
Promedia mayo y el frío no perdona. En la Ciudad de Buenos Aires viven miles de personas en situación de calle: según los datos oficiales, son unas 1.613. Pero los últimos informes, de septiembre de 2025, obtenidos por el censo popular en la Ciudad de Buenos Aires —realizado por las organizaciones sociales, en colaboración con numerosos voluntarios y ONG—, eran 11.892 las personas sin techo. En ese contexto, la ayuda y la empatía de los propios ciudadanos y vecinos porteños juegan un rol fundamental. También lo hacen los distintos proyectos solidarios, entre ellos, Plato Caliente.
Convocados por la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), estudiantes y graduados de la UBA se organizan cada semana en el Bar Saludable de Nutrición de la Facultad de Medicina, en Marcelo T. de Alvear 2230. Allí, voluntarios de la carrera de Nutrición elaboran platos que cumplen con los valores nutricionales necesarios, y aproximadamente 20 voluntarios de distintas carreras reparten más de 200 viandas por edición en las zonas aledañas a Plaza Houssay, donde la vulnerabilidad es extrema por el frío y la falta de techo.
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Plato Caliente surgió durante la pandemia —en junio de 2020— como parte del programa “UBA en Acción” y, en seis años, repartió más de 60.000 platos calientes, con la colaboración de más de 15.000 voluntarios y 7.500 cocineros, consolidándose como una expresión del compromiso social universitario frente a la emergencia habitacional. “Cada salida es diferente. A veces encontramos familias y ciudadanos recurrentes; a veces son nuevos los rostros. Nosotros, como voluntarios, tenemos diferentes circuitos para tratar de cubrir la mayor cantidad de cuadras posibles”, cuenta Priscila Vitale, presidenta de FUBA.

La solidaridad ante todo
La solidaridad es la premisa que mueve a cada uno de los voluntarios y voluntarias que los jueves, cada quince días, se reúnen a poner su tiempo y ganas de ayudar.
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“El voluntariado de Plato Caliente nace en el momento más crudo de la pandemia, cuando mucha gente en situación de calle necesitaba de una gran ayuda; y en la UBA nunca podemos quedarnos con los brazos cruzados”, revive Priscila que además de presidir la Federación, es integrante del proyecto desde sus inicios. Según explica, el trabajo se sostiene gracias al compromiso conjunto de estudiantes, graduados y voluntarios de distintas facultades, especialmente de la carrera de Nutrición.
Los jueves, las viandas se preparan en el espacio de Nutrición con alimentos obtenidos a través de donaciones que llegan tanto al patio de la facultad como al local de la FUBA. “Las viandas se preparan siempre en base a cantidad de nutrientes, proteínas y alimentos acordes a lo que tiene que tener una comida”, explica Priscila. El objetivo es que cada plato aporte el valor nutricional necesario y llegue caliente a quienes lo reciben.
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La planificación del menú también forma parte del trabajo cotidiano del voluntariado. Yamila, encargada de la organización, explica que las comidas se diseñan para poder cocinar grandes cantidades sin perder calidad alimentaria. “El menú se define para que sea un menú de ollas que sea rendidor y permita hacer mucha cantidad. Un menú completo con proteínas, carbohidratos, cereales integrales y legumbres”, detalla.
Una vez terminadas las viandas, los grupos salen en recorridas organizadas por distintos circuitos alrededor de la Facultad de Medicina y Plaza Houssay. “Cada salida es diferente. A veces encontramos familias y ciudadanos recurrentes; a veces son nuevos los rostros”, agrega Priscila. Según cuenta, los recorridos buscan cubrir la mayor cantidad posible de cuadras y adaptarse a una realidad social que cambia semana a semana.
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El crecimiento de personas que viven en la calle se convirtió en una de las principales preocupaciones de quienes participan del voluntariado. Las organizaciones sociales que trabajan con esta problemática cuestionan las cifras difundidas por el Gobierno nacional este año y sostienen que existe un fuerte subregistro de personas sin techo. También advierten que muchos relevamientos oficiales excluyen jurisdicciones clave, como la provincia de Buenos Aires, lo que reduce significativamente el alcance de los datos: el Gobierno relevó 9.400 personas en situación de calle en 19 provincias dejando afuera el distrito bonaerense.

Estar presente
La situación económica también impacta de forma directa en este escenario. Según cifras oficiales del INDEC, hacia fines de 2025 la desocupación alcanzó el 7,5 por ciento, superando el millón de personas sin empleo y marcando un aumento sostenido en los últimos dos años. A eso se suma el crecimiento de la informalidad laboral y la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo registrados desde 2023, especialmente en sectores como la industria, la construcción y el trabajo en casas particulares.
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En paralelo, especialistas en economía cuestionan que los indicadores de pobreza medidos únicamente por ingresos no logran reflejar completamente el deterioro de las condiciones de vida ni la precarización creciente del mercado laboral. En ese contexto, acciones como las de Plato Caliente se consolidan como una de las principales redes de contención para quienes atraviesan situaciones extremas.
Para muchos de los voluntarios, el trabajo excede la entrega de comida. Rodrigo Moyano, licenciado en Ciencias Políticas, docente del CBC y estudiante de Trabajo Social, participa del proyecto desde 2022. Para él, la experiencia representa una manera concreta de devolverle a la sociedad lo que la universidad pública brinda todos los días.
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“Plato Caliente no es solamente entregar una vianda, sino acercarse a las personas, preguntar qué tal su día, preguntar su nombre, cómo están”, admite el impacto de esa acción en él. En ese vínculo cotidiano también aparece una fuerte dimensión humana: la conciencia de las desigualdades y de las condiciones en las que viven quienes pasan las noches en la calle, especialmente durante el invierno.

Para Lucas Lauría, estudiante de cuarto año de Psicología que comenzó a participar este año después de ser invitado por compañeros de Nutrición, la experiencia es movilizante. “Me gustó mucho estar en la calle buscando gente que necesitara alimentarse o un plato caliente, ya que en estos días de frío la gente lo necesita especialmente”, cuenta.
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También destaca el clima colectivo previo a cada salida y la importancia de construir compromiso social desde la universidad pública. “Estar en la facultad no solamente nos forma como profesionales, sino como personas que vivimos en esta sociedad”, afirma sobre el rol humano, especialmente frente al conflicto por la falta de presupuesto.
En un contexto atravesado por el aumento de la pobreza, la precarización laboral y el crecimiento de personas sin techo, cada dos jueves Plato Caliente vuelve a poner en marcha la misma rutina: cocinar, organizar las recorridas y salir a repartir comida caliente. Una tarea sostenida por estudiantes y voluntarios que, frente a una realidad cada vez más compleja, buscan que nadie quede completamente solo.
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Los recorridos tienen tres rutas: el circuito 1 sale por la calle Paraguay Uriburu, de allí llegan hasta Avenida Corrientes y caminan hasta Callao. Luego de allí siguen hasta Avenida Córdoba, desde donde regresan hasta Uriburu.
El circuito 2 inicia su recorrida por Marcelo T. de Alvear hasta Callao y Corrientes. De allí regresa por la plaza Rodríguez Peña. El circuito 3 sale por Azcuénaga hasta Córdoba y de ahí sigue hasta Pueyrredón, desde donde continúan hasta Once.
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