Mi mamá cuando fuimos a presentar la película, escuchó la música y fue impresionante, porque la música explicaba sobre el problema de la fumigación, esas cosas, y decían que teníamos la verdad, que había que tener más cuidado. Quedaron impactados”, resaltó Laureano quien expresó su deseo de que “se sumen muchos más artistas y se haga por el mundo”.
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Video de la película "Una Canción para Mi Tierra" donde Chizzo Nápoli graba un fragmento de la canción "Carancho de metal"
Por eso, Laureano remarcó que “los niños nunca bajen lo brazos, sigan soñando y cuidando el medioambiente y diciendo las problemáticas que hay”. Sobre su futuro, planteó: “Me gusta la música. Hoy toco guitarra, me gusta bastante y si algún día puedo componer música, me gustaría”.
Durante los últimos tres años, los responsables del documental también iniciaron talleres de cine y ya “hicieron un corto de ficción que se llama La escuela en corto, el segundo fue un documental y este tercer año es animación”, detalló Carreras. En cada propuesta, los niños manifestaron distintas problemáticas y no solo aquellas vinculadas con el medioambiente.
De Córdoba al Amazona
El proyecto, que fue creciendo con nuevos talleres y cortos, hoy es una usina de creatividad: “Todo se llama Canciones urgentes para mi tierra, que tiene música, tiene películas, tiene talleres de cine, y si a alguno se le ocurre una idea para incorporar, la incorporamos. Que se sume. Esa es la idea, que sea una especie de usina de arte, de creación, de elaboración de temas que nos preocupan, temas que nos divierten y que nos juntemos”, resume el director.
Ese proyecto que nació “en el interior del interior” como expresa Ramiro Lezcano, captó la atención de Héctor Buitrago, integrante de Aterciopelados, quien propuso a Ramiro crear en el corazón de la selva.
Carreras destacó la predisposición de Buitrago quien les dijo: “tenemos que hacer un concierto acá, tenemos que hacerlo en el Amazonas con el problema de la deforestación del Amazonas”. De manera que el proyecto que inició en la zona rural de Córdoba y Santa Fe ahora se proyecta con un recorrido por comunidades indígenas de Colombia, Brasil y Perú, donde niños y niñas componen una canción colectiva por la selva.
El proceso se espera que culmine con un concierto en la denominada triple frontera. En ese escenario, consolidar la música como un puente entre culturas, herramienta de resistencia y símbolo de esperanza para quienes defienden la selva.
El documental ya recibió más de veinte premios; entre ellos Mejor película ambiental del año, por la Green Film Network en Emiratos Árabes Unidos, el Premio del Público y una Mención Especial del jurado en el Festival de Biarritz Cinema et Cultures d´Amérique Latine, en Francia, y la categoría de Mejor Película en la Competencia de Graduados del Festival Internacional de Cine de la UBA.
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